“La Hiena”, que había sido condenado a 4 años de cárcel por , estuvo preso Apenas 22 días después de ser condenado a 4 años de cárcel por el choque que terminó con la muerte de Yamila González, la «Hiena» recuperó la libertad tras el pago de 200 mil pesos de fianza.
Tras haber sido condenado a cuatro años de cárcel por causar el accidente que desembocó en la muerte de la embarazada Yamila González, y luego de haber pasado apenas 22 días en prisión, Rodrigo “La Hiena” Barrios recuperó la libertad. Tuvo que pagar $200.000 de fianza.
El boxeador dejó el penal de Campana, escoltado por seis policías, a las 15.30 de ayer. Se subió a un auto que lo esperaba en el exterior del centro penitenciaro sin formular declaraciones. La excarcelación había sido ordenada el viernes pasado por la Cámara Penal de Mar del Plata.
Además de los $200.000 de fianza, el Tribunal Oral en lo Criminal 3 de esa ciudad balnearia le fijó cuatro obligaciones: informar su domicilio real, no ausentarse de allí por más de 24 horas sin autorización previa de los jueces, no salir del país y presentarse una vez por semana en la comisaría más cercana a su domicilio. “La Hiena”, a quien le retuvieron su pasaporte, continuará viviendo en su casa de la localidad bonaerense de Tigre.
Los abogados de Graciela Morales, la madre de la víctima, se encuentran preparando una presentación para exigir que Barrios sea inhabilitado para manejar y beber alcohol. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, recibió a Morales en Casa de Gobierno ayer por la mañana y se comprometió a acompañar a la familia en el pedido. “Estamos buscando los pasos legales para que se le quite la licencia porque las restricciones que le pusieron no son nada”, consideró la mujer. “Exijo que los magistrados dejen firme la sentencia con la misma velocidad con la que se expidieron para liberarlo”, agregó.
El accidente fue el 24 de enero de 2010, en la esquina de Independencia y Ayacucho, de Mar del Plata, donde “La Hiena” chocó su camioneta contra otro coche que atropelló y mató a González.
Fuente: La Razón