Este mes, cuando el ex presidente cubano Fidel Castro le señaló con astucia al periodista estadounidense Jeffrey Goldberg que “el modelo cubano ya no funciona para nosotros”, sus comentarios generaron repercusiones en todo el mundo. El acérrimo defensor del socialismo y crítico del capitalismo, ¿tiró la toalla finalmente?.
La verdad, no. En la opinión de los expertos, Castro andaba por un tema en el cual ya había estado antes. “Si el periodista hubiera preguntado qué era lo que quería decir, Castro habría vuelto al discurso que pronunció en la universidad de La Habana a fines de 2005”, opina Marifeli Pérez-Stable, un experto en temas cubanos que trabaja en la Universidad Internacional de Florida.
En ese momento, Castro consiguió titulares semejantes cuando, refiriéndose a los soviéticos, afirmó: “Entre todos los errores que pudimos haber cometido, el mayor de todos fue que creímos que había alguien que, en verdad, supiera algo sobre el socialismo. Toda vez que ellos decían: ‘esta es la fórmula’, creíamos que ellos sabían. Casi como si fuera un médico”, sostuvo.
El modelo cubano cambió muy poco desde entonces, y eso es obvio en el pensamiento del semijubilado líder de 84 años, mientas la economía atraviesa otra crisis aunque, este vez, la gente exige el cambio.
Raúl Castro, quien reemplazó a su hermano en la presidencia hace dos años, toma la “modernización” de la economía de estilo soviético como si fuera su mantra y alienta a los medios de comunicación de gestión pública y al pueblo a fustigarla.
Dió en alquiler terrenos estatales, le aflojó el chaleco de fuerza a los agricultores que compraban insumos y vendían la producción, prometió permitir el surgimiento de más pequeñas empresas y convocó a una transición del sistema de producción y consumo socialista a uno donde hubiera más iniciativa y elección individuales, algo que es muy parecido a lo que hicieron los países asiáticos comunistas hace décadas.
Julia Sweig es la especialista latinoamericana del Consejo de Relaciones Exteriores, que tiene su sede en Washington, que acompañó a Goldberg en su viaje a Cuba. Sweig le comentó al FT que la observación de Castro debía interpretarse en ese contexto y juzgársela un respaldo a la reforma. “La necesidad de un cambio en el modelo en la actualidad es parte del ambiente que se vive en toda Cuba”, sostuvo.
La semana pasada, Castro regañó dura y públicamente a Goldberg y a Sweig por no haber interpretado bien sus palabras, ya que gracias a los titulares de la CNN que había en los hoteles y a las antenas satelitales ilegales, por las calles de Cuba corrió la voz de que el histórico líder de la revolución quería abandonar el comunismo.
La declaración fue un truco, afirmó Castro, mientras presentaba el segundo volumen de sus memorias en la universidad de La Habana. Contestó con esas ocho palabras cargadas de ironía, cuando se le preguntó si todavía valía la pena exportar el modelo cubano mientras los periodistas trataban de engañarlo para hacerle reconocer que Cuba nunca había hecho una cosa así.
“Mi idea, como lo saben todos, es que en la actualidad el sistema capitalista no funciona ni para los Estados Unidos ni para el mundo, ya que los lleva de una crisis a la otra, que son cada vez más graves”, señaló Castro. Es imposible saber si estaba en verdad furioso por la publicación de su comentario, que lo ayudó en su sorprendente retorno al escenario mundial tras cuatro años de aislamiento.
Los titulares y su desmentida llevaron a que la atención se centrase en la entrevista, que gira sobre la preocupación que siente Castro ante la posibilidad de que las sanciones impuestas a Irán por las Naciones Unidas desaten una guerra nuclear.
Fuente: FINANCIAL TIMES, EXCLUSIVO CRONISTA.COM