Cristina anunció un proyecto de ley que modificará la Carta Orgánica del Banco Central para darle la opción de usar todas las reservas para pagar deuda. Los Bancos respiraron aliviados: si bien se les podrá direccionar los créditos, no habrá una ley de entidades financieras que los limite al máximo.
El plato fuerte del discurso de Cristina Kirchner ante la Asamblea Legislativa no fue la nacionalización o intervención de YPF como se preveía, sino el anuncio de un proyecto de ley para sumarle atribuciones al Banco Central, que amplia la facultad del gobierno para disponer de las reservas para pagar deuda, eliminando el último vestigio d ela ley de Convertibilidad que obligaba a resguardar el monto necesario para respaldar el circulante.
Si prospera el proyecto del Gobierno que hoy mismo ingresó al Congreso, ahora será el directorio del Banco Central definirá las reservas necesarias para “el normal funcionamiento del mercado cambiario, tomando en consideración la evolución de las cuentas externas”.
Para lograrlo la iniciativa solicita derogar lo que queda de la ley de convertibilidad. Como adelantó LPO, en noviembre pasado, el propio organismo se quedó sin reservas de libre disponibilidad, con una diferencia de 1900 millones de dólares entre las reservas y el circulante en pesos.
De hecho, especialistas calculan que aún asumiendo que el gobierno se financie al límite con fondos intra sector público que obtenga de la Anses y otros organismos, igual necesitará este año entre 6.000 y 7.000 millones de dólares para pagar vencimientos de la deuda externa. De manera que la única salida que le quedaba -ya que al parecer ha decidido no tomar nueva deuda en los mercados internacionales-, era eliminar la barrera de las reservas de libre disponibilidad, para sacar del Central los fondos que necesita.
En el organismo monetario celebraron el anuncio de la Presidenta y sostuvieron que al librarse de ese cepo “se pasa del objetivo único de preservar el valor de la moneda, a un triple mandato”, ya se incorpora como propósito la estabilidad financiera y el desarrollo económico con equidad social.
Y subrayaron que ante la crisis global y la necesidad de inyectar dinero en la economía, países como Estados Unidos, Inglaterra, Uruguay, Rusia, México y el propio Banco Central Europeo, ya recorrieron un camino similar.
Es que en el Gobierno estiman que en el segundo semestre la crisis global golperaá fuerte, acentuando la caída de la actividad económica que ya se puede observar. Y para enfrentar ese momento con políticas activas como hizo en la crisis del 2008, la Presidenta necesita fondos que hoy a diferencia de entonces no existen. Esto también explica la necesidad de poder contar con las reservas del Central para socorrer empresas o subsidiar trabajadores que eventualmente pierdan el empleo.
Se trata de una visión más afín al desarrollismo que profesa la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, que desde que asumió el cargo, dejó en claro que de nada servía acumular reservas indefinidamente sino se podía utilizar ese poder de fuego para potenciar la economía real, generando crecimiento y empleo.
En el Central se cuidaron además de presentar la decisión como un «regreso» a la histórica función del Banco Central, que según esta visión, fue desvirtuada por la experiencia neoliberal de los 90 que en 1992 modificó la Carta Organica para divorciar al organismo de la economía real, reduciendoló al más duro monetarismo.
El proyecto también abandona explícitamente el sistema de «metas de inflación», que reiteradamente suele criticar la Presidenta, como hizo al asumir su sengundo mandato ante la brasileña Dilma Rouseff, cuyo Banco Central sigue ese sietema que aquí intentó aplicar Alfonso Prat Gay.
Alivio en los bancos
El proyecto que incluye una ampliación de las facultades de supervisión del Central sobre los bancos, no constituyó sin embargo una mala noticia para el sector, que temía que la Presidenta anunciara la decisión de aprobar una nueva ley de entidades financieras.
Ahora, si bien los bancos privados tendrán una mayor regulación que tratará de direccionar por distintos mecanismos -encajes diferenciados, eventual regulación de tasas, comisionesy plazos- respiraron cuando la propia Presidenta pidió ante el pleno del Congreso, desechar los proyectos para tener una ley de entidades financieras.
Fue una hábil jugada de Cristina que desde fines del año pasado dejó correr el rumor de un interé ssuyo por aprobar esa ley y finalmente al presentar este proyecto más moderado, logro el milagro que los banqueros casi aplaudieran una norma que les aumenta la regulación.
Es que uno de los proyectos de Ley de Entidades Financieras que el Gobierno había dejado trascender que podía hacer suyo, es el presentado hace menos de dos años –sigue vigente- por Carlos Heller, presidente de la Comisión de Finanzas y referente porteño del kirchnerismo.
Esta norma le pone controles severos a los Bancos, como límites a las tasas de interés, la obligación de orientar una porción de depósitos a las Pymes y la denominación de su actividad como “servicio público”, categoría que liberaba las manos del gobierno para regular la actividad hasta límites hoy impensables.
En el proyecto presentado hoy se prefirió potenciar el rol de la Superintendencia de Entidades Financieras y Cambiarias integrando más estrechamente la regulación del sector con la política monetaria, una direcciçon que según subrayó el propio Central en un comunicado, tomó Inglaterra luego de la crisis del 2008.
La mención a Inglaterra no es casual, ya que en todo momento se buscó señalar que se trata de reformas que toman países pro mercado, como también hicieron en la región, Brasil, México y Perú.
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