Las pruebas que complican al delegado ferroviario del Sarmiento Rubén Sobrero ; a Leonardo Portorreal, que trabajó a su lado años atrás, y a los otros detenidos son las afirmaciones de un indigente que está procesado en esta misma causa por incendiar los trenes, el relato de un agente de inteligencia de la Policía Federal y los testimonios de dos vecinos.
Con estos elementos, Mariano Amaduri, que es el secretario interinamente a cargo del Juzgado Federal de San Martín, firmó las órdenes de captura. El juez Juan Yajl, operado de vesícula, se reintegrará el lunes para indagar a los detenidos.
El 2 de mayo , cuando ardieron los trenes, el Gobierno denunció que se trataba de un ataque organizado , pero en el expediente no había evidencias de que esto fuera así. El 7 de julio, la ministra de Seguridad, Nilda Garré, y el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, convocaron una conferencia de prensa para anunciar que el ataque había sido un sabotaje, pero no había pruebas judiciales que respaldaran esas afirmaciones.
Ese anunció oficial se produjo dos días después de que el juez Yajl procesara sin prisión preventiva a Alan Skrobacki y a Víctor Damián Martínez. A Skrobacki lo detuvieron con un encendedor en la mochila y un desodorante en aerosol, usado como combustible, según las filmaciones que lo señalan. A Martínez lo comprometieron las imágenes de las cámaras de seguridad.
Sin embargo, en los últimos días, el caso tuvo un vuelco, según fuentes judiciales. Skrobacki, que está en libertad, se presentó espontáneamente ante el juez y le confesó que días antes del 2 de mayo un tal «Leo» le ofreció dinero «para hacer quilombo» en los trenes. Se trataría, según su relato, de Leonardo Portorreal, mano derecha de Sobrero. Explicó que conocía a los ferroviarios porque vivía en la calle y dormía en los trenes. Contó que le ofrecieron 100 pesos de adelanto y otros 400 a pagar «después del quilombo», y que la oferta la recibió mientras hacía cola en el hospital de Moreno, porque su trabajo era cobrar 50 pesos por hacerle la fila a la gente que iba sacar un turno. Skrobacki está procesado, no es testigo y no declara bajo juramento de decir la verdad. Los imputados pueden mentir durante sus indagatorias. Dijo que en ese momento Leo se comunicó por handy con el «Pollo», en alusión a Sobrero, y le contó las novedades.
Otra evidencia que evaluó el juzgado contra Sobrero y Portorreal es la declaración de un cabo de la Policía Federal, agente de inteligencia, que participó de la detención de Skrobacki, que dijo que el acusado le había confesado que le habían pagado por quemar los trenes.
A los otros detenidos, barrabravas de All Boys, los complicó un vecino de Ciudadela. Dijo que un día antes del incendio vio a unos muchachos que le preguntaron dónde podían comprar cerveza. Al día siguiente, los volvió a ver en un micro tirando piedras, según indicaron las fuentes judiciales. Declaró que, si bien vive sobre la avenida Rivadavia, su padre vive en Flores, por lo que va seguido al barrio y suele ver en la plaza de Monte Castro a la barra de All Boys. Dos de los que vio, según juró, pertenecen a la hinchada. La policía los identificó en las imágenes y los detuvo.
La evidencia que para el juez complica al quinto detenido es una llamada al 911 de un vecino de Merlo, que denunció haberlo visto con un bidón de nafta. Las imágenes de las cámaras de seguridad lo mostraron en la estación en llamas, sin bidón.
UN DÍA DE FURIA
Accidente . Un descarrilamiento en Flores obliga a interrumpir el servicio del Sarmiento. Se desatan protestas y reacciones violentas.
Bajo fuego . En Heado fueron incendiados cinco trenes. TBA denunció que fue un sabotaje y no una reacción espontánea.
Tensión política . El Gobierno acusa a sindicalistas y al diputado y entonces candidato Pino Solanas de promover el vandalismo.
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