Se arma el retorno al poder de sectores «boilivarianos» proscriptos por Chávez. Prisión, martirio, lazos en Argentina y movimientos acallados.
El insurgente que amenaza a Maduro en Venezuela
El nombre del poder insurgente en una Venezuela convulsionada por la disputa entre los herederos de Hugo Chávez, con Nicolás Maduro al frente y los abanderados de la oposición antichavista, con Henrique Capriles como referente, es el de Raúl Isaías Baduel, un general que está preso, que podría ser liberado y que es una noticia acallada en estos días en su país.
Una señal no pasa desapercibido y es tomada con preocupación o entusiasmo, según sea quien la observe: su nombre está escrito en las paredes de los cuarteles de Fuerte Tiuna, enclave de la escuela militar y sede del Ministerio de Defensa. Allí es, coincidentemente, en donde se instaló la capilla ardiente de Hugo Chávez Frías.
Su última aparición pública fue a través de su cuenta de Twitter, el 13 de noviembre, cuando denunció el allanamiento de la celda en la que se encuentra encerrado.
El general Baduel pasó de ser un entrañable amigo del ex presidente Hugo Chávez y un adversario que había que silenciar. Fue él quien lo repuso en el poder tras el golpe de Estado del empresariado, liderado por Pedro Carmona, en 2002. Pero también fue Baduel quien se opuso a la reforma constitucional de 2007. Y ganó, porque Chávez perdió debido al voto negativo de la ciudadanía en ese momento.
Fue allí cuando se transformó en un enemigo del por entonces herido pero todavía potente líder venezolano. Una situación que confundió a la Venezuela que todavía vivía en el auge de la espuma chavista: incorporación de grandes sectores sociales marginados a la economía y, a la vez, temor de la clase media tradicional y la burguesía empresaria a los “modales” del chavismo, pero por sobre todas las cosas, a las restricciones de libertades que podía implicar.
En 2002, Baduel lideró una acción sin precendentes en una Latinoamérica pletórica de caudillos, caudillejos y golpes de Estado: el “Operativo Restitución de la Dignidad Nacional” que contó con dos fases:
1. Restaurar la continuidad democrática y la paz social luego del Golpe de Estado en Venezuela de 2002.
2. Rescatar de su cautiverio al presidente Hugo Chávez.
Lo consiguió. Entonces fue un héroe con 6 años de sobrevida.
Baduel, con Chávez vivo, no fue una pieza más de la estructura del poder. Ejerció la comandancia general del Ejército venezolano desde enero de 2004 hasta julio de 2006, y fue ministro de la defensa de junio de 2006 hasta julio de 2007.
Una historia de amenazas, muerte y dictaduras
Se opuso a la “salida a la cubana” del modelo bolivariano que, entre otras cosas, suponía “la eternización de Chávez en el poder”, según denunció en su momento.
En 2008 llamó a “dar un golpe de timón” al modelo y anticipó que el chavismo recurriría al fraude, de ser necesario, con tal de sustentarse en el poder.
El video con aquellas denuncias circula hoy masivamente en las redes sociales, posiblemente en la búsqueda de que se contraste aquello con la actualidad política, social y económica del país:
Denunció que intentarían matarlo o encarcelarlo y señaló que llegaba a su fin “el negocio petrolero” que, históricamente, ha marcado los pasos de la vida institucional de Venezuela.
En 2009, acusado de malversar fondos, fue encarcelado con una condena a 8 años de prisión por un tribunal y bajo un código militar, situación considerada nula por su defensa, ya que no se lo juzgó por causa alguna vinculada a la portación de uniforme. Él y su entorno, vinculado estrechamente a la “Revolución Bolivariana” que lo defenestró, insistieron en que Chávez lo quitó del camino sucesorio.
Movimientos subterráneos
En los últimos días hubo intentos de rescatarlo de prisión. La información no es negada ni afirmada desde su entorno inmediato, con quien MDZ se comunicó, pero sí es un grito silenciado en el ámbito político venezolano.
Hasta ahora, se ha negado a los indultos propuestos por sus ex camaradas de lucha: “Baduel –nos dijo una fuente de la Asamblea de Venezuela- le conviene sufrir la cárcel y mostrarse como un mártir del ´régimen´. Ese es su capital político. Igual que le pasó a Chávez”.
Probablemente por ello es acosado permanentemente, como denuncian sus familiares, para evitar que se comunique con el mundo exterior, ya que ejerce un liderazgo sobre los sectores que dieron origen a la Venezuela “bolivariana” y que no encuentran en Nicolás Maduro ni en Diosdado Cabello, su contrapeso interno en el PSUV que gobierna ese país, la imagen paternal que supo ostentar –aunque con ideas divergentes en algún puntos con las de Baduel- el fallecido presidente Chávez.
Pero hasta ahora su mayor capital político parece estar en su equipo de defensa legal. A fines de noviembre, la Corte Marcial de la República Bolivariana de Venezuela dio lugar la apelación que pidió la defensa hace seis meses para que se aplique la medida alternativa de libertad conforme con el Código Penal. Sin embargo, la decisión remite al Tribunal de Ejecución, instancia menor, que un principio negó la medida a Baduel.
Omar Mora Tosta, abogado defensor, afirmó que la decisión es una maniobra, “una forma artificial de tener a Baduel tras las rejas”, según lo publicó el diario El Nacional. “No se explica cómo una instancia mayor toma una decisión aceptando la apelación y luego diga que el Tribunal de Ejecución, un tribunal menor, es el tiene que decidir la libertad que le corresponde por ley al general Baduel”, sostuvo. El general Baduel fue sentenciado a 7 años y 11 meses de prisión, de los cuales ha cumplido 5 años.
El mártir
Antes de que sea “rescatado” del martirio, la defensa jurídica de su causa judicial prefiere dejar en claro que, como ellos lo entienden, el ex “amigo entrañable de Chávez” fue injustamente condenado a prisión. Ya no está vivo el único que podría refutarlo y efectuarle un contrapeso real. Y, de hecho, es Baduel un “héroe” de la revolución que Maduro no logra sostener con peso propio y que hace equilibrios con efusivas e insólitas invocaciones a mensajes desde el “más allá” del líder muerto.
Mientras tanto, una foto datada en 2011 se ha transformado en un ícono (ver arriba): se lo aprecia tras las rejas y con la mirada en el horizonte.
Un tercero en discordia
En la dirigencia política venezolana prefieren mantener el anonimato, una situación que permanece intacta desde aquel 7 de octubre de 2012, cuando MDZ cubrió desde Caracas la última elección con Chávez vivo, situación en la que numerosos dirigentes e intelectuales, aun “amigos”, simpatizantes o “ninis” rogaron, literalmente, que preserváramos su anonimato.
Hoy sostienen que Baduel representa al chavismo insurgente del “Juramento de Samán del Güere”, el “momento cero” del chavismo cuando nace, en 1982, el “Movimiento Revolucionario Bolivariano 200”. Por cierto, según recuerdan sus contactos actuales, es Baduel el sobreviviente más destacado de aquella camada que, además de él y Chávez, integraron Jesús Urdaneta y Felipe Antonio Acosta Carlés.
Los detractores del silencioso insurgente Baduel son muchos. Por izquierda, están quienes recuerdan que no acompañó a Chávez en el movimiento golpista de 1992 y que, por lo tanto, lo marginan del espíritu inicial de “bolivarianismo”. Por derecha, en tanto, afirman que “ya basta de bravuconadas que para eso ya tuvimos a Chávez y ahora a Maduro”, señalándole que denunció los presuntos intentos dictatoriales del líder fallecido “demasiado tarde, sólo cuando se vio afectado en lo personal”.
Contactos y el operativo “aclamación”
Raúl Isaías Baduel no descartaría la posibilidad de que un movimiento revolucionario lo impulse hasta el poder. Pero sus allegados lo niegan: le interesa, hay un núcleo político a su alrededor y contactos en el exterior y lo que quiere es poder participar en elecciones libres de la sucesión del Gobierno.
Habla con dirigentes opositores en la Argentina y buscó (aunque algunos dicen que todavía lo busca) un exilio e Chile, que le sirva de plataforma para catapultarse al poder. Para ello; se niega a ser indultado para fomentar su propia imagen de “mártir”, aguarda que la justicia se expida, devolviéndole la libertad y sueña, sin dudas, con una bienvenida por aclamación de miles de venezolanos, una vez que recupere la libertad.
Para ello sus hijas Andreina y Margarita trabajan sin descanso. Lo hacen desde las redes sociales pero, además, desde un polo político alimentado por jóvenes que reclaman su liberación: bajo esa bandera preparan su “operativo retorno”.
En Venezuela los chavistas de un Maduro que no ha conseguido consolidarse como líder y opositores del varipinto sector opositor de Capriles le restan importancia. Pero en los pasillos de la Asamblea (el Congreso) hablan del “respaldo de algún gobernador chavista” a la insurgencia de Baduel. Por su parte, el prisionero, un general nacionalista y ultracristiano, que promete tanta (o más) mística religiosa que Chávez, espera pacientemente su turno. Y ruega no “desaparecer” en el intento.
Mdzol.com