Deuda impaga y juicios en el Ciadi, ejes del reclamo de EE.UU.

La expectativa que tiene Washington de que esos contactos lleguen a buen puerto no quita gravedad a una situación que considera «preocupante» y cuya superación se ve amenazada por el hecho de que se reclaman «respuestas» en áreas que afectan cuestiones sensibles que, hasta ahora, han sido ejes del discurso del gobierno de Cristina Kirchner.

«Queremos que esta crisis se solucione», fue el mensaje de la vocera del Departamento de Estado, Victoria Nuland.

«Como gobierno, hemos alentado a la Argentina a resolver los asuntos que tiene pendientes» en el tribunal arbitral del Banco Mundial (Ciadi), así como a «tomar las medidas necesarias para normalizar total y definitivamente las relaciones con sus acreedores», añadió la funcionaria, al responder preguntas de LA NACION.

Fuentes del gobierno demócrata, en tanto, revelaron que «en los últimos días» se produjeron conversaciones y contactos de uno y otro lado. Hasta ahora el gobierno argentino ha preferido no mencionar públicamente este incidente y fueron vanos los intentos para que se expida.

En medios locales la impresión es que junto con la «firmeza» del reclamo existe expectativa de llegar a buen puerto con sus contrapartes argentinos, aunque no de manera inmediata. «Tal vez haya que esperar a después de octubre», se indicó, en tácita alusión a las elecciones presidenciales.

La nueva diferencia empezó días atrás, cuando la subsecretaria del Tesoro, Marisa Lago, confirmó la inédita decisión de «votar en contra» de los créditos que el gobierno de Cristina Kirchner gestiona ante los bancos Mundial (BM) e Interamericano de Desarrollo (BID). «Lo hacemos para enviar un mensaje» sobre la necesidad de que «los compromisos internacionales se cumplan», dijo la funcionaria, ante el Comité de Finanzas de la Cámara de Representantes.

El gesto aludía a los «incumplimientos» de la Argentina en tres frentes: sus acreedores externos, las empresas norteamericanas con fallos en su favor del Ciadi y el acatamiento de sus obligaciones como socio del Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el Club de París.

Es la primera vez que ese argumento -la rebeldía argentina a aceptar la revisión de cuentas del FMI- aparece tan claramente identificado desde que el 14 de este mes, con el primer voto en contra, empezó la presión diplomática. Fuentes del Departamento del Tesoro añadieron también, en forma explícita, los «incumplimientos» con el Club de París. «La Argentina ha faltado en cumplir con ellos, con el Ciadi y con el FMI», dijo la vocera de esa cartera, Kara Alaimo. «Le hemos dicho varias veces a la Argentina que debe rectificar eso», añadió.

Tal como anticipó LA NACION, la cuestión empieza a perfilarse como un tema por tratar en algún momento de la próxima reunión del G-20, a la que tiene pensado asistir la Presidenta (ver aparte).

Por ahora, Washington parece haber encontrado una fórmula para pasar su mensaje sin que la sangre llegue al río. Vota en contra de los créditos que el país pide ante el BM y el BID, pero es consciente de que eso no impide que sean aprobados. Aunque no se sabe cuánto durará ese precario equilibrio.

«La Argentina es un país amigo. Lo que sí pretendemos es solucionar problemas que llevan tiempo sin respuesta», dijeron las mismas fuentes. La decisión de mantener el voto negativo es «temporaria», se indicó.

MINUÉ DE GESTOS

Fuentes argentinas, sin embargo, temen que la embestida crezca en el futuro inmediato y, sobre todo, que cristalice la posible expulsión de nuestro país de la lista norteamericana de preferencias comerciales.

De producirse, eso afectaría a exportadores argentinos que hoy se ven favorecidos con cerca de 30 millones de dólares al año en beneficios arancelarios. No parece entusiasmar mucho aquí la hipótesis del embajador Alfredo Chiaradia, de someter la diferencia al Tribunal Internacional de La Haya, según se indicó a LA NACION.

Una versión conjeturaba ayer con la posibilidad de que Washington sumara a su sanción la hipotética «expulsión» de la Argentina de un programa de asistencia del Departamento de Estado identificado como «DF4D» (Financiamiento Doméstico para el Desarrollo). Pero la versión se probó errónea: la Argentina no integra ese plan. Tampoco está en mente la posibilidad de cortar ningún otro.

«Estados Unidos no tiene en vista plan alguno para cortar los programas de asistencia bilateral vigentes. La Argentina y Estados Unidos tienen una historia de colaboración común y Washington quiere profundizar el vínculo en aquellas áreas de interés mutuo», sostuvo Victoria Nuland, cuando LA NACION la consultó al respecto.