Fue un triunfo necesario para el equipo de Avellaneda, aunque no resultó tan sencillo. El 9 metió tres, pero la defensa volvió a sufrir.
El fútbol es, entre muchas otras cosas, golpear en los momentos clave. En nuestro fútbol se corre, se presiona, se destruye y se juega poco; entonces, el oportunismo es fundamental. Van 38 minutos de la primera parte. Independiente casi que se encontró con un gol y ahora aguanta la búsqueda -con pocas ideas pero obstinada- de Talleres. Fabio Alvarez le gana la espalda a Marcelo Vidal y envía un centro preciso para Gonzalo Klusener, que se perfila en soledad en la puerta del área chica. Mientras la pelota cae, Klusener recuerda las veces que soñó con esa situación. Un 9 , ahí, no puede fallar. El delantero cabecea, la pelota besa el poste derecho y se va afuera. El atacante busca un explicación en el cielo y Diego Rodríguez saca rápido. El balón le llega a Lucas Villalba y este extiende para Mancuello. Van 39 minutos cuando Mancuello pisa el área y manda el centro atrás para Facundo Parra. Mientras la pelota cae, Parra recuerda las veces que soñó con esa situación.
El hombre del partido no falla y pone el 2-0, que, anímicamente, liquidó el duelo.
Con oportunismo se recuperó Independiente: venció 3-0 a un débil elenco cordobés. Ganó el Rojo y, por momentos, brilló. Pero no fue un partido de excelencia. Y todos los que vieron los 90 minutos lo saben.
Es inútil objetar una goleada. Fue contundente el local, que se reencontró con la victoria luego de 8 fechas (4 empates y 4 derrotas), y con el cariño de la gente. La imagen del final es elocuente: la hinchada aplaude y los jugadores le entregan la camiseta.
Mereció ganar Independiente y eso no entra en discusión. Sin embargo, hay aspectos que deben ser atendidos. El principal es el funcionamiento defensivo. Diego Rodríguez nuevamente se vistió de bombero y apagó todos los fuegos que generaron sus propios defensores. Dudó y mucho la dupla Cáceres-Ojeda. A espalda de Vidal jugó -y muy bien- el enganche Alvarez; los volantes externos arrancaron intensos, pero se diluyeron rápido. Cuando el partido se estaba armando, golpeó Independiente. En todo gol hay algo de fortuna. La jugada del primer grito comenzó con un largo pelotazo de la defensa para que la aguante Montenegro, ese que está acostumbrado a jugar con la cancha de frente. Clarificó Fredes abriendo a la izquierda y Villalba se mandó una jugada de lateral brasilero. Centro atrás y gol de Parra, que sólo la tuvo que empujar.
Con el tanto se replegó Independiente. No jugó bien Vidal (con molestias físicas) y se notó: erró pases y falló en la marca. Alvarez lo aprovechó y mostró sus cualidades. Una larga corrida del enganche -luego de una pérdida de Fredes- terminó con un fuerte derechazo del 10 y una buena tapada de Rodríguez. Minutos después, Barrionuevo probó y apareció otra vez el arquero del Rojo . A los 39 minutos, la historia que ya fue narrada: lo erró Klusener y un minuto después Parra se vistió de verdugo.
Y ya no hubo partido.
En la segunda parte el local justificó la goleada, aunque siguió sufriendo en defensa. Con el ingreso de Bellocq, Independiente ganó en claridad y en presencia física. Montenegro se liberó y marcó el ritmo del ataque. Talleres explicó porqué está dónde está. Y Parra coronó su gran tarde tras un buena jugada de Matías Pisano.
Ganó Independiente y se sacó una mochila pesada de los hombros. Goleó a un equipo sin respuestas y es necesario que los hinchas se desahoguen. El análisis profundo llegará más adelante. Después de tantas pálidas, ahora es tiempo de sonrisas.
Fuente: Clarín