Grasas trans, un siglo tardamos en comenzar a eliminarlas de la industria alimenticia

En Argentina, una ley del año 2010 entra finalmente en rigor el 3 de diciembre, para reducir su uso a menos del 2% en aceites y margarinas y 5% en el resto de los productos
Por Anastasia Gubin La Gran Época

Pese a la evidencia científica de los efectos cardiovasculares adversos para la salud, desde principios del siglo XX las grasas trans o Ácido Graso Trans ( AGT)son utilizadas en la industria de alimentos para que estos luzcan más frescos de lo que son.

En Argentina, una ley del año 2010 entra finalmente en rigor el 3 de diciembre, para reducir su uso a menos del 2% en aceites y margarinas y 5% en el resto de los productos.

En cambio en el viejo continente, en España, su contenido en los productos procesados, como las margarinas, bollería etc, «ha disminuido a lo largo de los últimos años y es inferior al 1% en más del 90% de estos productos”, señaló la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética” en el mes de julio.

Estas grasas se producen por un efecto químico de hidrogenación de los aceites vegetales, lo que hace que se transformen en grasas sólidas, que aveces son señaladas como “grasas hidrogenadas”. También se producen en la grasas que se hornean. A su vez se encuentran en menor cantidad en las grasas naturales de los animales rumiantes y en la leche.

La resolución argentina del 3 de diciembre de 2010 (137/2010 y 941/2010) decidió que “el contenido de ácidos grasos trans de producción industrial en los alimentos no debe ser mayor a: 2% del total de grasas en aceites vegetales y margarinas destinadas al consumo directo y 5% del total de grasas en el resto de los alimentos”.

Estos límites no se aplicarán a las grasas “provenientes de rumiantes, incluyendo la grasa láctea”.

El Ministerio de Salud del país reconoció que las grasas trans “son factores causantes de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares, diabetes y ciertos tipos de cáncer”, en un comunicado del 27 de noviembre.

Fue en la década pasada, cuando la Organización Panamericana de la Salud (OPS), hizo un llamado para abogar por “Las Américas libres de grasas trans”.

Ricardo Uauy, el entonces presidente del grupo, señaló: “Los efectos negativos de las grasas trans producen altas tasas de enfermedades cardiovasculares, que derivan en infartos y derrames cerebrales, evitables con una buena educación e información”, según un reporte de la Procuraduria Federal del Consumidor en México (PROFECO), en 2007.

La OPS considera que la reducción de consumo de grasas trans del 2 a 4% cuando menos, podría evitar hasta 225 mil ataques cardiacos en América Latina y el Caribe.

El efecto negativo de estos ácidos grasos se debe principalmente a que “producen alteraciones en el metabolismo de las lipoproteínas. Su ingesta está relacionada con el aumento de la concentración del colesterol total y el colesterol LDL (o “malo”) en sangre y con la disminución del colesterol HDL o ‘bueno’, informa FERNAD.

En diciembre 2014, los cuatro años para dar curso a la ley argentina ya pasaron, y el viceministro de Salud de la Nación, Gabriel Yedlin, destacó “el trabajo que se ha hecho junto con la industria» para llevar adelante el proceso de cambio del Código Alimentario para que los alimentos elaborados estén libres de grasas trans, durante la reunión de la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) del 27 de noviembre, según el Ministerio de Salud.

En España el contenido de grasas trans o AGT está regulado a menos del 4% en las fórmulas infantiles según una directiva comunitaria de aplicación en toda la Unión Europea (DOCE, Directiva 96/4 de 16 Febrero 1996) y posteriormente publicada en el Boletín Oficial español BOE (RD 72/1998).

“Unicamente 2,1 g/día, 0,7 % de la energía ingerida proviene de AGt, valor inferior al valor máximo recomendado (<1%)» según los datos del estudio TRANSFAIR.

Para el país hibérico, FERNAD recomendó en julio pasado como necesario, desarrollar y aplicar normativas que regulen el contenido en AGt en los productos comercializados en el país, incluyendo la obligatoriedad de incluir este dato en el etiquetado.

En el 2004, Dinamarca aprobó leyes que limitan el uso de las grasas trans al 2% del total de grasa en los alimentos que se venden en dicho país, incluyendo los que se sirven en restaurantes, según PROFECO.

En Canadá y Estados Unidos es obligatorio que en las etiquetas se señale si los alimentos contienen más de 0.5 g de ácidos grasos trans por ración.

En Chile es obligatorio que las etiquetas de los productos indiquen si tienen grasas trans, y se permite a la industria destacar si ha disminuido su uso significativamente.

El consumidor puede estar atento con los productos que compra, especialmente a los bebés, niños y adolescentes; evitar las grasas hidrogenadas, los aditivos químicos, que muchas veces se resaltan con el título de biológicos, y que solo buscan mejorar el aspecto de los mismos y ocultan «alimentos peligrosos». Cuando la grasa se acumula en las arterias, la situación empeora y no hay marcha atrás; es mejor prevenir.

 

Fuente: http://www.lagranepoca.com/34209-grasas-trans-siglo-tardamos-comenzar-eliminarlas-industria-alimenticia