(PL) El museo memorial de Auschwitz-Birkenau en Polonia centró hoy las conmemoraciones del Día internacional de Recordación del Holocausto en memoria de las millones de víctimas del nazismo que perecieron en los campos de exterminio en Europa.
Auschwitz-Birkenau se convirtió en el símbolo de las atrocidades y el genocidio contra judíos, polacos, rumanos, checos, gitanos, rusos, ucranianos, belarrusos y otras nacionalidades europeas durante la Segunda Guerra Mundial. Se calcula que murieron allí un millón de personas.
Los presidentes de Polonia, Bronislaw Komorowski, y de Alemania, Christian Wulff, participaron en las ceremonias oficiales, junto a sobrevivientes, familiares, ciudadanos comunes y visitantes asiduos que acuden al lugar hace 66 años.
Desde entonces las historias de las víctimas y las advertencias sobre las lecciones del pasado recorren el mundo para impedir que se repitan crímenes horrendos contra la Humanidad.
El Holocausto y genocidios posteriores al nazismo como las historias siguen siendo válidos para acabar con los odios, afirmó el jefe ejecutivo de la Fundación Memorial del Holocausto.
La juventud tiene el deber de recordar los crímenes perpetrados en Auschwitz para poder así construir un mejor futuro, subrayó Komorowski en una de sus intervenciones ante invitados y sobrevivientes.
Iby Knill, de 87 años, quien vivía en Bratislava cuando los nazis invadieron a la antigua Checoslovaquia, rememora en su historia contada al periódico The Guardian el confinamiento en el campo de exterminio de Auschwitz, en 1942.
Nos ponían en fila para ser contados cada día y si alguien se movía o caía, se los llevaban, recordó con la angustia visible todavía.
Knill fue recluida también en el campamento de trabajo forzoso en Bergen-Belsen, cuando los nazis cerraron Auschwitz, para esconder lo que funcionó allí como la maquinaria de exterminio humano.
Otra de las historias pertenece a Martha Blend, de 81 años, nacida en Austria y enviada a Reino Unido por sus padres en 1939 para salvarla. Su padre murió ese año en Buchenwald, mientras su madre fue llevada a un ghetto en Viena y luego a un campo de concentración en la Polonia ocupada.
Lily Ebert, quien sufrió junto a su familia húngara la deportación a Auschwitz, contó cómo un guardia (Josef Mengele -criminal nazi conocido como el «ángel de la muerte»), separaba hacia la izquierda a los niños y a los enfermos del resto de los prisioneros.
Mi madre, un hermano menor y otra hermana fueron enviadas a la izquierda y nunca los volví a ver. Pasábamos hambre y frío. Yo estaba con mis hermanas jóvenes y lo que más me preocupaba era la selección, pues a medida que estuviésemos más débiles seríamos seleccionadas para ser asesinadas. Escondía trozos de pan y así sobreviví, aseguró Ebert.
El presidente de Polonia reconoció que la guerra dejó una huella de dolor en varias generaciones de polacos, incluida la suya, con una niñez marcada por las memorias del conflicto, los crímenes nazis y la insurrección de Varsovia.