El ex presidente enfrenta un problema de difícil solución: necesita definir este año la pelea con Clarín. Frente a esa exigencia extrema, los factores de poder le aplican una silenciosa cronoterapia. La justicia, los empresarios y buena parte de la estructura del peronismo arrastran los pies ante las presiones de Kirchner, que sabe que el tiempo juega en su contra.
Cualquier ciudadano de a pie, vivió la experiencia: cuando la ambición o la necesidad multiplica las exigencias, el cuerpo tarde o temprano pasa la factura. Y suele hacerlo en los momentos más inoportunos. Aventurar diagnósticos clínicos o peor aún, zambullirse en el sicoanálisis “a la carte” de los comportamientos políticos es un juego riesgo, cuando se ejerce el simple periodismo.
Mucho se especuló en estos días sobre las razones políticas y humanas que llevaron a Kirchner a su nuevo episodio coronario. Y es lógica la inquietud ya que se trata en definitiva del hombre que gobierna el país. El diputado Héctor Recalde, casi como un abuelo bueno, fue quien mejor lo aconsejó desde el sentido común: “Le recomiendo a Néstor que baje un cambio”.
Y acaso sin darse cuenta disparó al corazón del problema político que aqueja al oficialismo. Detrás de la aceleración de las conductas, campea la velocidad de vértigo, que el propio Kirchner le imprimió a su estrategia. La pelea a matar o morir que dispuso librar con Clarín, se pierde con cada día que pasa sin definirse.
El análisis correcto del impacto del factor tiempo en las propias fuerzas es acaso la tarea más delicada que debe enfrentar un líder. Le pasó a Napoleón cuando cayó derrotado, mucho antes de Waterloo, ante el famoso “general invierno” que deshizo su ejército en las estepas rusas. Se embarcó en una pelea demasiado larga y áspera, sin medir bien la resistencia de sus tropas.
Y como las desgracias nunca vienen solas, suele ocurrir que en el momento de mayor debilidad se empieza a reconocer el otro error fatal en el que suelen caer los espíritus combativos: la pasión por multiplicar los frentes de batalla. Y de nuevo la inevitable Rusia, los famosos dos frentes que liquidaron al ejército nazi.
Kirchner es acaso el dirigente del oficialismo que con mayor agudeza está percibiendo los primeros nubarrones de lo que se insinúa como una tormenta perfecta. En el peronismo se están multiplicando los espacios “neutrales”, es decir dirigentes que estaban encolumnados con el oficialismo, que no rompen, pero manifiestan su autonomía.
El caso más serio por su columna electoral es el de los ocho intendentes del Conurbano, que tienen a Sergio Massa como potencial candidato a gobernador. Pero también los transversales liderados por Francisco “Barba” Gutiérrez que ya avisaron su disposición a pelear la “interna”. O el propio peronismo cordobés, que tiene a José Manuel de la Sota encerrado en un mutismo sugerente.
La lectura es simple, se trata de actores políticos que están enviando un mensaje muy concreto: “el año que viene cuando se definan las candidaturas, veremos donde jugamos”. Puede ser con Kirchner, pero también puede ser que no. Y los gestos de diferenciación de Daniel Scioli van en ese sentido. Es un movimiento previsible.
El liderazgo de Kirchner está discutido, su arrastre en la sociedad cuestionado. Si el año que viene mide y ofrece buenas chances de éxito, lo van a acompañar. Si esto no ocurre, es muy posible que los dirigentes mejor ponderados, busquen otros destinos y dejen al ex presidente la cáscara vacía de un PJ con pocos votos. En criollo, los «van llevando» hasta que sea el momento de definirse ¿Para qué arriesgarse ahora a una pelea si además tienen que gobernar?
La política es la dinámica de lo impensado y así como se habla de Scioli Presidente-Massa Gobernador-Duhalde Senador, puras fantasías; tampoc hay que creer que los eventos futuros caminarán docilmente por los senderos que trazan desde la Quinta de Olivos. Más bien, lo sensato es esperar reconfiguraciones, rupturas y sorpresas, tanto en el oficialismo como en la oposición.
Falta mucho
De nuevo, el factor clave que vuelve relativos todos los análisis políticos es que falta mucho, una eternidad. Son meses de pisar la pelota, mostrarse lo necesario para que se sepa que hay ganas de jugar y sobre todo, evitar definiciones.
En el mientras tanto, Kirchner sufre el goteo cotidiano de su pelea con Clarín, los empresarios, la Iglesia, una parte del movimiento obrero, la oposición no peronista, el campo y los sucesivos adversarios que su ilimitada creatividad va amontonando. “Antes los que estaban en contra eran un edificio, ahora ya son un pueblo y van camino a convertirse en ciudad”, graficó un inteligente operador oficialista.
Por eso, Kirchner acelera los tiempos, le exige a Scioli definiciones que no puede ni quiere dar, presiona a la Corte para que salgan los fallos contra Clarín y multiplica su armado político, casi como si les elecciones fueran en tres meses. Pero falta un año.
Frente a esto, Clarín oscila entre la cronoterapia y el terror, y como un espejo de Kirchner, a veces también fuerza los tiempos, embarcando a sectores de la oposición en peleas apresuradas, que casi siempre terminan en derrota o empantanadas.
Las forzadas articulaciones de dirigentes en torno a una agenda muy lejana de las prioridades de la gente, como ser Papel Prensa, Fibertel o el cambio de lugar de los canales de televisión, deslucen a la oposición y subrayan de manera innecesaria su debilidad actual. Esto es, la incapacidad de consensuar un programa propio y definir de manera autónoma sus liderazgos. Para eso hace falta tiempo y política.
La oposición no es un desastre
Ya es un lugar común castigar a la oposición, que a veces da motivos. Pero hay que mirar de cerca de los radicales, a los que se les puede cuestionar su capacidad de gobierno, pero no su experiencia política. En el interior de esa fuerza se está dando un debate interesante.
Los más astutos entienden que no es el seguidismo a la agenda de Clarín el mejor camino para enfrentar a Kirchner. Para graficar, menos indignación y escándalo al estilo Silvana Giudice y más política tradicional. Como la alianza que tejieron para unir a los abogados radicales y los de centro derecha, que les permitió recuperar un lugar clave en el Consejo de la Magistratura. Fue una movida con poca prensa, pero de gran proyección estratégica.
Ahora acaban de sumar otros tres lugares, con la lista que encabeza por el camarista Ricardo Recondo, quien no casualmente fue subsecretario de Justicia de Ricardo Alfonsín. Controlar el organismo que designa y juzga a los jueces es política en serio. No hace falta abundar en lo inquietante que esa pelea puede ser para los Kirchner.
Mientras Kirchner humillaba a Scioli y ponía en crisis el corazón de su dispositivo electoral, Cobos y Alfonsín se abrazaban en Tucumán y los presidenciables del peronismo opositor se mostraban unidos en el hotel NH City. Ellos hoy están un paso atrás: no tienen candidato.
Eduardo Duhalde sigue siendo el que mejor lee la política, pero tiene un problema de imagen serio. Problema del que Clarín ya tomó debida nota, en lo que acaso señala una diferencia importante en el tandem que hace con Techint, que sigue pensando en la fórmula Duhalde-Lavagna, si se trata de apostar por el lado del peronismo. Pero de nuevo, falta mucho.
Es tan errado vaticinar la derrota de Kirchner, como anticipar que la oposición seguirá eternamente confundida. La historia reciente demuestra que posiblemente cuando se acerquen las elecciones, ya sea por méritos propios o por imposición de la sociedad, se va a condensar la oferta opositora.
Números
Artemio López es un militante convencido del kirchnerismo. Imposible imaginar que forme parte del alguna conspiración. Semanas atrás, publicó en su blog, una de las críticas más despiadadas al entusiasmo del dispositivo oficial. Didáctico, señaló que para evitar el ballotage, el kirchnerismo debe remontar 10 puntos de la elección del 2009.
Explicó que el corazón de esa hipótesis requiere triplicar los votos obtenidos en los que denominó “el trípode de la muerte”. Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, en los que el oficialismo sacó el 9 por ciento de promedio. Y eso, descontando una elección rondando los 40 puntos en la provincia de Buenos Aires. Si esto no ocurre, hay balottage. Nadie serio en el gobierno, piensa que el año que viene se ganará en primera vuelta.
En Santa Fe, el grueso del voto peronista está en manos del opositor Carlos Reuteman, quien posiblemente termine apoyando la candidatura de Jorge Obeid. En Córdoba, el peronismo aún con De la Sota está muy atrás del radicalismo y Luis Juez. Y hay que ver si De la Sota mantiene hasta octubre del año que viene su kirchnerismo clandestino. Y Capital Federal es para el oficialismo el desierto más inclemente ¿Qué pase de magia inventará Kirchner para triplicar sus votos en esos territorios hostiles?
Hoy cerca del 60 por ciento de la sociedad rechaza al oficialismo. Es difícil imaginar un escenario más favorable para la oposición. Esos son los números. Después esta la política. Pero así como Kirchner dio sobradas muestras de su talento para recuperar lo perdido, para sumar nuevos aliados, también se encarga de confirmar que la pelea con el campo no fue un mal sueño.
Esa pulsión por dinamitar la propia base electoral, la está reiterando con su hostigamiento a Scioli; y no es alocado preguntarse en cuantas mini 125 se embarcará de aquí a las elecciones.
Fuente: lapoliticaonline