Según datos del registro de chicos perdidos del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del gobierno porteño, más de mil jóvenes se fueron de sus casas en lo que va del año; alrededor de 30 continúan sin aparecer; ¿Existe el efecto contagio?
Los conflictos familiares entre los adolescentes y sus padres impulsan a algunos jóvenes a huir de sus casas. El último caso conocido fue el de Aylin, la chica de 14 años desaparecida en el barrio porteño de San Telmo, que fue encontrada el miércoles 13 de mayo «sana y salva», según informaron fuentes policiales.
La menor había sido vista por última vez el lunes 11 al mediodía cuando salió de su casa para ir al colegio Otto Karuse, sin embargo, nunca llegó. Esto desencadenó una intensa búsqueda que finalizó cuando la policía la encontró. Según trascendió, la joven habría confesado que no quería regresar con sus padres, aunque se desconocen los motivos.
Este caso se suma también al de Carlina, otra chica de 14 años que días atrás desapareció en Plaza Las Heras, Recoleta, y fue encontrada después en el barrio de Palermo. Una vez hallada, aseguró que no quería volver a su casa por tener conflictos con su familia.
Según una estadística del registro de chicos perdidos del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tres chicos y chicas se van de su casa por día y, en 2014, más de 1000 se escaparon de sus hogares en la Capital (a nivel nacional la cifra se eleva a 6000). El 70 % de ellos lo hizo voluntariamente y el 60 % tiene entre 15 y 17 años. El estudio revela, además, que todavía siguen sin aparecer 30 menores. Desde el registro de chicos perdidos indican en este informe que, en más del 95% de los casos, son localizados y permanecen extraviados entre uno y dos días.
Para Guadalupe Tagliaferri, presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del gobierno porteño, «la adolescencia es una etapa de muchos cambios, por lo que es muy común que los chicos no se sientan comprendidos por los adultos responsables de la crianza».
La doctora Andrea Abadi, psiquiatra y directora Médica del Departamento Infanto Juvenil del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), explicó a LA NACION: «Todos los jóvenes en algún momento de la adolescencia han tenido la fantasía de irse de su casa ante conflictos o enojos con los progenitores y, el sentir que todo lo pueden, también es parte de esa etapa. Sin embargo, últimamente observamos que algunos pasan al acto de irse con una facilidad que nos sorprende. Estas situaciones que han tomado estado público, seguramente forman parte de un contexto familiar particular».
LAS RAZONES
Según la especialista, para que estos hechos ocurran hay tres factores que se pueden combinar: la falta de diálogo entre padres e hijos; la baja tolerancia a la frustración que en algunos casos presentan los jóvenes que creen que las cosas deben ser de una manera sin admitir otra posibilidad; y los contextos conflictivos junto a la violencia o indiferencia que impera en muchas familias como respuesta a un contexto social que presiona fuertemente a los adultos.
En este sentido, Tagliaferri recomendó: «Es bueno tener siempre abiertos canales de diálogo con los hijos e hijas y establecer pactos consensuados con ellos en lugar de límites impuestos sin explicación. Eso ayuda a que se sientan contenidos y que no vean como única salida posible para la resolución de los conflictos con los padres el irse del hogar».
A veces, los chicos amenazan con que se irán, y los papás les responden, intentando controlar la situación, que no son lo suficientemente adultos como para hacerlo, y esto, sin querer, puede funcionar como un ‘empuje al escape'», dijo Abadi
Los problemas que llevan a un menor a tomar la decisión de abandonar su casa pueden evitarse ya que aparecen llamadas de atención. «Antes de que un chico decida irse, suele haber ciertas señales de alarma, discusiones banales que terminan en enojos descontrolados por parte de padres e hijos, conductas de aislamiento del joven, respuestas impulsivas de los menores, cambio del grupo de pares de referencia del adolescente, padres que por enojo o frustración cortan el diálogo y los hijos suben el desafío actuando con indiferencia», dijo Abadi. Y agregó: «A veces, los chicos amenazan con que se irán, y los papás les responden, intentando controlar la situación, que no son lo suficientemente adultos como para hacerlo, y esto, sin querer, puede funcionar como un empuje al escape».
La psiquiatra agregó que «otras veces, el joven por temor a castigos o suspensiones ante un fracaso escolar, define que es mejor huir», por eso explicó que es fundamental que los progenitores transmitan que más allá del enojo que puede producirles, por ejemplo, una baja nota, el afecto de ellos no está en discusión.
«Es fundamental mantener el diálogo abierto, poder tolerar que los hijos tienen ideas propias, que no siempre son iguales a las de sus padres, saber que los conflictos que no se hablan en una familia se actúan y que, a veces, en esta etapa de la vida, más que imponer ciertas pautas se debe llegar a acuerdos», agregó la directora médica del Departamento Infanto Juvenil de Ineco.
¿EXISTE EL EFECTO CONTAGIO?
En la adolescencia el efecto de conducta contagiosa es bastante frecuente, por eso el rol de los medios puede tornarse controversial. Aunque un alto porcentaje de los chicos se va de su casa por voluntad propia, Abadi opinó: «Los casos se dan dentro de un contexto social en el que es necesario estar alerta porque ha habido jóvenes que fueron tomados en contra de su voluntad por métodos delictivos, o que han desaparecido en situaciones trágicas, lo que lleva a la familia y al entorno a tomar cada una de estas situaciones de fuga como posibles desapariciones delictivas, hasta que se dilucidan y nos enteramos de que el menor se ha ido en forma voluntaria».
Entonces, se genera una situación controversial. «La difusión necesaria de la «desaparición de un adolescente o niño» para evitar que si está en peligro sea ubicado lo antes posible, puede despertar en aquellos que tienen una situación sensible o conflictiva la opción de fuga como una solución rápida. De todos modos, como en el inicio se desconoce si la desaparición es voluntaria o involuntaria, cuanto antes se alerte en ambos casos se tienen más chances de encontrarlo. Por lo tanto, debería seguirse difundiendo cada caso que no se encuentra desde el primer momento», opinó Abadi.
CÓMO AYUDAR
Cuando un niño, niña o adolescente falta de su casa se recomienda llamar de inmediato al 102, la línea telefónica de la ciudad de Buenos Aires, gratuita y disponible las 24 horas de los 365 días del año, que tiene como objetivo trabajar en la difusión e investigación de cada denuncia para la búsqueda de chicos cuyo paradero es desconocido por sus padres o responsables.
Cuando el menor es recuperado, hay dos aspectos que deben tenerse en cuenta, uno tiene que ver con chequear el estado de salud e integridad física del chico, descartar que no haya habido ninguna sustancia o haya padecido situación de abuso, y por otro cuando ocurre que un adolescente se va de su casa, es la familia la que debe recibir ayuda psicológica. «La fuga de un joven es la expresión de una conflictiva familiar, no solo un problema del hijo adolescente. Intentar solucionar esto abordando solo al chico, es mirar el problema por la mitad», concluyó la psiquiatra de Ineco.
Fuente: La Nación