Romina Martinez habló por primera vez luego de perder a su abuela, una hermana y una hija. “Nunca lo creí capaz de algo así. Nos destruyó la vida a todos”, aseguró. La joven lo había denunciado en varias oportunidades y cuenta que al ver otros casos de violencia de género en los medios decía «ojalá que nunca me pase».
«Nos destruyó la vida a todos”, explicó la joven de 26 años al diario Clarín que la entrevistó ayer, día en el que Juan Carlos Cardozo reconoció ser el responsable del triple crimen de Benavidez.
“El me quería hacer daño a mí y nos terminó haciendo daño a todos”, contó. Pocos días atrás Romina había decidido irse a vivir con su abuela porque no se sentía segura cerca de Cardozo y pensó que estando con su familia no le iba a suceder nada. En el mismo terreno donde ocurrieron los crímenes hay otras casas del resto de la familia de Romina.
Según cuenta en la nota, Juan Carlos Cardozo no era bienvenido y durante el fin de semana estuvo preguntando por ella, y lo habían echado.
El lunes por la mañana, bien temprano, volvió. Dicen que esperó escondido en el descampado que bordea a la colectora de la ruta 9; A eso de las 8 y media, cuando los hombres de la casa se fueron, encaró hacia una de las casas de Uruguay al 600.
Romina está convencida de que el blanco era ella, pero jamás imaginó que fuera a ensañarse de esa manera. “ Nunca lo creí capaz de algo así . Más que molestar, ir y venir a cada rato, no hacía otra cosa. Pero lo que hizo demuestra que es un loco, un psicópata que no se merece la libertad , porque sabía muy bien lo que hacía”.
“Estos últimos días estuve viendo la tele y es impresionante el número de casos que hay . Al verlo, pensaba ‘ojalá nunca me pase’. Pero me pasó…” Y no lo asimila, aún cuando su historia previa se parece bastante a la de los que vio como espectadora.
“Hice varias denuncias, pero nunca pasó nada” , asegura. Además la joven dijo que nunca la llamó ni la policía ni la Justicia ante las reiteradas notificaciones sobre la agresividad de Cardozo.
La hermana mayor de Romina, Paola, es una de las personas que la impulsó a denunciar la violencia que sufría. “Fue hace un año en la comisaría de la mujer de Pacheco. Dijo que él la agredía tanto física como verbalmente y que por eso ella se iba de la casa con la nena”. Describió a Cardozo como alguien de una doble personalidad : “Con los hombres, un señor; con las mujeres, agresivo y violento”.
Luego de aquella denuncia, las exposiciones ante la Policía se repitieron. Tanto las de ella como las de él, que le cuestionaba que no podía ver a su hija. “La relación era algo enfermiza. Y era como un juego que ellos tenían: él la denunciaba para que ella volviera, volvía y ella después lo volvía a denunciar”, dice Paola. “El la convencía y ella siempre volvía, y así las denuncias que podía hacer perdían peso. En la familia nadie compartía que ella volviera, pero era su decisión”, comenta, con los ojos aún llorosos.
Angélica Itatí Nuñez es la mujer, que vive desde hace unos 7 años con Juan Martínez, el padre de Romina, Paola, Belén, Gastón y Fernando, y es también la que entró a la casa con Romina, apenas segundos después del triple crimen . Según explica en la nota, como no respondían a los llamados, tuvo que abrir la puerta a los golpes con una barreta. Ahí descubrió a su suegra Nilda Hamm, de 76 años, degollada; a María Sol, de 6, ahorcada; y a María Florencia de 15, con un cuchillo atravesado en la garganta.
“Mi hija menor se defendió, porque él está todo rasguñado y le encontraron restos de la piel”, describe con horror sobre la imagen de Florencia, la última víctima, que entró a la casa cuando Cardozo ya había matado.
Ayer la familia aguardó durante gran parte del día que les entregaran los tres cuerpos para velarlos en una casa fúnebre de Benavídez. Mientras la espera se hacía larga, un par de jóvenes retiró una alfombra manchada con sangre y la quemó en el baldío de enfrente.
Más allá del respaldo familiar, Romina encuentra un motivo para seguir adelante en esa pequeña rubia, de jogging rosa y verde, que corretea por toda la casa . Es Celeste, su hija y también la de su ex pareja. La única de la familia que, todavía, puede vivir inconsciente de tanto dolor. “ Ella, mi hija que quedó viva, es la única de la que puedo sacar fuerzas en este momento».
Me está costando mucho igual. Aún no entiendo, ni caigo, que mi solcito no esté más… Es muy fuerte”, dice, con voz entrecortada pero sin quebrarse. Recuerda con un lamento cómo fueron esos últimos días en los que sus dos hijas jugaban juntas y ahora debe inventarle excusas para responder a la pregunta que más le duele: “¿Dónde está Sol?”. Dice que va a luchar por su única hija. “Sé que la van a venir a sacar, pero yo la quiero lejos de ellos”. Sólo piensa en cuidarla y en que se haga justicia . “Que no lo dejen salir haciéndose pasar por loco. Siempre supo lo que estaba haciendo y era consciente. Sólo eso les pido a los jueces”.
Fuente: Online-911