ShowMatch se desnuda y nos desnuda


ShowMatch es el programa soñado por los gobernantes que se incomodan ante la menor crítica: cual flautista de Hamelin, cada noche en que su gran mentor, Marcelo Tinelli, pone en marcha su imbatible circo sexual, millones se encolumnan hipnóticamente detrás de él y ya no hay otro tema más importante. En el acto se diluyen los problemas de inflación, el malestar por la posibilidad de la reelección indefinida y los hostigamientos mutuos entre quienes se declaran entusiastas kirchneristas y los que les sale sarpullido ante la menor mención de la letra K.

Y no sólo eso: la versión más hot del formato internacional de «Bailando por un sueño» (argentina tenía que ser) replica en una cadena informal durante las 24 horas del día, en un eco incesante al que contribuyen voluntariamente y con intensidad los programas televisivos de chimentos y de archivo, los sitios de Internet ponen a disposición de sus usuarios los videos más audaces de su programa para verlos en cualquier momento y hasta no se privan de utilizarlos los noticieros y los diarios más serios.

***
En estos días, ShowMatch volvió a ser noticia porque, premeditadamente o no, la TV local (a punto de cumplir 60 años) mostró por primera vez en un programa local y en vivo a una mujer de frente sin la más mínima prenda encima . No deja de ser un hito. La novedad sorprende en un momento en que la sociedad parece más superada, curada de espanto, y hasta con la piel más gruesa para tomar la situación con más asombro que pacatería.

El calculado plano largo que evitó el minucioso detalle genital en contraste con los primerísimos planos proctológicos que caracterizan siempre a ese programa develan que algo había sido previamente acordado. En efecto: la tanga debía desprenderse del cuerpo, pero para dejar al descubierto un desnudo de perfil que sugiriese más que lo que mostrase.

Todo fue tan vertiginoso que cuando Tinelli marchó a tomar un refrigerio detrás del telón, aprovechando la tanda comercial, ahí recién fue notificado de que Twitter acababa de explotar con los planos amplificados de esa entrepierna femenina que, por las suyas, había decidido enfrentar a las cámaras. El tema fue motivo excluyente de conversación en la cena de producción después del programa y en el inusual intercambio de mails de madrugada cuando todos se marcharon a sus casas.

***
¿Por qué pasó lo que pasó? Si hay que darle crédito a la versión que acabamos de contar -una subalterna toma unilateralmente una decisión gravísima para su exclusivo beneficio que la organización para la que trabaja supuestamente desconoce- hay que compadecer a Ideas del Sur por ser una empresa que no sabe, no puede o no quiere dominar a su propia fuerza laboral y está expuesta a sus caprichos, como por ejemplo, una onerosa sanción (Afsca ya abrió un expendiente por el incidente y El Trece deberá hacer su descargo. Aquí se produce una situación dual: la emisora es propiedad del enemigo público N° 1 del Gobierno, el Grupo Clarín, pero al mismo tiempo Tinelli tiene una relación afectuosa con la Presidenta).

Ahora, imaginemos por un momento que presentamos un espectáculo con varios monos munidos de armas cargadas. Por más que los adiestremos para que no aprieten el gatillo, hay altísimas posibilidades de que eso suceda.

Salvando las distancias, Tinelli apela cada vez más seguido a pertrecharse de heterogéneos elementos inflamables con el fin de detonar algunas situaciones explosivas previstas. Pero la propia naturaleza de los componentes utilizados ocasiona fallas recurrentes que terminan explotando en la propia cara de los responsables de este peculiar arsenal mediático.

Galería:

Hace rato ShowMatch se ha asumido esencialmente como un show cabaretero de mujeres semidesnudas. El formato no es nuevo: proviene del teatro de revistas y de los espectáculos de burlesque de más bajo fondo, en este caso, con un fuerte plus chimentero, producto de cruzar o hacer convivir bajo un mismo techo a figuras antagónicas propensas a reverdecer viejas reyertas o que van engranando por situaciones que se suscitan en el transcurso del programa. El problema es que el formato original fue previsto para un público adulto y restringido que pagaba su entrada y aquí estamos hablando del programa más visto de la TV argentina en pantalla cuatro noches por semana y a un clic de computadora para verlo en cualquier momento, durante las 24 horas del día por gente de cualquier edad y condición.

Para un programa que tiene una producción afiatada y monolítica, con un preciso y dinámico manejo de cámaras, atractivas puesta en escena e iluminación y excepcional musicalización en función de un animador todoterreno que sabe potenciar lo que le sirve, es muy difícil creer que la cantidad de lolas que se escapan de sus corpiños a lo largo de una temporada sea una falla no querida y no fomentada, aunque más no sea indirectamente.

Desde el caño famoso de Nazarena Vélez, en 2007, periódicamente ShowMatch viene corriendo la línea de la audacia un poco más allá. Siempre sucede lo mismo: pico de rating, gran escándalo, repeticiones a morir en la TV, generoso centimetraje en la prensa gráfica, amague de sanciones y, finalmente, la consabida vuelta de página hasta el próximo episodio.

Desde una mirada más macro del asunto, no es casual que esto suceda en el año en que estallaron en Internet los videos y fotos porno de varios famosos. Sin querer o queriendo (incluso inconscientemente), ShowMatch no quiere perder terreno: aportó su propio desnudo frontal y así quedó un poco más a tiro de esa periferia virtual que empezaba a superarlo y a tener más repercusión.

No escandalizan tanto los desnudos en sí mismos (pinturas, esculturas, fotografías y películas los incluyen desde hace añares) como ciertos diálogos groseros y coreografías innecesariamente chabacanas, donde prevalecen movimientos burdos y procaces, y las peleas de gallinero entre los miembros del jurado y algunos competidores que en verdad subliman una guerra más real: la que disputan en pos de darles la mayor visibilidad a sus próximos espectáculos de verano en salvaje competencia.

Tinelli recrea el cachondo calendario de gomería y lo deposita en la intimidad del living o dormitorio de la familia argentina. Es un delivery a medida: el público lo avala, lo legitima y lo plebiscita con rating sostenido en lo alto desde hace 22 años, lo cual habla mucho más de cómo es nuestra sociedad que del programa que termina siendo un mero emergente hecho a medida.

DIXIT
«Con su delivery de carne televisiva a domicilio, Tinelli corre los limites».

Por Pablo Sirvén | LA NACION