Repsol, YPF y después

Por Arnaldo Paganetti

La delegación presidencial de Cristina en Capitanich está dando frutos. Se reactivó la Sedronar. Logro de alto impacto de Argentina y España en materia petrolera, con la ayuda de México.

Empezó la nueva etapa K. Con buena expectativa y lógica incertidumbre. Sigue siendo la presidenta Cristina Fernández, la conductora excluyente con actividad acotada, porque continúa recuperándose tras la operación craneana y el estrés que la sacó de circulación en un momento oportuno. En su única aparición pública ante la militancia, mantuvo el relato sobre la profundización del modelo. Aunque en la práctica empezaron a apreciarse cambios no menores.
Por lo pronto, ha delegado en el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, múltiples funciones. Entre otras, la de dialogar con la prensa y con gobernadores opositores como Mauricio Macri y Antonio Bonfatti, quienes desfilarán esta semana por su despacho, entusiastas con el convite.
Ordenar y coordinar la administración es una tarea compleja. Deben resolverse las contradicciones entre un funcionario peronista clásico y por ende pragmático como el chaqueño Capitanich y el flamante ministro de Economía, Axel Kicillof, representante del ala juvenil ideológicamente heterodoxa y con una parada y discurso no muy simpáticos para el mercado.
Hubo una noticia de alto impacto que alineó al gobierno: el acuerdo con Repsol, para resarcirla con 5.000 millones de dólares, por la expropiación de YPF en abril del 2012. Se busca por esa vía recuperar avales externos para la explotación hicrocarburífera no convencional en Vaca Muerta. Hay detalles que deberán discutirse, pero en general se consideró al arreglo como un paso fundamental para encarar el déficit energético y la sangría de dólares que altera la plaza local y repercute en la inflación.
«Son expertos en desdecirse», bramó un opositor que descree del espíritu republicano del peronismo. «Es puro gatopardismo, cambiar para que no cambie nada», recitó.
Sin embargo, por ahora su opinión quedó en minoría. Expresa o tácitamente, se le abrió crédito al despliegue de Capitanich, quien apuró al equipo de Kicillof para que se empiecen a eliminar subsidios eléctricos y gasíferos. Fueron muy pocos, en ocasión de la primera sintonía fina anunciada por Cristina, los que adhirieron voluntariamente a dejar de ser beneficiados por el Estado. «En mi edificio pago 2.500 pesos de luz por bimestre y el resto del consorcio no llega a 500», sentenció uno de los que quiso dar el ejemplo y quedó arando en el desierto.
Capitanich considera un tema central acotar las reyertas, que las hay, con el fin de reordenar el gasto público y contar con un sistema fiscal más justo.
A propósito de Repsol, el propio Kicillof, quien tuvo a su cargo la expulsión de la compañía española, dijo que siempre se pensó en pagar, por respeto a la Constitución, pero no cualquier precio. Las bravuconadas iniciales fueron sólo parte de la negociación con aparente final feliz.
El arreglo, que facilitó una conversación telefónica amigable entre Cristina y Mariano Rajoy, le libera las manos a YPF, que ahora podrá ir en busca de inversores norteamericanos y mexicanos, en un esquema que responde a la realidad de los capitales internacionales. Kicillof tendrá que convencer a los chicos de La Cámpora de que ése será el camino de aquí en adelante.
El tono monocorde de Capitanich ante los periodistas, en los primeros días de gestión, le valió una advertencia. Se le dijo desde Olivos que el impacto y la sorpresa inicial debe ser seguida por hechos concretos y no tantas palabras. En ese contexto se inscribió el anuncio, el viernes, de que el sacerdote Juan Carlos Molina estará al frente de la Sedronar, la Secretaría de Prevención para la Drogadicción y de Lucha contra el Narcotráfico, vacante desde la salida de Rafael Bielsa. El religioso, asistente espiritual de los Kirchner, trabajó en El Impenetrable chaqueño y en misión humanitaria en Haití. Tratará de abordar en forma sistémica un flagelo que está al tope de las preocupaciones de la Iglesia del influyente papa Francisco.
Hay cortocircuitos que tardarán en repararse. El Código Civil, que recibió media sanción del Senado, generó polémica por las objeciones lanzadas por miembros de la Corte Suprema (reprocharon falta de consenso), el Centro de Estudios Legales y Sociales y el jefe de la bancada del FpV. Por disciplina política, Miguel Pichetto dio luz verde a la iniciativa, pero no se privó de defender al Estado laico y denostar por «antediluvianas» propuestas de la Iglesia contrarias al avance científico.
No lo hubiese hecho en otras circunstancias. Hoy Pichetto, a quien se le encomendó sacar antes de fin de año el ascenso a teniente general del jefe del Ejército, César Milani («nada se probó en su contra», arguye), cree que hay que aprender de la derrota del 27 de octubre. «Ir siempre por todo nos costó la pérdida del apoyo de la sociedad,. Por eso hay que revisar lo que hemos hecho mal», expresó en privado.
Es que el nuevo estilo de Cristina, con el blanco que desplaza al negro, conmueve al peronismo. En las últimas horas, luego del trabajoso acuerdo presupuestario bonaerense, los justicialistas toman nota de la charla radial que acercó al gobernador Daniel Scioli con el desafiante Sergio Massa. Dos que no quieren quedar rezagados en la pelea por la sucesión que se avizora para el 2015.
Arnaldo Paganetti arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
Fuente: Rio Negro.com.ar