Se trata de Alberto Pampín. También trabajó para el Gobierno Nacional. Su víctima lo siguió durante 13 años hasta lograr que lo detuvieran.
Alberto Eduardo Pampín, el hombre al que Paula persiguió durante 13 años para hacerlo pagar por sus abusos, es un conocido empresario del espectáculo que prestó servicios para la Fiesta Nacional de la Vendimia.
Es dueño de la empresa Pampín Luces, página que actualmente está caída porque fue preso gracias a que su víctima lo persiguió y logró hallarlo, cosa que Interpol nunca logró. Cuando apenas era una nena, el empresario la obligaba a drogarse y luego la violaba.
Pampín también se encargó de hacer la iluminación en la mayoría de los grandes eventos organizados por el Gobierno Nacional, como el Festival por la Democracia (el 9 de diciembre de 2012, en Plaza de Mayo), la feria Tecnópolis en Buenos Aires, el Edificio de YPF para el 25 de Mayo, la Conmemoración de Vuelta de Obligado (en 2011, en San Pedro), el stand de Presidencia de la Nación en la Feria del Libro y el de Buenos Aires Joven.
Su denunciante, que hoy tiene 27 años, fue entregada a los 14 por sus padres para que otros abusaran de ella. Entre sus abusadores estaba Pampín.
Fue ella misma quien condujo a la Policía hasta el empresario, condenado por haber pagado para abusarla y que se encontraba prófugo.
“Yo no podía permitir que se salieran con la suya”, dijo Paula en una entrevista con Clarín.
En 2005 la chica logró querellar a sus propios padres. La causa los incluyó a ambos, a los dos proxenetas que alquilaban los departamentos donde la explotaban sexualmente y al empresario que cayó el miércoles.
La Corte Suprema confirmó la condena de los cinco imputados en 2013, se fugaron e interpol libró una orden de captura.
Pero Paula no bajó los brazos y fue ella misma, y no Interpol, la que logró encontrar a Pamín: fue en el banco de una plaza porteña, donde ella misma condujo a la policía.
“Desde los cuatro años, mi papá, un policía de la Federal, dejaba que abusaran de mí a cambio de plata. Mi mamá lo permitía. Incluso cuando estaba en lo de mi tía y la iban a visitar amigos, ella miraba para otro lado mientras me violaban. Después, le dejaban unos pesos en una mesita”, contó la mujer a Clarín. .
En marzo de 2001, cuando tenía 14 años, la mandaron a una casa ubicada en la calle Sánchez de Bustamante, en Capital. “Mi papá me entregó. Y el dueño abusaba de mí. Si a esos chicos los vi dos veces fue mucho. No hacía nada más que ir al colegio”, contó.
Desde allí la enviaron a prostituirse a dos departamentos de Capital. Allí fue cuando conoció a Alberto Pampín. “Me obligaba a consumir cocaína cada vez que estaba conmigo porque le gustaba hacerlo así. Lo consideraban un cliente especial “.
“Había que atenderlo mejor que a otros porque, además de ir seguido, dejaba una cantidad de dinero importante”
“Mi mamá me amenazaba con que, si huía, mi hermanita de 2 años iba a sufrir las consecuencias”, contó a Clarín.
La escuela, la salvación
Por suerte, Paula nunca dejó de ir al colegio. Un día se animó a contarle a una profesora lo que le pasaba y en la escuela la salvaron “Nunca más volví a los departamentos. Fui a la Defensoría de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes de Flores y luego a un hogar”, cuenta.
El 21 de mayo de 2005, a los 17 años, logró impulsar definitivamente la causa judicial. Patrocinada por abogados del Consejo de los Derechos de los Niños de la Ciudad de Buenos Aires, le pidió a la Justicia querellar a sus papás, Delmar S. y Mónica R.
Ambos fueron condenados, a 10 años de prisión por abandono de persona agravado por el vínculo; a Osvaldo Aníbal Valdéz y a Hugo César Peña, a 8 años por promoción de la prostitución de una menor (eran los explotadores); y a Pampín, a 5 años por el mismo delito.
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