El vicepresidente teme que los sectores más duros del kirchnerismo alienten paranoias sobre su lealtad, ahora que deberá hacerse cargo de la Presidencia por la enfermedad de Cristina. Ya sabe que todos sus movimientos están bajo intenso control de la SIDE y que hasta la última resolución administrativa que tome deberá pasar el filtro de Zannini.
“Me quieren convertir en un nuevo Cobos”, afirmó Amado Boudou durante la última embestida que sufrió del ultrakirchnerismo que filtró a la prensa supuestos comentarios suyos hacia la Presidenta un tanto confianzudos, que fueron grabados por la SIDE y provocaron el enojo de Máximo Kirchner.
Boudou lanzó la dramática frase durante una reunión que mantuvo con su círculo íntimo que lo acompaña en el día a día del Senado. La paranoia del vicepresidente se acentuó cuando supo que debía reemplazar a la Presidenta al menos por un mes, la mínima licencia que se estima deberá tomarse para recuperarse de la operación por el cáncer de tiroides que la afecta.
En sectores del gobierno se afirma que la previsible vigilancia de la Side sobre el vice se intensificó una vez que se supo que deberá reemplazar a Cristina. Escaldados con Julio Cobos, en el núcleo duro que rodea a la Presidenta no quieren correr riesgos.
“Amado no es precisamente un audaz ni un gran armador político, además todo lo que firme sino tiene el visto bueno de Zannini no sale”, explicó a LPO una fuente del Ejecutivo que le quitó dramatismo al relevo: “Amado es un hombre del proyecto y sabe que todos somos empleados, lo último que va a hacer es intentar desmarcarse”, subrayó la fuente.
El ex ministro de Economía se mueve sin embargo sobre un hilo muy delgado. Sus aspiraciones políticas son evidentes y trascienden el 2015, donde se imagina un rol destacado ya sea en las presideciales, las elecciones de gobernador o hasta de jefe de Gobierno. Pero al mismo tiempo conoce los bueyes con los que ara y se cuida hasta el extremo de mostrar algún atismo de autonomía.
De hecho, desembarcó en la presidencia del Senado con una cautela extrema. En las tres sesiones que le tocó presidir ni siquiera se atrevió a levantar la voz. Muy distinto a Julián Domínguez, quien ya aulló varias veces para ordenar el recinto de Diputados.
El problema que enfrenta Boudou es que no existe el gesto que disipe la desconfianza del kirchnerismo duro. Y es comprensible. Objetivamente, el vice no está a tiro de decreto y por la Constitución es el relevo obligado de la Presidenta.
Esto se combina con otra sensación que crece en la Casa Rosada: la Presidenta no estaría para nada interesada en promover una reforma constitucional que le habilite un tercer mandato.
En su entorno subrayan que en la intimidad del día a día se la ve cansada y hasta por momentos irritada, como sobrellevando la carga de un intenso cansancio.
Pese a que el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, continúa trabajando en una reforma constitucional que acerque el sistema actual a un parlamentarismo similar al de Francia –y de esa manera habilitar un nuevo mandato de Cristina-, por estas horas no son mayoría los que le ponen una ficha a esa iniciativa.
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