Cristina había designado al ex director del Central como representando de la Argentina ante el organismo internacional, pero el ministro de Economía se olvidó de mandar la notificación oficial a Washington y el BM ratificó a Camarasa para un nuevo mandato de 2 años.
Amado Boudou cometió una nueva y grave desprolijidad internacional: estuvo a punto de dejar a la Argentina sin representante en el directorio del Banco Mundial.
Según publica esta mañana el diario Clarín, la impericia del Palacio de Hacienda impidió que asumiera como director del Banco Mundial el recientemente designado Arnaldo Bocco. Es que Boudou nunca envió la notificación oficial de esa designación a Washington.
Frente a la ausencia de un candidato formal, la Asamblea del Banco Mundial ratificó –sin importarle la opinión de Argentina– la continuidad de Félix Alberto Camarasa para un nuevo mandato de dos años como delegado argentino hasta el 2012. Boudou trató de frenar el papelón, pero el blooper del ministro fue la comidilla el último fin de semana en Washington.
En ese momento se oficializó esta información en el BM.
Ahora Bocco está enfurecido con el ministro. La falta, en tiempo y forma, de una notificación fehaciente de su designación hizo que la conducción del Banco Mundial desconociera la decisión política de nombrarlo tomada por Cristina Kirchner .
Lo paradójico es que Camarasa quiere dejar el cargo, pero aceptó la solicitud del staff del Banco Mundial para no dejar vacante “la silla” argentina en el BIRF.
Boudou quiere ahora que renuncie, pero Camarasa le dio una lección de diplomacia financiera : le anticipó que sería un desprestigio mayor para Argentina si renuncia a dos semanas de que Estados Unidos bendijo su continuidad en el BIRF por dos años.
Bocco acusó de un complot a Boudou y Camarasa. Pero Camarasa se comprometió a seguir en su cargo dos meses e irse en enero por motivos personales. Así propuso zanjar el error del Palacio de Hacienda y hacerle un lugar a Bocco. El episodio del Banco Mundial refleja en forma grotesca la falta de profesionalismo con el cual se maneja el equipo económico. Pero también otra cuestión: el nulo predicamento que tiene el Gobierno en Washington , incluso para designar a delegados oficiales en los organismos financieros internacionales.
La cuestión generó fuertes tensiones y expone los motivos del nerviosismo de Boudou y los violentos ataques a la prensa.
Prefiere culpar “al mensajero” en lugar de reconocer sus gruesos errores políticos . El ministro inexplicablemente no concurrió el sábado en Washington a la reunión cumbre del Comité Financiero y Monetario, el organismo más importante del FMI al que asisten todos los ministros de finanzas.
Se refugió en su lujoso hotel y trató de superar otro trago amargo : la Presidenta lo responsabilizó –junto a Héctor Timerman– por el traspié que tuvo en la reunión con Angela Merkel. Cristina Kirchner critica la superficialidad con la cual ambos tratan el problema del Club de París y la evaluación falaz de que el tema no le interesaba a Alemania.
Pero también a la Casa Rosada le preocupa que las actuales advertencias terminen, en noviembre, en un reto público del Grupo de los 20 hacia la Argentina.
Ahí la Presidenta va a estar con todos los líderes mundiales y quiere evitar sofocones . En Washington trascendió que países como Alemania, Francia e Inglaterra sugieren que sea declarada la Argentina como una nación “no colaborativa” con la comunidad financiera internacional.
Hasta ahora son propuestas de los burócratas que trabajan en el G-20.
Propician la sanción política a la Argentina por dos cuestiones centrales: La negativa a las auditorías del FMI . Temen que la Argentina oculte problemas económicos con la manipulación de las cifras, como ocurrió con Grecia.
Desconfían del informe que aportó Argentina para cumplir con el Programa de Evaluación del Sistema Financiero.
Precisamente, las principales críticas internas de la Presidenta a Boudou están vinculadas a que el ministro no pudo hasta hora ponerle freno a las sospechas que existen en el G-20 sobre la Argentina. Se conoce que Estados Unidos y Brasil van a intentar evitar un escándalo contra la Argentina. Pero Boudou soporta un límite para las negociaciones externas: el descreimiento que su palabra tiene en el exterior . Ese problema se reflejó el último fin de semana en Washington: Dominique Strauss-Kahn eludió un encuentro que pretendía Boudou y el ministro no pudo hablar a solas ni siquiera con Nicolás Eyzaguirre. Sólo frecuentó al responsable del “caso argentino” en una reunión con varios ministros de América latina.
La frustración obedece a la tirantez que existe sobre el INDEC y a que Boudou no cumplió su compromiso frente al FMI de normalizar la estadística oficial . No sólo sucumbió frente al poderoso Guillermo Moreno, sino que en los últimos tiempos sufrió una licuación en su poder. Nunca tuvo injerencia en el tema agropecuario y jamás pudo arrebatarle el manejo industrial a Débora Giorgi. Las finanzas públicas le están vedadas por la decisión de dejarlas bajo el férreo manejo de Carlos Pezoa.
Para colmo, en las últimas semanas fracasó su intento de desplazar a Marcó del Pont y la única secretaría que manejaba recibió un recorte en sus funciones. El matrimonio presidencial designó a Alfredo McLaughlin para que se ocupe del FMI y el Club de París, frente a los continuos fracasos de Hernán Lorenzino. El desgajamiento de su poder abrió incluso una interna fuerte con sus aliados. Roberto Feletti, su viceministro, inició un trabajo paciente: intentar socavarlo y sucederlo como ministro de Economía.
Fuente: lapoliticaonline