La políticas de control de precios parecen ser las únicas estrategias que el Gobierno puedo ejecutar en pos de controlar la inflación, como si esta fuera el resultado del capricho de empresarios, comerciantes y consumidores, y no consecuencia directa de «modelo» económico K. La experiencia reciente indica que no es una medida que funciona o alivia al bolsillo del Argentino, simplemente es una pantomima para que el portavoz de turno tenga algunos argumentos tranquilizadores y distractores.
Imagen: Julio de Vido y Axel Kicillof /NESTOR SIEIRA (www.clarín.com)
Las políticas como acuerdos o controles de precio no funcionaron nunca ni lo harán en el 2014. La razón es simple, la causa de la inflación responde a políticas económicas estructurales, no a los «empresarios gorilas» que el Gobierno Nacional demoniza. No obstante, esa medida pantalla es la única estrategia oficial para detener el aumento desmedido de precios.
En principio, ya se arrancó trastabillando debido al notable desabastecimiento registrado, situación que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, se apresuró desmentir en su conferencia de prensa de esta mañana, dónde consideró que el programa «arrancó razonablemente bien» aunque aún «se necesita mayor señalización, divulgación y fiscalización». Y agregó que «en el transcurso de la semana se garantizará el abastecimiento» de los productos ausentes.
En cuanto a las verdaderas causas de la inflación, sin duda no serán admitidas por el kirchnerismo, ni mucho menos resueltas. Pero la imposibilidad de controlar los precios, la completa incapacidad de las compañías energéticas para garantizar el suministro de luz en Buenos Aires y Capital Federal, y la drástica caída de las reservas son las pruebas innegables de que el barco se hunde… con todos nosotros a bordo.
Y el negacionismo compulsivo del kirchnerismo es cada vez más peligroso, en la medida en que todos los ciudadanos somos rehenes en esta cruzada para defender un modelo condenado al fracaso. Es cierto que se registra un considerable aumento del consumo público, pero a costa de no realizar inversiones estratégicas en sectores claves para una economía próspera, como por ejemplo, energía y transporte.
Además, dicho aumento del consumo se basa fuertemente en subsidios económicos y crecimiento empleo público, es decir, no a partir de actividades económicas sustentables. Además, el aumento del gasto público no apunta a alimentarse a sí mismo, sino que crece en detrimento de la capacidad exportadora del país, genera inflación y se mantiene bajo un tipo de cambio irreal.
La respuesta ante estos descalabros económicos, lamentablemte, no es esperanzadora: la pérdida de reservas se combate con nuevas trabas a las compras en el exterior, para la inflación el acuerdo de precios, para el crecimiento desdemedido del gasto público más presión impositiva y así sucesivamente. Es decir, que el modelo implosiona a pesar de los intentos de mantenerlo funcionando. El anuncio de la modificación del impuesto a los bienes personales no es más que otro intento para aumentar la recaudación y paliar el vaciamiento de las arcas. El resultado es previsible.
La vuelta acelerada de Cristina también da un indicio de que las cosas se deterioran a paso acelerado. De momento los anuncios de medidas sólo apuntan a más control sobre los actores económicos y mayor presión impositiva. ¿Llegará en algún momento el temido ajuste? sin duda el kirchnerismo se resiste a plantear esta posibilidad, pero la realidad es que crearon un sistema económico insostenible y todo parece derivar es ello.