Tras las elecciones legislativas, donde la presidenta sufrió un durísimo revés, se instaló un pronunciado vacío de poder, producto de la ausencia de la primera mandataria motivada en cuestiones de salud y funcionarios nacionales desorientados.
Un claro ejemplo, de esta suerte de anomia política, lo dio Florencio Randazzo, el ministro de Interior y Transporte cuando -la semana pasada- informó que había sido él quien había tomado la decisión de estatizar el ferrocarril Sarmiento, sin consultarlo con el presidente en ejercicio. Es decir, el controvertido Amado Boudou, que se encarga solamente de cuestiones protocolares, al punto de que el último domingo, en el bunker de la derrota K, ofició de maestro de ceremonias.
Estamos en un escenario sumamente confuso, con un gobierno en el que no sabe cómo ni quiénes son los que realmente toman las decisiones. La incertidumbre, en un contexto de crisis como el que estamos viviendo, no hace más que echarle nafta al fuego.
Ahora bien, continuar con la acefalía, en momentos donde la situación económica es sumamente grave, profundizará aún más el conflicto social que ya de por si genera una inflación sin freno y una recesión que están empobreciendo a importantes sectores de la población.
La incertidumbre ha disparado, en los últimos días, distintas versiones que hablan desde la posibilidad de que la presidenta decida no retomar el cargo o que haya elecciones presidenciales anticipadas.
Ante esta situación, es indispensable que de forma inmediata la Presidenta, o en defecto su circulo íntimo, esclarezcan a la población cuál es su verdadero estado de salud, que implicancia puede llegar a tener su proceso de recuperación de la cirugía en el cráneo (y de los problemas cardíacos que se le han detectado) en el ejercicio de la conducción del Estado y qué políticas se van a instrumentar en lo inmediato para encarar este periodo de transición, que durará dos años.
Es indispensable, asimismo, que se muestren todas las cartas sobre la mesa, y se digan las cosas tal cual son. La salud de la primera mandataria no puede ser considerada como un asunto privado, cuando en cualquier país que se considere medianamente serio es una cuestión de Estado y como tal debería manejarse con absoluta claridad y transparencia. En ese sentido, en caso de que la presidenta esté en condiciones físicas y emocionales de seguir al frente del máximo cargo político, se debe poner punto final a este perverso juego, que han imaginada algunas mentes afiebradas de la Casa Rosada, de buscar beneficios políticos poniendo como excusa los problemas de salud.
La derrota de CFK no sólo se dio a partir de los pobres resultados que ha obtenido su Martín Insaurralde en Buenos Aires, la principal provincia del país, sino también a partir de las duras caídas que tuvieron sus candidatos a lo largo y ancho del país, incluida Santa Cruz, el pago chico kirchnerista.
La realidad es que las elecciones ya pasaron, el kirchnerismo cayó derrotado y su ciclo está cumplido. Ahora bien, el hecho de que este proceso político tenga fecha de vencimiento, fijada por la Constitución nacional en diciembre de 2015, no los excluye de la responsabilidad de garantizar la estabilidad institucional.
Resulta inadmisible que luego del contundente mensaje de la urnas, con un masivo voto castigo hacia en gobierno en prácticamente todas sus áreas, hasta el momento ni siquiera se haya dado ni una sola respuesta al reclamo del soberano.
La democracia no puede reducirse, solamente, al acto de emitir el voto. Implica mucho más ya que si siete de cada 10 ciudadanos le han mandado a decir a Cristina en las urnas que están hartos de vivir en un país con una inflación por encima del 25%, con una presión fiscal agobiante que cae sobre las pymes y la clase media, y con una inseguridad fuera de control que todos los días se cobra la vida de inocentes, merecen ser escuchados y tener respuestas.
En ese sentido, las personas que todos los días pierden su empleo en el país o lo productores regionales que ven que ya no pueden sostener la ecuación económica que significa tener una moneda nacional que no tiene valor, teniendo que afrontar insumos dolarizados, no pueden esperar a que se resuelvan las especulaciones de cuatro o cinco mentes obtusas que pululan en la Casa Rosada.
Los tiempos se acortan y el kirchnerismo, más temprano que tarde, deberá dar la cara.
“No sabemos si vuelve”
La diputada Elisa Carrió, quien logró renovar su banca por UNEN, advirtió ayer que los argentinos «no saben» si la presidenta Cristina Fernández «vuelve» a la Casa Rosada, por lo que llamó a los «líderes políticos» a dar «certezas» desde sus respectivas responsabilidades, “ponerse los pantalones largos” y no adelantarse a la pelea de cara a 2015.
«Les digo a todos los líderes políticos que hay que ponerse los pantalones largos y hacerse cargo: no se trata solo de ser candidatos (presidenciales)», alertó Carrió.
La legisladora nacional enfatizó: «No sabemos si vamos a tener Presidenta; hoy Cristina no está, no sabemos cuál es el papel de (Amado) Boudou», tras señalar que «como hay tanta incerteza, las certezas las tenemos que dar los líderes opositores en las bancas».
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