Seguridad sin Casal


El año 2011 estuvo teñido por las internas políticas dentro de la estructura gobernante, que tuvo el epicentro de la batalla en el área de seguridad, adonde los ultrakirchneristas apuntaron todos sus cañones. Personificaron su enojo e hicieron blanco de su artillería a la figura de Ricardo Casal, el superministro de la provincia de Buenos Aires.

*Por Mario Baudry

El año 2011 estuvo teñido por las internas políticas dentro de la estructura gobernante, que tuvo el epicentro de la batalla en el área de seguridad, adonde los ultrakirchneristas apuntaron todos sus cañones. Personificaron su enojo e hicieron blanco de su artillería a la figura de Ricardo Casal, el superministro de la provincia de Buenos Aires.

Los ataques no se centraron tanto en su persona, ni en su apego al trabajo, ya que es uno de los ministros que más horas de trabajo le ponen al cargo, y, sobradamente, es el ministro de Scioli en la actualidad que más conocimiento tiene de la Provincia y de sus andamiajes administrativos.

Pero no todo es color de rosa. Su falta de experiencia en temas de seguridad, sumada a su pasado en las filas del Servicio Penitenciario Bonaerense, le han jugado una mala pasada, que los enviados de la Casa Rosada han sabido utilizar para martirizarlo.

La realidad no es tan como se dice, porque no se cuenta toda la historia, pero, como decía el ministro de propaganda alemán, “miente, miente, que algo quedará”.

Casal fue uno de los tantos jóvenes que llegaron del interior de la Provincia en busca de un futuro. Para costear sus estudios de abogado consiguió trabajo como administrativo en el SPB, y, como joven estudiante, estaba más preocupado por su carrera universitaria que por su trabajo. Pero como no es políticamente correcto contar la verdad, todos la cuentan a medias y, por consiguiente, la utilizan en contra del ministro.

Parece que las críticas han cumplido su cometido; hoy el ministro no se encuentra en su mejor momento: de la unificación de ministerios sólo le queda Justicia, y el SPB, en el cual ha colocado en los últimos días a un hombre de su máxima confianza, el doctor Pernisi, quien hasta esta designación ocupaba la cuestionada Dirección de Asuntos Internos.

En el ministerio de Seguridad no tiene tanta injerencia. Desde que desembarcó el doctor Baloira las cosas cambiaron. Para darle la impronta de que la fuerza está conducida por civiles, el subsecretario recibió la orden desde la jefatura de Gabinete, que conduce Alberto Pérez, de que se haga cargo de todos los operativos, y que sea él quien salga en todas las noticias.

El nuevo subsecretario, fiel a su estilo, cumplió las órdenes estrictamente. Pide que no se haga ningún anuncio sin que no sea él quien hable; además, en los hechos desembarcó en el ministerio con un grupo de asesores que tomaron casi por asalto varios despachos de los comisarios generales, pidiendo informes, y recomendaron a los uniformados cómo deberían hacer de ahora en más los procedimientos policiales, porque -según dicen- no sabrían hacerlos.

Dentro de la fuerza policial señalan que la juventud vino con mucho ímpetu, sumado a la adrenalina del nuevo cargo; los “funcionarios civiles se deben creer los inventores del agua caliente, y tal vez lo son y el resto de los policías todavía no nos dimos cuenta”, indican.

Lo llamativo de todo esto es que el nuevo subsecretario no toma decisiones por sí solo, sino que las consulta en las sombras con su asesor, quien le dice lo que tiene que hacer. Se trata de Gustavo Donato, un funcionario de la jefatura de Gabinete que dice ser experto en seguridad.

En su intimidad el Gobernador ya tomó la decisión de sacar a Casal del cargo. No porque tenga que reprocharle su accionar, sino para morigerar los ataques desde la Casa Rosada. El ministro todavía no lo sabe, pero ya le están buscando remplazante; falta determinar, de acuerdo al mérito y la conveniencia, la fecha del retiro.

Sólo resta saber por dónde irán los nuevos ataques desde Balcarce 50, a qué ministro apuntarán todos los cañones, o si buscarán presentar en sociedad a los socios italianos -como gusta llamarlos a la Presidenta-. Eso sí, de algo tenemos que estar orgullosos los bonaerenses: esta pelea seguramente quedará en la historia de los argentinos como la madre de todas las batallas.
www.agenciacna.com