La constante agresión de la clase dirigente entre sí, ha despertado innumerables consecuencias desde lo político y lo económico que han puesto al kirchnerismo contra las cuerdas. Cómo el estilo de confrontación permanente del gobierno ayuda a que no se llegue a una solución definitiva a la crisis política que vive la Argentina.
La crisis del 2001 parecía engullirse a los partidos tradicionales, pero la recuperación económica iniciada en el gobierno de Eduardo Duhalde y mantenida y ampliada en el de Néstor Kirchner, hizo que la población volviera a creer en la política y en algunos políticos que responden a la forma clásica de hacer política en la Argentina, resultando ampliamente beneficiado el peronismo.
El gobierno se encuentra en una encrucijada desde que se inició el conflicto con el sector agropecuario, siguió con la derrota en las elecciones legislativas del año pasado, y aparece continuar ahora con su lucha contra el Grupo Clarín con acciones como la presentación judicial por Papel Prensa y la inhabilitación para prestar servicio a Fibertel, ambas empresas del holding mediático que comanda Héctor Magnetto.
La dureza que ejerce Néstor Kirchner en el día a día político, la no negociación, el no hacer concesiones, el gobernar como lo hizo en la provincia de Santa Cruz durante sus tiempos de gobernador, y la consecuente cadena de éxitos que viene manteniendo después de la derrota electoral del 28-J, hace que un cambio por lo menos en las formas sea imposible, y si a esto se le agrega la innumerable cantidad de torpezas que la oposición produce, la sociedad tiene realmente un cóctel por demás explosivo, para el diario vivir.
En los últimos tiempos está volviendo a resurgir en la boca de muchos dirigentes políticos, esa vieja confrontación que llevó a la Argentina por el mal camino de la violencia y por la cual corrieron muchos ríos de sangre, como es la de peronismo vs. antiperonismo, de gorila vs. Oligarca, con la consiguiente confrontación estéril a la que lleva todo esto.
En los últimos días ha vuelto a tomar forma la versión que sacude a todas las redacciones periodísticas, de que el matrimonio presidencial estaría pensando en adelantar las elecciones de octubre del año próximo, debido sobre todo a los inconvenientes económicos que le avizoran que agitarán las aguas de una Argentina que se conmueve ante el menor hecho.
El país pasa por una retracción económica, que hasta al mismísimo Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) que comanda el inefable Guillermo Moreno puede negar. Los principales analistas económicos de la Argentina, sostienen que a pesar de que la misma continúa creciendo a un ritmo cercano al 8% anual, los aumentos de sueldos que logra la CGT que dirige Hugo Moyano, el aumento de los precios en la canasta básica de alimentos, más la desaceleración que mostró el consumo en el período julio-agosto, complican la posibilidad de llegar tranquilos a octubre del 2011, por lo que la versión de adelantar elecciones está más latente que nunca en la cabeza de los Kirchner.
A pesar de los intentos oficiales de desestimar estos rumores, la realidad indica que la inflación es 3 y hasta 4 veces superior a lo indican los números del Indec, lo que ha llevado a que Ernesto Kritz, director de Sel Consultores, le dijera al diario Ámbito Financiero que “probablemente la inflación a fin de año se ubique por arriba del 23 a 25% y esto puede constituir un freno a la actividad”, lo que pondría palos en la rueda a la movida reeleccionista que muestra el oficialismo diariamente.
Si a esto le sumamos que los últimos números que muestran las encuestas no son nada generosos hacia los Kirchner, y que ese aumento en la consideración popular que se mostraba en el primer semestre del año ha descendido notablemente, y que la posibilidad de llegar al tan ansiado 40,01 por ciento que ambiciona con ferocidad el santacruceño para evitar una hipotética segunda vuelta, está más lejana que nunca.
Esta situación se debe más que nada al recelo que muestra gran parte de la clase media con actitudes como la de Fibertel y Papel Prensa, que afectan al sector que en el 2003 le había dado el apoyo al kirchnerismo para un nuevo resurgir de la política nacional, y que con el conflicto del campo se fueron yendo de su lado, y que terminó dándole totalmente la espalda en las elecciones del 28 de junio del año pasado.
Además, es justo la clase media la que más se ha manifestado en contra a las actitudes del gobierno nacional de los últimos meses, como por ejemplo el negarse a votar en forma afirmativa los proyectos de protección de los glaciares, no querer impedir la minería a cielo abierto o la oposición del Frente para la Victoria hacia el querer darle a la clase pasiva el 82% móvil, todas actitudes que más que favorecer al kirchnerismo en su relación con el sector político más independiente de partido del país, no ha hecho más alejarlos de su lado.
Otro tema de preocupación dentro del ámbito oficial viene pasando por al enorme oposición que ha surgido en los organismos económicos internacionales, empresariado e inversores internacionales, y en gobiernos como los de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, a medidas como las de Papel Prensa y Fibertel, donde se las ve como medidas restrictivas a la libre competencia y como una invasión del Estado argentino sobre la propiedad privada.
La agresión hacia los políticos de la oposición y los medios que se resisten a las acciones oficiales, no hacen más que recibir la arremetida de los militantes gubernamentales, que salen a las calles a repudiarlos, tal como sucedió en las últimas horas con los afiches contra Silvana Giudici, Felipe Solá, Elisa Carrió, Federico Pinedo, Oscar Aguad, Fernando Iglesias, Gerardo Morales, Patricia Bullrich, Adrián Pérez y Julio Cobos, apareciendo todos ellos juntos con la leyenda “Felicitaciones a nuestros empleados del mes” y que llevaban la supuesta firma del Grupo Clarín.
Mientras todo esto sucede del lado del oficialismo, asistimos a una desunión opositora, que no hace más que aumentar las chances del kirchnerismo de conseguir un triunfo el año que viene. Esta diseminación que vive la oposición no ha hecho más que envalentonar a un kirchnerismo, que ante el estado de situación de no poder llegar a más del 30 por ciento de los votos según la mayoría de los analistas independientes, se ha metido de lleno en la intención de dividir aún más a la oposición para de esa manera sacar el mayor rédito político de dichos actos.
Nombres como los de Ricardo Alfonsín, Mauricio Macri, Julio Cobos, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde, Pino Solanas, Ernesto Sanz, Carlos Reutemann, Mario Das Neves, Margarita Stolbizer, Felipe Solá, Hermes Binner y Alberto Rodríguez Saá, se mencionan para pelear por una candidatura presidencial que pueda destronar al matrimonio presidencial de lo más alto del poder, con lo que han fomentado una interna opositora que lo único que ha hecho es beneficiar al oficialismo en su intención de eternizarse en el poder más allá del 2011.
Más allá de las ilusiones oficialistas, la realidad marca que es muy difícil que en este año y poco más que resta para las elecciones presidenciales, el kirchnerismo pueda revertir el proceso de deterioro que ha venido teniendo en su relación con la sociedad desde el conflicto con el sector agropecuario a hoy, y que todo dependerá de cómo maneje la oposición esta oportunidad que tiene de despojar del poder al matrimonio gobernante.
El retome del centro de la escena política por parte del patagónico, habla a las claras de la impericia opositora, tanto interna como externa del PJ para concretar políticas de estado. Si en la crisis terminal que padece el país con alrededor de 15 millones de personas que carecen de todo desde comida hasta educación, se piensa sólo en llevar agua para el molino propio, lamentablemente el futuro argentino estará librado como comúnmente se dice “a la mano de Díos”.
Fuente:www.agenciacna.com