El Papa fue recibido por Raúl Castro y la cúpula de la Iglesia Católica. Durante la tarde, oficiará una misa y visitará el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre.
Católicos, santeros, espiritistas, ateos y comunistas. Independientemente de sus creencias, todos se congregaron en aeropuerto internacional Antonio Maceo de Santiago de Cuba para recibir al Papa, en lo que sin dudas constituye la visita internacional más importante en mucho tiempo y que llena de esperanzas a quienes reclaman un cambio en la isla.
«Cuba lo recibe con afecto y respeto, y se siente honrada con su presencia», dijo desde un atril el presidente Raúl Castro, mientras el Papa escuchaba sentado a unos pocos metros. «Le doy la más calurosa bienvenida», agregó.
Castro lanzó sus habituales diatribas contra los Estados Unidos ni bien comenzó su alocución, fundamentalmente por el embargo que pesa sobre el país. «Catorce años después de que Juan Pablo II nos visitara, el bloqueo político, económico y mediático se mantiene», se quejó, y afirmó que «la nación seguirá cambiando todo lo que deba ser cambiado» para prosperar, en lo que pareció un compromiso para continuar con las reformas económico-sociales que ha implementado durante su gestión.
«Le agradezco su acogida, sus palabras», dijo a su turno el Pontífice, quien se confesó ansioso de llegar a la isla. Inmediatamente recordó la visita de su predecesor en 1998. «Juan Pablo II ha dejado una huella imborrable en los cubanos», dijo.
«Hay una profunda crisis espiritual y moral» en muchas partes del mundo, subrayó. «Se requieren hombres rectos», que tengan valores y convicciones, agregó.
«En estos momentos, Cuba está mirando hacia el mañana y quiere ensanchar sus horizontes», destacó. «Ruego al señor que bendiga a este país y a sus hijos», añadió durante su breve discurso.
Una ciudad conmocionada
«Es un alto honor para la ciudad de Santiago de Cuba recibir al santo padre Benedicto XVI», comentó a la agencia AP el conservador de la Ciudad, Omar López, cuya oficina está encargada del mantenimiento y la restauración de la urbe, así como del rescate de un patrimonio arquitectónico que data de cinco siglos.
Arquitecto de profesión, santiaguero de alma, indicó que desde que se supo que el Pontífice estaría en su localidad se creó una comisión de trabajo formada por las autoridades y los representantes de la Iglesia para organizar la logística y trazar un cronograma de actividades, que fueron supervisadas de cerca por el Vaticano.
Arreglaron algunas calles, se adecuó un escenario para que el Pontífice diera una misa en un parque, se pintaron fachadas de algunas avenidas principales y, sobre todo, se restauró por completo el Santuario de la Virgen de la Caridad, en el poblado de El Cobre, a las afueras de Santiago, y que albergará al Papa durante una noche y donde más tiempo pasará.
El factor político
La presencia del Sumo Pontífice acapara la atención pública tanto de los cubanos como de los extranjeros, que están ansiosos por conocer qué actitud tomará ante las autoridades del régimen. Antes de tocar suelo mexicano, el Papa sentó su postura al indicar que la ideología marxista «tal como había sido concebida, no responde ya a la realidad» y «conviene hallar nuevos modelos». «Es evidente que la Iglesia está siempre del lado de la libertad de conciencia, de la libertad de religión», subrayó.
Pese a esas declaraciones, no se espera una confrontación entre Benedicto XVI, quien afirma que su viaje presenta «una absoluta continuidad» con el que Juan Pablo II hizo en enero de 1998, y un régimen que está determinado a recibirlo con «afecto y respeto».
El arzobispo de Santiago de Cuba neutralizó cualquier tensión: «La Santa Sede sabe cuáles son los presupuestos ideológicos del gobierno cubano», así como éste también «sabe cuál es el pensamiento de la Iglesia», explicó monseñor Dionisio García. «Creo que eso no va a tener ninguna repercusión», agregó García, al destacar que «lo que dijo el Papa es evidente», porque «el marxismo tal y como fue concebido tiene que ser superado y revisado y no solamente en Cuba».
En Cuba, la Iglesia Católica es minoritaria, pero en ausencia de toda oposición legal tiene el papel de interlocutor privilegiado, que se ha empeñado en reforzar a através de contactos entre su jerarquía y los dirigentes del régimen. La misión de Benedicto XVI es, precisamente, fomentar la voluntad de los católicos «de ayudar a un diálogo constructivo para evitar los traumatismos», ya que, aseguró, «los fieles contribuyen en esta senda».
Al igual que durante la visita de Juan Pablo II en 1998, el Papa no tiene previsto encuentros con opositores, a pesar de los insistentes pedidos de distintas organizaciones. Sin embargo, «conoce bien la realidad de Cuba» y el hecho de «que los reciba o no, no significa que él esté ajeno» a la situación, dijo el arzobispo García.
La víspera estuvo marcada por la detención de al menos 150 disidentes en los últimos días, según informó la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, que atribuyó el accionar del régimen a un intento de impedir que se registren protestas, en momentos en que los ojos del mundo se posan sobre la isla.
El Vaticano anunció que el Papa estará «disponible» para una eventual reunión con el líder de la revolución cubana Fidel Castro, retirado del poder desde 2006. Los medios igualmente están al acecho de un posible encuentro con el presidente venezolano, Hugo Chávez, que es tratado de un cáncer en Cuba y quien llegó el domingo a La Habana para recibir una radioterapia durante algunos días.
El Papa tiene reservados dos períodos de descanso en los que podría sostener encuentros no previstos: el martes después de su llegada a La Habana a la hora del almuerzo y el miércoles entre una misa pública en la mañana y su partida en la tarde.
Fuente: AFP-AP