El pasado fin de semana marcó un antes y un después para los equipos de nuestra querida ciudad. Estudiantes perdió y se quedó sin técnico. Gimnasia siguió sus pasos y sepultó sus deseos de subir a la Primera A.
Por Myriam Chávez de Balcedo
Víctimas de malas decisiones dirigenciales y padeciendo la falta de compromiso de jugadores que parecen más amateurs que profesionales, el Lobo y el Pincha le bajaron la persiana a un semestre deportivo que otra vez fue tirado a la basura.
En Gimnasia los cambios del entrenador no le sirvieron para nada. Algunos futbolistas dejan en evidencia la falta de preparación física, acusando cansancio en la parte final de los partidos cuando se quedan sin aire.
La hinchada sigue sufriendo los equivocados manejos de una gestión agotada que prometió subir al equipo a Primera y ahora debe afrontar el fracaso que implica quedarse en la B.
Los principales responsables de este presente gris son los jugadores y los dirigentes, que deberían renunciar para dejarles el lugar a otros que puedan sacar el club adelante.
Más allá de la corriente de optimismo que llegó de la mano de Pedro Troglio, una realidad incontrastable afecta nuevamente al club albiazul, que por este camino corre un serio peligro.
Estudiantes observa por estos días la desgracia de un equipo que se armó para salir campeón y que apenas dejó una imagen penosa en los últimos partidos.
La campaña que viene realizando es lamentable, con un plantel superpoblado de jugadores que en muchos casos son considerados estrellas del fútbol, pero que por momentos se desempeñan como amateurs. Tan es así que se han convertido en una verdadera picadora de técnicos, terminando con los ciclos de Sabella, siguiendo por Berizzo, Russo y ahora Azconzábal.
Precisamente para intentar explicar la salida de este último, la dirigencia apeló a un argumento tan flaco como irrisorio, que no hizo otra cosa que debilitar la imagen de una gestión que tuvo que esperar que llegara el pedido de tres socios para investigar el posible robo de la dirigencia de Filipas. ¿Acaso querían ser cómplices de lo ocurrido?
Todos deben hacer un mea culpa sobre los motivos por los cuales el club no ha dejado de sumar fracaso tras fracaso desde 2010.
Al igual que sucede en Gimnasia, los jugadores cobran como profesionales, pero no juegan como tales. Para el caso vale el ejemplo de Chistian Cellay, quien primero despotricó para que lo vendieran a Boca, y ahora volvió con la cola entre las patas pero con el sueldo triplicado. Si no juegan bien, se tienen que ir, y los dirigentes tienen la obligación de sacarlos.
El panorama es gris oscuro para los equipos de la región.
Gimnasia pagó con un descenso.
Estudiantes, cuya economía se prende fuego por los irresponsables que vaciaron el club, sigue tirando de la cuerda a riesgo de terminar muy mal.
La hinchada, mientras tanto, sufre a costas de la grandeza de su querido club.
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