En Floresta, superó con claridad por 3-1 a Newell’s con goles de Maxi Núñez, Espinoza y Grana (descontó Pablo Pérez). Este domingo el equipo de Pizzi puede ser campeón si gana y no lo hace Lanús.
Es un absurdo que este Newell’s pelee el torneo hasta el final. No tiene con qué hacerlo. Ya no juega ni parecido a lo de antes; ya no tiene ni rebeldía ni resto físico. Sólo en un campeonato mediocre e irregular como el nuestro, Newell’s puede soñar y hasta llegar a la última fecha con chances de gritar campeón. Aquella lejana derrota en el clásico de la ciudad, ante Rosario Central, fue un golpe letal. La Lepra nunca se repuso de ese mazazo. Y ayer All Boys lo dejó en evidencia con una ráfaga de intensidad, fútbol y goles. Fue un 3-1 lapidario, que además significó el séptimo partido consecutivo de los rosarinos sin triunfos…
En diez minutos se observó todo lo que había por observarse en la noche de Floresta: dos goles, uno dudosamente anulado y 4 llegadas nítidas para el local; un sinfín de pases errados y 3 controles fallidos de Maximiliano Rodríguez, el as de espadas de los rosarinos. La apatía de uno contra la agresividad del otro; la inmovilidad contra el fervor, la pasividad contra el hambre. Diez minutos que en definitiva pueden significar el adiós de Newell’s del torneo, si es que los resultados de los partidos que se disputarán hoy no lo benefician.
No hubo nada que hacer contra la ráfaga de All Boys. La primer señal fue toda una revelación: Bernardi, el que nunca falla en Newell’s, falló un pase atrás al minuto. La pelota le quedó a Nicolás Cabrera, que tiró un centro que encontró a Barbaro en soledad: el volante remató y atajó Guzmán, que envió la pelota al tiro de esquina. De ese córner vino el gol de Ferrari que Diego Abal anuló por una presunta falta sobre el arquero. Discutible, al menos. Luego, a los 3, casi la mete Mauro Matos. Sesenta segundos después, la tuvo Gonzalo Espinoza. El gol, en definitiva, se veía venir. Finalmente, a los 8, Newell’s salió mal de un saque de banda, robó Cabrera y habilitó a Maximiliano Núñez, que la picó ante la desesperada salida del arquero. Un golazo que también se festejó en Boedo. Y, rapidito, una corrida de 40 metros de Espinoza y otro golazo más, con un tremendo zurdazo cruzado: 2-0 en 10 minutos. Pero había más. Una corajeada de Hernán Grana derivó en un remate cruzado del lateral que se le metió entre las piernas a Guzmán.
¿Por qué tanta diferencia? El segundo y el tercer tanto sirven para encontrar la respuesta. Las corridas de Espinoza y de Grana se produjeron bajo la atenta mirada de Newell’s. Robó Espinoza y remontó campo. Nadie se cruzó en su trayecto. Lo de Grana fue similar: corrida frenética, nadie en el camino. Sí, la pasividad de los jugadores de Newell’s fue insólita. Y con un detalle no menor: en esos 45 minutos iniciales los rosarinos no patearon al arco…
En el complemento, All Boys se metió atrás infantilmente y dejó de jugar el partido muy temprano. Newell’s, entonces, tomó el control, pero no por méritos, sino porque su rival se lo entregó. Y llegó el gol de Pablo Pérez, para que la imagen de los rosarinos en Floresta no fuera tan pálida. Al cabo: si esta fue la despedida de Newell’s del torneo, lo hecho en el segundo tiempo la hizo digna.
Fuente: Clarín