Por: Silvia Mercado smercado@infobae.com
Tras haber pasado años cooptadas por el Gobierno, la mayoría de las encuestadoras buscan la credibilidad perdida. Massa, Scioli y Macri analizan los números para planificar sus estrategias de cara a las elecciones
Con la rusticidad que lo caracterizaba, Néstor Kirchner encontró la solución a la influencia que tenían los encuestadores en la formación de opinión pública: los compró a todos. O a casi todos, porque hubo quienes lograron sortear esa tentación. El sistema era sencillo. Les garantizó desde la Jefatura de Gabinete suculentos contratos con los que dar sustentabilidad a sus consultoras, a cambio de decir en los medios lo que a él le convenía, sin sutilezas.
Había conquistado el gobierno con el 22,24% y creía que lo urgía fortalecerse. Con esos encuestadores ganó tiempo, una conducta en la que se demostró experto. Instalaron la necesidad de un presidente fuerte y fueron acomodando la lectura de la realidad para facilitar el ascenso sin obstáculos de ese hombre del que poco se conocía, pero venía a realizar un «país normal».
No es que antes las consultoras no hayan sido contratadas por los gobiernos. Es obvio que tienen que tener clientes, públicos, políticos, privados. Sucede que fue la primera vez que las contrataciones fueron realizadas para manipular la opinión pública de forma descarnada, para mentir groseramente, como se hizo con el Indec. Aunque destruir la credibilidad del organismo oficial le costó a Kirchner bastantes años más y un esfuerzo considerable. Con las consultoras, obviamente, todo fue más sencillo. Pequeñas estructuras, pocos empleados.
Con el tiempo, nos enteramos que el país que proponía Kirchner no era tan normal, y los encuestadores comprados pasaron por distintas vicisitudes. Algunos siguen formando parte del sistema, otros fueron expulsados por no haber sido fieles intérpretes de lo que se esperaba de ellos, también hubo quienes consiguieron otras contrataciones con las que equilibrar su dependencia con el gobierno nacional. Como con los medios de comunicación, la clave para una mayor independencia de opinión es la multiplicidad de clientes.
Más allá de estos verdaderos años de plomo que se vivieron en la Argentina, aquí y en cualquier parte del mundo las consultoras de encuestas cargan con el escrutinio del público, que está acostumbrado a dudar, a poner en tela de juicio cualquier cosa que se dice por los medios. De eso se trata la democracia.
SCIOLI FIGURA PRIMERO EN LAS ENCUESTAS
El sociólogo Dominique Wolton escribió en los comienzos de los años 90 un ensayo clave para interpretar el rol de las encuestas: «Ya no hay política sin medios ni sondeos». Y postuló una especie de complementariedad natural entre estos actores, la acción para los políticos, la información para los medios, y el conocimiento del estado de opinión para los sondeos, una especie de juego político donde la prensa independiente y lo que expresan las encuestas actúan como moderadores del debate público.
Es decir, no hay democracia sin medios de comunicación independientes ni encuestadores independientes que expresan lo que la sociedad piensa, siente o cree a través de los sondeos. Políticos, periodistas y encuestadores participan de una discusión que hace posible a la democracia. Por eso es tan importante que mientras la domesticación de la opinión de parte del Estado pierde vigencia y la democracia recupera vigor, los consultores vuelvan en el 2015 a buscar la credibilidad perdida en los años kirchneristas, y que los justos no paguen por pecadores.
La socióloga Analía Del Franco (Analogías) está convencida de que «ese descreimiento en las encuestas es lógico si lo único que interesa es quién va primero y segundo», algo que el veteranoHugo Haime (Hugo Haime & Asociados) llama «la carrera de caballos, como si un año antes pudiera ser significativa una diferencia de uno o dos puntos arriba uno de otro». Mariel Fornoni(Managment & Fit), la más economista de los encuestadores, considera razonable que las encuestas empiecen a tener más relevancia en el debate. «Antes se medía la opinión pública por cantidad de afiliados, luego por asistentes a los actos, ahora queda esta técnica, una materia prima para saber qué es lo que piensa la gente». Para el joven Juan Germano (Isonomías) «los números en sí mismos dicen poco, lo que hay que entender es lo que quieren decir».
Haime considera que «la gente tiende a creer las encuestas que dan ganador al candidato que va a votar y a descreer de todas las demás». Fornoni piensa que «la manipulación es posible, pero tiene límites, porque cuando la gente no quiere votar a alguien, no quiere y chau. Fijate lo que pasó con las candidaturas testimoniales en el 2009. Nunca hubo tanta manipulación, sin embargo, el oficialismo perdió». Germano asegura que «lo cualitativo no le interesa a nadie, y es lo más útil como herramienta electoral». Del Franco considera razonable que «los candidatos no quieran que se conozcan números que los dan perdedores, es su derecho como clientes, y por eso los consultores muchas veces quedamos pegados, pero eso no quiere decir que manipulamos».
Lo concreto es que este año se volverá a votar a Presidente, y las expectativas en torno al estado de la opinión pública, a lo que dicen las encuestas, se vuelve perentoria entre los interesados por la política. Fuera de los números, los expertos consultados coinciden en algunas cuestiones:
MACRI TIENE POSICIONAMIENTOS IMPORTANTES EN DISTRITOS DONDE CARECE DE REFERENTES POLÍTICOS
– Mauricio Macri, Sergio Massa y Daniel Scioli son los que tienen condiciones para llegar a la Presidencia, miden muy bien los tres y tienen el cien por ciento del conocimiento.
– Macri es el fenómeno político de la segunda mitad del año. No sólo porque alcanzó en el 2014, y mantiene, un 70% de imagen positiva en la Ciudad de Buenos Aires, sino porque logra posicionamientos importantes en distritos donde carece de referentes políticos, como es el caso de la provincia de Río Negro o la ciudad de Mar del Plata, donde está empatado en preferencias electorales con Scioli. Obviamente, la ausencia de un candidato competitivo de UNEN tracciona esos potenciales votos hacia el líder del PRO.
– Por el contrario, Massa quedó con una candidatura invisibilizada. Casi todas las encuestas lo dan cayendo en las preferencias electorales, y con un posicionamiento poco comprensible para el electorado, como si hubiera quedado «en el medio» de un candidato opositor, Macri, y otro oficialista, Scioli. Frente a ellos, Massa muestra dificultades en mostrar las ventajas de esa posición intermedia que tantos resultados le dio en el 2013, cuando ganó en forma contundente.
– Scioli exhibe un liderazgo estable y sólido. Cosecha el respaldo de todos los peronismos del interior, que ven en su candidatura una tranquila transición del kirchnerismo hacia un futuro gobierno peronista más tolerante y menos agresivo. En las encuestas está primero, aunque en general se duda de su capacidad de crecer por encima del kirchnerismo, que hoy es minoría en la opinión pública (70 a 30, según Fornoni).
Pero todo esto recién empieza. Así como la titular de Managment & Fit reconoce las dificultades de Scioli para subir su techo, también cuenta un dato interesante. Dice que durante años, su consultora no hizo «focus group» (estudios cualitativos de opinión realizados en grupos de 6 a 12 personas, que debaten sobre los temas que propone un coordinador) donde se mezclaran kirchneristas y antikirchneristas, porque se producían situaciones en extremo violentas, que hasta terminaron a las trompadas. Sin embargo, en el último trimestre volvió a mezclarlos, porque percibió que no existía ya ese riesgo. Lo curioso es que el más kirchnerista del grupo y la más antikirchnerista, dos personas que venían siendo analizadas en la consultora desde hacía años, expresaron su intención de votar por Scioli, que evidentemente no es un kirchnerista puro, pero es el único candidato competitivo que el kirchnerismo tiene a 8 meses de las PASO, que se realizarán el 9 de agosto.
¿Eso quiere decir que Scioli tiene posibilidades de sacar más del 40 por ciento de los votos y así ganar en primera vuelta, como pretenden los oficialistas?
«No lo veo posible» –dice Germano– «por una razón simple. Las PASO funcionarán como primera vuelta, pero no son la primera vuelta. Es decir, el electorado que no quiere que gane el oficialismo, se volcará en la primera vuelta votando al opositor que salió mejor posicionado en las PASO. Y es probable que no haya segunda vuelta, pero no porque gane el oficialismo, sino porque gane en primera vuelta un candidato opositor, el que sacó más votos en las PASO».
MASSA QUEDÓ CON UNA CANDIDATURA INVISIBILIZADA
Parece un intríngulis, pero es claro. La única alternativa que tendría Scioli de ganar es captar voto opositor, romper su imagen de candidato oficialista, sin perder votos kirchneristas. A eso está firmemente dedicado. También necesita polarizar con Macri, que todo el voto antiperonista se vaya con el líder del PRO y que todo el peronismo, oficialista y opositor, se quede con él. No es delirante que algo así suceda, aunque tampoco es fácil.
En el sciolismo confían en que puede suceder aquí lo mismo que pasó en Brasil, es decir, que el 70 por ciento del electorado quería el cambio y sólo el 30 por ciento la continuidad, sin embargo, ganó la candidata oficialista, Dilma Rousseff. Se olvidan de algo central que sucedió en Brasil para que gane el oficialismo: Joao Santana, uno de los expertos en campañas políticas más talentoso, implementó una agresiva campaña negativa contra sus candidatos opositores, primero Marina Silva y luego Aécio Neves, porque sabía que era la única alternativa que tenían. Sin esa campaña negativa, inédita en la historia de Brasil, Dilma no hubiera ganado. El asunto es que nada así puede implementarse en la Argentina de hoy. Después de años de enfrentamientos fomentados desde la cabeza del Estado, los electores no quieren saber nada de campañas negativas.
A esta altura, la principal incógnita es saber si Massa logrará quebrar la caída y recuperar terreno.Haime está convencido de que «aún no hay clima electoral como para trazar un escenario sólido de nada», pero a partir de abril, cuando los candidatos estén decididos a diferenciarse, se verá que «Macri es una vuelta a la Argentina privatizada, Scioli apenas kirchnerismo sin conflicto, y Massa el que puede garantizar el país que incluya a todos».
La segunda incógnita a develar es quiénes serán los candidatos a vicepresidente, porque no es lo mismo Scioli acompañado por Axel Kicillof que por Miguel Pichetto, o Massa por Julio Cobos que por José Manuel de la Sota o Macri por Ernesto Sanz que por Gabriela Michetti. Las fórmulas electorales tendrán un peso a la hora de definir el perfil con el que competirá cada candidato.
La tercera incógnita es lo que sucederá en Buenos Aires, el distrito que concentra casi el 40 por ciento del electorado. Allí estaba cómodo al tope de las preferencias electorales Martín Insaurralde, que entre sus coqueteos entre el Frente Renovador y el Frente para la Victoria y un casamiento que no le sumó credibilidad a su candidatura, cayó más del 10 por ciento en las últimas mediciones. Eso lo dejó casi en paridad con Diego Bossio, el titular de la Anses (28% a 27% en la última medición realizada por Analogías).
El último análisis de Mariel Fornoni en InfobaeTV
Aquí bien vale un paréntesis para analizar la estrategia del PRO, al que aún sus más acérrimos opositores le reconocen que tiene un equipo muy consistente y profesional, con la capacidad de seguir un camino en forma sostenida que no cambia ante las primeras dificultades, quizá porque los que toman las decisiones son unos pocos. Sobran los dedos de la mano para contarlos.
Hace bastante más de un año lanzaron a María Eugenia Vidal como candidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Medía 4 o 5 puntos. La idea era que llegara a 20 puntos. En su plan, les alcanzaba con ese porcentaje para acompañar las victorias que imaginaban en otros distritos. En el medio pasó de todo. Ella quiso bajarse más de una vez, pero ahí sigue, aumentando en el respaldo electoral, que hoy llega al 17 o 18 por ciento.
Efectivamente, lo que diferencia al PRO es su capacidad de sostener las estrategias, normalmente muy distintas a las que implementan sus adversarios, porque tienen un diagnóstico propio de lo que pasa en la sociedad y cómo insertarse en el escenario político. Por ejemplo, buscan candidatos del riñón, aunque midan poco, convencidos de que es la mejor forma de no quedar rehenes de nadie.
El PRO tiene otra ventaja. De las 6 elecciones que se realizarán antes del 9 de agosto, en tres (Capital Federal, Córdoba y Santa Fe) tiene importantes chances de ganar, lo que puede constituir un fenomenal espaldarazo para el 9 de agosto, cuando se voten las PASO nacionales.
Pero nadie puede cantar victoria antes de tiempo. Las cartas recién están sobre la mesa. Los peligros acechan. Los tres candidatos saben que si creen que tienen la vaca atada, cualquiera puede robársela. De lo único que hay certeza es de que arrancó el 2015: el año en que se termina el ciclo.
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