“Maravilla” Martínez y la entrevista que emocionó a todo un país

El boxeador argentino contó detalles de su dura vida antes de ser campeón mundial. Dijo que en Europa llegó a pedir comida en la puerta de una iglesia. Repasá lo mejor de la nota.
El boxeador argentino Sergio “Maravilla” Martínez le dio anoche una entrevista al periodista Alejandro Fantino que hizo emocionar a miles de televidentes, que reflejaron su admiración por el pugilista argentino en las redes sociales.

Tanta repercusión tuvo la nota sobre la dura vida de Martínez, que pronto se convirtió en TT (tema del momento) a nivel mundial en Twitter.

En el programa Animales Sueltos el boxeador se sacó el «cassette» y no ocultó su pasado lleno de carencias, que lo forjó para llegar a la elite del boxeo mundial.

El actual campeón mediano de la Organización Mundial de Boxeo y del Consejo Mundial contó que a los 13 años debió dejar los estudios para ayudar a su familia y reconoció que «a veces faltó comida» y que su primera «cena fue a los 14 años».

«La vida y el boxeo tienen algo en común; no se cansan de dar golpes duros. La casualidad no existe, todo es producto de la causalidad», dijo Martínez, que en 2002 fue a probar suerte a Europa pero no la pasó bien: «Como fui indocumentado, estuve preso, pasé hambre y los domingos pedía comida en la puerta de una iglesia con los mendigos, eso fue duro, no fue bonito».

«La vida del campeón es una mentira. Es fugaz. La vida real es llegar a mi casa, estar solo, lavar los platos…», agregó “Maravilla”, que al ser consultado por Fantino sobre qué enseñanza le dejó la vida, dijo: «La vida está para pelearla, la vida no es corta, el problema es que pasamos mucho tiempo haciendo nada. Hay que hacer todo lo que nos proponemos, todo comienza con un sueño, hay que soñar en grande para lograr cosas grandes. Yo mire Las Vegas y un poquito más arriba desde Claypole».

El mejor boxeador argentino de la actualidad aclaró que si bien piensa en Chávez, sus objetivos son los combates con Manny Pacquiao y Floyd Mayweather: «Cuando los supere, cuando les coma el hígado a ellos dos voy a poder decir que soy el número uno».
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