“En la villa no tenía agua ni gas, y ahora hasta como en restaurantes”


Las vueltas del destino: la morocha vivía en un asentamiento del sur porteño hasta que empezó a trabajar como modelo y hoy su historia es completamente diferente. Su actualidad, sus sueños y también la discriminación que sufre por parte de algunas colegas, en un ida y vuelta imperdible.
Curvas para el infarto. Impactantes ojos verdes. Morocha descomunal. Barby Franco (20) es la nueva bomba sexy de la Argentina. Sin dudas, la modelo de Leandro Santos Models tiene con qué sostenerlo. Una historia de vida particular que incluyó diez años viviendo en la Villa 21, y hoy, una realidad que roza lo soñado como modelo de alta costura.

–Definí con un puntaje cuánto cambió tu vida en el último año.
–10, 10 y 10. Cambió mi mente y, entre comillas, mi economía. Maduré, porque fue un golpe muy duro salir de donde nací a una casita de verdad. Antes no veía lo que pasaba detrás del barrio, de la villa, y no tenía ni ganas de salir. Estar en el ambiente me hizo ver cosas que antes no miraba o no les prestaba mucha atención. Y también quiero que sepan que me volví muy responsable.

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–¿Eras rebelde?
–Rebelde y caprichosa. Aunque me fui de la villa, la contención de mi familia hacia mí y yo hacía ellos demostró ser incondicional. Hasta me volví más cariñosa.

–¿Qué cosas disfrutás ahora, a las que antes no tenías acceso?
–A andar en auto. En la villa se veían coches, pero yo no tenía. Siempre me manejaba en bondi o caminaba. Ahora puedo ir a comer con mi vieja a un restaurante, cuando nunca pensé que iba a pisar uno. Tengo una plaza a dos cuadras de mi casa, cuando antes tenía una, mínimo, a diez cuadras. Bajar del departamento, tener un quiosco enfrente y poder comprarme lo que yo quiero a cualquier hora de la noche. El fin de semana fui al Casino Victoria con mi prima, y ella me decía que el día anterior había comido guiso y que no entendía cómo tenía delante de sus ojos un pescado.

–¿Qué sentís ahora que podés vivir en una casa equipada?
–En el barrio no tenía gas ni agua caliente, y la luz se cortaba casi siempre. Calentaba el agua en varias ollas para bañarme y en invierno me moría de frío. Y cuando salía del baño no la pasaba nada bien, porque no existía una estufa para calentarme. Aunque mi casa actual no es súper glamorosa, me cobija mucho. Como me mudé en diciembre del año pasado, tuve la posibilidad de pasar todo el invierno acá. Me bañaba en el agua caliente y no lo podía creer. El cambio fue tan brusco que estuve dos meses con ataques de pánico. No caía en dónde estaba viviendo.

–¿Y como mujer te sentís distinta?
–Me acuerdo de que en mis primeros desfiles en boliches miraba a las minas que tenían lindos vestidos. Pero, por suerte, El de Arriba siempre me ayudó y estuvo conmigo. Hoy hago otros tipos de desfiles, con marcas, y para otro target, en los que también cobro otra plata. Estoy feliz por todo lo que estoy viviendo. Creo mucho en Dios y en la Virgen. De chica, mi vieja me decía que rezara y pidiera lo que quería antes de dormir. El de Arriba la pasó mal conmigo y ahora la está pasando bien.

–Cuando ves a tus colegas que muchas son “chicas bien”, ¿qué te genera?
–Ni me fijo en las demás minas. Y si me dicen algo, lo dejo pasar. Soy muy segura de mí misma y venir de donde vengo me hizo más fuerte que muchas. Siempre miro para adelante y no dejo que nada decaiga. Una vez tuve un cruce con una mina, de la que no voy a dar nombre ni apellido, que me dijo: “Sos una negra de mierda, ignorante, se nota de donde venís…”. La miraba y pensaba que era una pobre mina. Nada de lo que me digan me llega, porque mis orígenes son un orgullo.

–¿A qué te gustaría llegar en tu carrera?
–Me encantaría hacer tele. De hecho, ya hay algunas propuestas para el año que viene que están en veremos. Pero las pasarelas me apasionan. Es algo inexplicable lo que siento cuando subo a ellas, más luciendo ropa de alta costura. Soñaba con estar desfilando esas prendas, pero nunca creí que se me iba a hacer realidad. Hace dos años tenía ropa común y ahora me pongo un terrible vestido de Piazza o de Cosano.

–¿Y de amores cómo estamos?
–El corazón siempre está bien. Con la contención de la familia está todo bien.

Fuente: paparazzirevista