La encrucijada política de la centroizquierda nacional


Desde Proyecto Sur bregan por la unidad de acción entre su espacio político con el GEN y el Socialismo, mientras que estos últimos optan por ir en un acuerdo con el radicalismo de cara al 2011. El dilema de la centroizquierda nacional para dar forma a una coalición progresista en las próximas presidenciales.
El 2011 está a la vuelta de la esquina para la mayoría de los espacios y partidos políticos argentinos, y es por eso que ya se vienen haciendo reuniones y negociaciones entre diferentes referentes para intentar llegar a acuerdos que le den una mayor chance en las próximas elecciones generales.

Una de las figuras emergentes de la nueva política nacional luego de las elecciones legislativas del año pasado, es sin duda el diputado nacional de Proyecto Sur, Fernando “Pino” Solanas, quien a base de su popularidad y carisma como cineasta, y años de militancia política y social, se ha sabido encaramar como una opción de cambio para los argentinos.

Ungido como una de las caras posibles de derrotar al macrismo en la ciudad de Buenos Aires y capaz de lograr una buena cantidad de votos a nivel nacional que complique la permanencia en el poder del matrimonio presidencial, de allí la importancia de la estrategia a seguir por parte de Proyecto Sur de cara al 2011.

Desde un vasto sector del progresismo se ve en la figura de Pino Solanas como el hombre que puede llegar a dar pelea para terciar en la lucha del bipartidismo peronista radical, y es por eso que se encuentran bregando, por ahora inútilmente, en lograr una alianza entre todos los sectores de la centroizquierda nacional, que bajo un programa común de recuperación del sentir nacional y popular, pueda dar batalla en las próximas elecciones presidenciales.

Todas las voces del progresismo nacional, llámese Proyecto Sur, Gen, Partido Socialista, Frente Cívico, SI, CTA, Libres del Sur y sectores independientes, sostienen que la mayoría de los partidos políticos, como el ARI, la UCR , el PRO, el peronismo disidente y otras fuerzas menores, no critican al kirchnerismo por las cosas que se han hecho mal, como el mantenimiento de la política económica neoliberal de los ´90, el autoritarismo al interior de los organismos oficiales, el pago sistemático de la fraudulenta deuda externa, etc; sino que por las que se han hecho bien, como es la política de derechos humanos llevada adelante desde el 2003, la estatización del sistema de reparto, la nueva ley de Servicios Audiovisuales, la vuelta al Estado nacional de Aerolíneas Argentinas; entre otras medidas, que han permitido establecer una nueva serie de preponderancia dentro de la política nacional.

La principal traba a un acuerdo entre estos sectores radica en las alianzas y acuerdos que algunos de sus miembros tienen con referentes del kirchnerismo o el radicalismo en varias provincias del país, como sucede por ejemplo con el Socialismo en la provincia de Santa Fe, que mantiene un acuerdo estratégico de gestión con la UCR , y del cual no estarían dispuestos muchos de sus dirigentes a apartarse del mismo.

Es por eso que Solanas en una entrevista dada a Télam el fin de semana resaltó que “no vamos a dejar de decir que es un error que los socialistas y el GEN vayan detrás del partido radical, pudiendo conformar un espacio muy fuerte capaz de cambiar la Argentina. No quieren arriesgar sin darse cuenta que el país está para arriesgar».

A pesar de todo, una serie de dirigentes menores de todas las fuerzas progresistas, se encuentran trabajando arduamente en la construcción de un programa que aúne una serie de puntos comunes, que pueda arrastrar a todos sus principales dirigentes a una alianza partidaria de cara al 2011, que permita luchar por un modelo distinto de país, y que sea una verdadera alternativa de poder contra el kirchnerismo y el Panradicalismo.

Este acuerdo que algunos dirigentes de la centroizquierda nacional tienen en mente, tendría como eje central la “Refundación de la Argentina ”, cuya meta primordial es devolverle la fuerza perdida durante los ’90 y principios de este siglo al Estado nacional y los provinciales, haciendo un nivel de coparticipación más justa y soberana, y que el gobierno central deje de tener tanta injerencia y de ejecutar presión a las provincias ante la amenaza de no darle los fondos que por legitimidad merecen.

Además, se busca acabar con la Megaminería a cielo abierto que destruye poblaciones enteras en el interior del país; devolverle al país la petrolera estatal, ya sea nacionalizando YPF o construyendo una nueva empresa; la auditoría completa de la deuda externa, para distinguir la deuda legítima de la ilegítima; la reconstrucción total de la red ferroviaria nacional, perdida durante el menemismo y sus privatizaciones; independencia total de poderes en el país; enjuiciamiento de aquellos funcionarios de los gobiernos anteriores que cometieron actos de corrupción; acabar con la entrega de nuestros recursos a las corporaciones internacionales por los sucesivos gobiernos de nuestro país; etc, todos temas en que la mayoría de las fuerzas progresistas comparten.

A todo esto habría que sumarle también su intención de hacer una fuerte alianza con los países de la región, sobre todo con la Bolivia de Evo Morales, el Ecuador de Correa, el Brasil de Lula y la Venezuela de Hugo Chávez, intentando de esa manera romper con el cerco que dicen que quiere hacer el presidente estadounidense Barack Obama, para regular y coercionar a los intereses de los países latinoamericanos para su crecimiento.

Los que conocen a Solanas, Stolbizer y los principales dirigentes del Socialismo, aseguran que es viable que se puedan juntar en una mesa a negociar estos puntos, aunque ya se avisa de antemano que quedan fuera de esta negociación el movimiento que encabeza el diputado nacional y ex intendente de Morón, Martín Sabbatella, así como también con el ex intendente de la ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, por considerarlos elementos del kirchnerismo dentro del pensamiento nacional y popular, que nada tienen que ver con el progresismo, sino que estarían ligados a intereses mezquinos de la política local.

Las prácticas del matrimonio santacruceño cada vez le deparan menos respuestas al progresismo nacional, y los seguidores de estos dirigentes ya no pueden ocultar el descontento, ven como día a día se caen sus sueños idealistas a pedazos y la tozudez de los líderes centroizquierdistas les hacen vivir un ridículo permanente.

En esta nueva encrucijada se encuentra hoy en día la centroizquierda y el progresismo nacional, donde la tarea central es hacer que sus intereses puedan ser vistos por gran parte de la población como verdaderos agentes de poder en la política nacional, y de esa manera dar batalla en serio en las futuras elecciones presidenciales, que marcarán un antes y un después para los intereses de la Argentina de cara a las próximas décadas.

Fuente: agenciacna.com