Madrid— Cada año 7.3 millones de jóvenes menores de 18 años dan a luz un niño, dos millones de ellas tienen menos de 15 años. Si no se toman medidas y la tendencia continúa, en 2030 serán tres millones las niñas que afronten un embarazo y un parto, según datos ofrecidos por el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA).
En América Latina, una de las regiones donde el problema es mayor, las mujeres indígenas, las afrodescendientes, las inmigrantes y las mujeres provenientes de comunidades pobres, sin acceso a la educación y la salud, son las más afectadas.
El informe del Estado Mundial de la Población 2013 señala que, por ejemplo, Nicaragua es el país latinoamericano con el porcentaje más alto (28.1%) de mujeres de 20 a 24 años que informan haber dado a luz antes de los 18 años, una cifra sólo superada por países del África Subsahariana.
Detrás se sitúan Honduras, donde el 26.1% de las mujeres de entre 20 y 24 años reportan haber dado a luz siendo menores de edad, República Dominicana (24.8%), El Salvador y Guatemala (24.4%); Ecuador (21%), Bolivia (20%), Colombia (19.7%), Brasil (16%), Haití (15%), Perú (14.4%), Paraguay (13.2%) y Cuba (9.4%).
La agencia de la ONU enfatiza que las cifras podrían ser mayores si incluyeran a las niñas menores de 15 años, un “tema invisible” para los gobiernos de la región y el resto del mundo.
No se trata sólo de pasar por los cambios que genera un embarazo y por una situación tan difícil como es un alumbramiento, la gestación en la adolescencia tiene consecuencias importantes en la salud. Sólo hay que mirar los datos que ofrece el informe Estado de la Población Mundial 2013, presentado ayer miércoles en Madrid, y que señala que cada año mueren 70 mil jóvenes en países en desarrollo por causas relacionadas con esta maternidad tan temprana.
“El embarazo en la adolescencia es un pasaporte seguro para vivir en una situación de pobreza el resto de sus vidas”, ha afirmado durante la presentación del informe Laura Laski, jefa de Salud Reproductiva del Fondo de Población de Naciones Unidas.
Laski asegura que hay que cambiar los valores en las familias, comunidades y gobiernos que, en muchos casos, otorgan un papel positivo al matrimonio temprano.
Según el informe, las niñas que permanecen en la escuela más tiempo son menos proclives a quedar embarazadas, porque la educación les da opción a futuros empleos, aumenta su autoestima y estatus y les permite ser más partícipes de las decisiones que afectan a sus vidas.
Laski opina que hay que “empoderar a las niñas para que puedan construir redes de amigas, que permanezcan en la escuela, que puedan conseguir empleo, que sepan abrir cuentas en bancos, ahorrar, para que sean capaces de decirles a sus padres que lo que quieren hacer con ellas [el matrimonio temprano] es ilegal”.
“Allá donde he estado –y he visitado todos los continentes del mundo como director ejecutivo de UNFPA– una cosa común que les une es el embarazo en adolescentes. Es un asunto del Norte y el Sur. Un asunto del desarrollo. Un tema de equidad. Un problema de accesos”, explica el doctor Babatunde Osotimehin en un comunicado.
Ángeles López/Elmundo.es