Salarios y pensiones: la inflación devora los aumentos

En condiciones de alta inflación, el tiempo que transcurre entre el cobro y el gasto de los ingresos percibidos pasó a ser una dimensión importante para asalariados y pensionados que se ven superados por la inflación. En condiciones de alta inflación, el tiempo que transcurre entre el cobro y el gasto de los ingresos pasa a ser una dimensión importante para asalariados y pensionados. Cuanto más tiempo se tiene «encajado» el ingreso en el bolsillo, tanto mayor el deterioro en términos de su capacidad de compra. Si la inflación es creciente, no basta con indexar los ingresos para mantener constante el poder de compra, y ello lleva a diversas prácticas que exacerban la inflación: se sobreindexan los salarios y/o se acorta el período de pago. Ésta es una cuestión bien conocida en episodios hiperinflacionarios, de la cual se tiene experiencia en la Argentina, documentada en trabajos de FIEL que tienen ya más de 25 años .

Actualmente, la tasa de inflación en la Argentina se ubica en un rango del 1,6% al 2% mensual, frente a un 1,3% promedio para 2009. Si bien la aceleración luce modesta, los ingresos reales crecen bastante menos que en el pasado (2005/2008) y, lo que es peor aún, la percepción de muchos es que la capacidad de compra de sus ingresos está cayendo, a pesar de que los aumentos salariales en 2010 también se aceleraron. ¿Hay una forma objetiva de medir los cambios en la capacidad de compra promedio de los ingresos?

Para responder esa pregunta, tengamos en cuenta, en primer lugar, el índice que se utiliza como deflactor de los ingresos. Desde ya que los índices de inflación no oficiales reflejan sustancialmente mejor la evolución de la inflación que los oficiales. Todas las mediciones se realizarán aquí con base en el IPC-FIEL por la garantía que ofrece en términos de metodología y captación de datos, así como porque nos permite disponer de una frecuencia (semanal/diaria) no disponible para otros índices. Sin embargo, todavía se puede elegir entre la inflación de una canasta general (es decir, la que refleja el aumento del gasto de las familias) o una canasta particular (la de alimentos y bebidas). Utilizar una u otra puede dar lugar a diferencias significativas, pues mientras la tasa general de inflación se ubica algo por arriba del 23% anual, la de la canasta de alimentos y bebidas supera el 34% anual. Como se trata de medir el poder de compra promedio de los ingresos -y no sólo respecto de una canasta de alimentos-, resulta más apropiado utilizar el nivel general del índice.

Hay dos formas de computar el salario real. La primera es comparar el ingreso correspondiente al mes t (cobrado a fin de mes) con los precios del mismo período (ingreso devengado en t, deflactado con la inflación del mismo mes). Designaremos esta medición por WD. Una alternativa es comparar ese ingreso con los precios del mes en que se gasta efectivamente (el siguiente). Es decir, comparar el salario de t con los precios de t+1, lo que designaremos por WP (salario real percibido). Esta segunda medición difiere de la anterior, pues toma en cuenta parte del deterioro que se produce por ajustar los salarios rezagadamente, pero es incompleta pues no tiene en cuenta que, aun cuando los salarios se indexen, existe un deterioro intraperiódico producto del hecho de que el gasto se distribuye a lo largo del mes, período durante el cual los precios suben.

Fuente: Abeceb