¿Por qué Obama sale en gira por Brasil y Chile y omite hacer esperada escala en la Argentina?

No puede llamar la atención que en su próxima gira por estas latitudes, el presidente de Estados Unidos, Barak Obama, haya optado por las lógicas escalas en Brasil y Chile. Brasil, porque es la octava potencia del mundo y Chile porque es un socio previsible, confiable y muy útil a las preocupaciones de Washington en esta parte de América latina.
No hay que darle otra vuelta a la manivela de las especulaciones. En los tiem-pos que corren una visita del jefe de la nación más poderosa del planeta exige un impresionante despliegue de logística y seguridad. Meterse en la Argen-tina, en un año electoral, con un escenario de todos contra todos en el marco de situaciones increíbles para la sensatez, es sencillamente despilfarrar esfuerzo y correr el riesgo de quedar entrampado en problemas.
Lula ya no está en el go-bierno de nuestro gigante vecino y Obama necesita transmitir un gesto cristalino y de plena confianza a Dilma, su sucesora. Además, en la agenda hay un montón de intereses en común que pasan incluso por lo militar. La nueva mandataria brasileña ­para algarabía de los fabricantes norteamericanos que se creían ya fuera de carrera- ha postergado una substancial compra a Francia por va-rias decenas de miles de mi-llones de dólares de dos escuadrones de cazabombarderos Rafale de última generación con su equipamiento completo al igual que repuestos.
Quedan pocas dudas que Obama ­que necesariamente tiene que cosechar votos para aspirar a su reelección- procurará tender con su anfitriona los necesarios puentes de entendimiento en la esperanza de que el material bélico estadounidense pueda reengancharse en la competencia.
Con Sebastián Piñera ­que al igual que Dilma habla un inglés académico de una perfección que hace avergonzar a cualquier in-terlocutor angloparlante- las afinidades son múltiples y conocidas y los objetivos estratégicos pasan por la misma escuela. De alguna manera Chile, ya desde épocas de la Concertación y el más puro socialismo, se ha convertido en gerenciador de intereses norteamericanos en la región, materializados ­por ejemplo- en grandes cadenas de supermercados que operan en la Argen-tina.
Quiso la mala fortuna que el itinerario excluyente de Obama se conociera en el mismo momento en que cobran luz ­a través del conventillo de wikeleaks- opiniones atribuidas a los ex presidentes chilenos Mi-chelle Bachelet y Eduardo Frei, vertidas en su mo-mento confidencialmente ante altos funcionarios del Departamento de Estado norteamericano. Allí Ba-chelet habría sostenido que la Argentina tiene serios problemas de credibilidad mientras que su democracia no es robusta y sus instituciones no son fuertes. Frei fue más lapidario: “Argentina destruye por el día lo que la naturaleza crea por la noche”.
Lo peor de todo es que ambos tienen razón, y sus reflexiones son irrefutables. Además fuera de algunos tibios chisporroteos propios de cualquier gestión, las relaciones entre el Gobierno y la ahora oposición chilena no son obstáculo para que Obama pueda hablar con todos, particularmente en la habitual re-cepción que suele ofrecerse en este tipo de acontecimientos. Lo mismo ocurre con Brasil. Pero es de imaginarse el zafarrancho que se produciría aquí con quienes pugnen ingresar a la embajada de Estados Uni-dos para sacarse una foto con Obama y quienes rigurosamente sean invitados a la recepción oficial, con el riesgo de que Cristina, qui-zás y no sería la primera vez, decida no ir.
¿Perjudica esto a la Argentina?. Las naciones tienen vida propia y permanente y trascienden a sus gobernantes ocasionales. Las cosas no irán mejor ni peor en nuestro país porque Obama no venga. Pero el cruce de facturas será encarnizado. El primero en la mira será indudablemente el canciller Héctor Timerman, un hombre que ha tenido la rara habilidad para hacer del más pasivo de los mortales su peor enemigo. Y eso en diplomacia puede ser fatal.
Fuente: el-litoral.com.ar