Comienza su viaje a Reino Unido reconociendo que los casos de pederastia han sido un «shock»
Recuerda que la Iglesia Católica no intenta absorer partes de la anglicana sino compartir «el anuncio de Jesucristo»
ENVIADO ESPECIAL A EDIMBURGO
Durante su encuentro con los periodistas en el vuelo hacia Edimburgo, Benedicto XVI confesó ayer su «gran tristeza» por los abusos sexuales y, sobre todo, porque «la autoridad de la Iglesia no ha sido suficientemente vigilante, veloz y decidida en tomar las medidas necesarias». Más que pedir perdón, cosa que ha hecho en numerosas ocasiones, el Papa analizaba por primera vez los aspectos que han ido mal en el gobierno de la Iglesia, tanto a nivel de las diócesis como de la Santa Sede.
En su reflexión personal, el Santo Padre comentó que «para mí ha sido un «shock», una gran tristeza. Es difícil comprender cómo pueden ser posibles estas perversiones. Los sacerdotes se preparan durante años para ser la boca y las manos de Jesús, para ser el Buen Pastor». Según el Santo Padre, «este es un momento de penitencia y de renovada sinceridad», tal como aconsejó en su carta a los católicos irlandeses.
En realidad, su propia actuación durante las últimas décadas ha sido ejemplar, pues en su época de cardenal fue uno de los primeros altos responsables de la Curia vaticana que comprendió la profunda gravedad de estos abusos. De hecho, a partir de 2002, Juan Pablo II pasó la responsabilidad de hacerles frente a la Congregación de la Doctrina de la Fe, presidida por Joseph Ratzinger, visto que los dicasterios del Clero y los Religiosos no adoptaban una actitud lo suficientemente enérgica.
En un detallado análisis de las vías de solución, el Papa señaló que la prioridad es ayudar a las víctimas «a que superen el trauma y recuperen la confianza en el mensaje de Jesucristo». El segundo aspecto es abordar de modo realista «el problema de los culpables», muchos de los cuales sufren «una efermedad». Por ese motivo es esencial «excluir por completo el acceso a los jóvenes», no solo para proteger a las potenciales víctimas sino también para «proteger de sí mismos» a los sacerdotes enfermos.
La tercera línea de actuación es la preventiva: mejorar «la selección de los candidatos al sacerdocio», así como su educación y su formación. El Papa elogió a los obispos británicos por haber prestado en estos últimos años una buena atención al problema y por haber colaborado tanto con la Santa Sede como con las autoridades civiles. Aunque no han faltado casos lamentables, la incidencia es menor que en otros países.
«Camino equivocado»
Cogiendo el toro por los cuernos en el desagradable capítulo de los abusos sexuales, el Papa dio un gran paso para desactivar el primero de los peligros que amenazaban con enturbiar este viaje. A continuación abordó con la misma claridad los otros dos: el anticatolicismo y el antigermanismo.
Frente a quienes piensan que la Iglesia Católica esté sobre todo concentrándose en mejorar su imagen o intentando absorver partes de la iglesia Anglicana, el Papa advirtió que «una iglesia que intenta ante todo ser atractiva estaría ya en el camino equivocado», pues lo importante «no son los números o el poder, sino el anuncio de Jesucristo y su mensaje de reconciliación», haciéndose transparente para facilitar que se vea tan sólo la figura de Jesús. Con esa actitud, «anglicanos y católicos caminan en la misma dirección, ser instrumentos de Jesucristo, ser amigos del Señor. La prioridad de Jesucristo les auna, y dejan de estar en competencia». De ese modo, ambas comunidades «se reencuentran recíprocamente en el verdadero y profundo ecumenismo».
Respecto al tercer capítulo espinoso, el del antigermanismo, el Papa alemán elogió el enorme esfuerzo de Gran Bretaña para hacer frente al nazismo, del que el propio Ratzinger fue una víctima cuando las autoridades le sacaron del seminario y le obligaron a servir en una bateria antiaérea en las cercanías de Munich.
Benedicto XVI elogió el tradicional espíritu de tolerancia de la cultura británica, y dio efusivamente las gracias a la Reina Isabel II por haberle recibido en visita de Estado, la primera de un Papa al Reino Unido. En conjunto, las reflexiones del Papa durante el vuelo pusieron las bases para resolver todos los problemas por elevación, evitando que la lacra de los abusos o que los anticuados prejuicios de algunos británicos oscurezcan los objetivos fundamentales de su visita.
Fuente: ABC