Una vuelta más de rosca del secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, en las declaraciones apresuradas y aleatorias.
Esta vez aseguró que el hombre que le disparó a Eric Milton Ponce tras una discusión en el barrio porteño de Saavedra “le apoyó el arma en la cabeza”. Esta declaración debe ser leída e interpretada a la luz de los antecedentes que han construido las constantes y retóricas manifestaciones del segundo en el Ministerio de Seguridad de la Nación.
“Todo indica que el arma se la ha apoyado en la cabeza. La baja inercia que tiene el proyectil permitió que no haya entrado en la cavidad craneana”, dijo Berni en relación al caso en el cual hay dos policías en la mira en un presunto caso de gatillo fácil.
Berni no esquiva las cámaras de televisión, no hace silencio ante los micrófonos de las radios, y gusta de los flashes de las cámaras fotográficas.
El problema es que Berni se equivoca muy seguido, de manera grosera e irresponsable, y luego de ello ni siquiera se disculpa, ni siquiera acepta que sus declaraciones han sido apresuradas y ligeras de responsabilidad, nada menos que eso.
¿El secretario de Seguridad tiene la necesidad de hacerse ver, de manera urgente, ante las cámaras?
¿Tiene premura que ello suceda?
¿Alguien le dice que salga a manifestarse inmediatamente después de un hecho delictivo?
¿Comprende que los hechos delictivos se registran, precisamente por su falta de prevención de su secretaría de Seguridad?
¿Entiende que esa explicaciones deben se hechas por los jueces y los fiscales que investigan el delito, luego que el delito se produjo?
¿Sabe que la ciudadanía no busca sus explicaciones, sino su prevención?
¿Comprende la función de la secretaría de Seguridad, o entiende el fin por el que fue creada?
¿Alguien le advierte que, para hablar públicamente, es mejor esperar, al menos unos días, hasta que las pericias den sus resultados?
¿Berni recuerda el papelón que hizo cuando salió a hablar sobre el violador serial, que resultó ser inocente?
¿No hace una reflexión de culpabilidad, propia de los que se equivocan? ¿Percibe el alcance de sus declaraciones?
¿Distingue entre la verdad objetiva, y la expresión de deseo?
¿Hay alguien, en la secretaria de Seguridad de la Nación que le toque el codo para hacerlo despertar de esta siesta parlante?
Hugo López Carribero – Carlos Tórtora/informadorpublico.com