Quedó detenido. Habría cometido varios ataques sexuales en los últimos tres meses. Crece la alarma por similares abusos en La Plata. Preocupa la reincidencia en este tipo de delitos
Cada ultraje y vejamen sexual deja secuelas y traumas insondables. Ayer, un violador de 54 años fue detenido en la puerta de un boliche bailable. Y no por sus huellas dactilares o su ADN, sino simple e increíblemente porque una de sus numerosas víctimas lo reconoció, de casualidad. Otra vez, el azar pudo más que la investigación criminal.
Al hombre se le imputan al menos tres ataques sexuales entre junio y agosto pasados en los barrios porteños de Villa Urquiza y de Saavedra. Pero el caso tiene enorme similitud con otros registrados en La Plata, algunos de ellos de los denominados “seriales”.
Entre esas características comunes sobresale el perfil reincidente del abusador, ya sea por sus procesos judiciales en trámite, o por sus condenas previas, o alguna extraña y curiosa libertad condicional que le fuera otorgada.
Al peligroso cóctel se le suma la incapacidad del Estado para investigar con eficacia, sancionar con rigor al culpable, evitar la reiterancia delictiva y sobre todo, contener y asistir a la víctima de estos aberrantes delitos: los más crueles y terribles del código penal.
En materia de estos ilícitos, los denominados “contra la integridad física y sexual”, emerge en forma palmaria la desidia, la incapacidad o la ineficiencia en que las damnificadas son sometidas sin escrúpulos a lo que se denomina el proceso de doble victimización.
Es decir, no sólo sufren el acto de violación, sea único o en forma reiterada y prolongada, sino que en sede judicial o policial muchas veces no encuentran el abordaje médico sanitario adecuado para evitar que sean nuevamente ultrajadas, ya no sólo por el agresor sexual, sino por el sistema mismo, que a cada paso reabre sus heridas. Y eso ocurre cuando no se identifica al autor con celeridad, o bien cuando se lo encuentra y se le otorgan extraños beneficios excarcelatorios.
Ayer a la madrugada, casi por casualidad una víctima reconoció a su violador. Fue a metros del boliche Azúcar, en Palermo, adonde el sospechoso pretendía ingresar. Varios vecinos incluso, habían difundido su foto y sus datos personales por las calles, conformando una especie de escuadrón barrial.
La joven víctima vio a su agresor en la fila del boliche y llamó al 911. La policía llegó al lugar y lo detuvo. No hubo resistencia. La violación se produjo el 28 de agosto cuando el sujeto ingresó a un local de decoración en Villa Urquiza y amenazó a la joven con un arma de fuego.
En junio, otra empleada de un comercio situado en la misma cuadra que el anterior fue violada por un hombre con la misma modalidad, mientras que otra mujer fue atacada en el barrio de Saavedra, en el límite con Villa Urquiza.
En La Plata, se produjeron cinco hechos similares en los últimos cuatro meses, aunque los ataques se produjeron una vez que las víctimas se alejaron de los negocios, siempre en horas de la noche.
En casi todos los casos, las empleadas de los locales estaban solas y las clientas, y potenciales víctimas también se encontraban sin compañía.
Fuente: Diario Hoy