Aún es el campeón

Argentinos tuvo el fútbol y los goles que lo consagraron en el último Clausura. Así redujo a la nada a Colón. El Bicho se llevó cuatro de los últimos cinco partidos.

Los dirigentes de Argentinos pueden sacar pecho. No sólo apostaron a un DT (Claudio Borghi) que les dio un título en su única experiencia positiva en la Argentina. Al sucesor (Pedro Troglio) lo bancaron cuando los números anticipan salida prematura (seis puntos de 24 posibles) y ahora, ocho partidos después, la racha es la inversa (17 de 24), con una sucesión de cuatro triunfos (Boca, San Lorenzo entre ellos) y un empate. También los hinchas del Bicho están en condiciones de expandir el orgullo, porque el campeón renovó su vigencia a puro juego y gol.

Tal vez porque compartieron la gestión y porque sus descargas tuvieron destino preciso, Ortigoza y Mercier consiguieron lo que a Damián Díaz, enfrente, le costó horrores. El doble cinco, el más afianzado del país, se bastó para recuperar con frecuencia y salir con orden. Los lanzamientos de Ortigoza encontraban a Niell, cuyo despliegue le cerraba a Colón la chance de movimientos cómodos en defensa. Una par de veces, con Blandi (notable la chilena de Garcé, en el área chica, para frustrar el gol) y Escudero, Argentinos pudo haberse puesto en ventaja. No habría estado mal, porque los de Santa Fe se acomodaron rápido a una búsqueda de contra, que rara vez encontró ocasión. Díaz, sin contribución entre sus compañeros, tenía que retrasarse demasiado, casi como volante derecho, para capturar la pelota y ensayar la progresión para Larrivey y Fuentes. Con los centrales del Bicho afirmados y los volantes atentos para tomar posiciones defensivas (a Argentinos le sigue funcionando el reflejo de la línea de tres, un perfil nítido del campeón del Clausura), los bochazos de Díaz acabaron por abollar cabezas… Argentinos lo resolvió de la manera en que lo había insinuado, con Mercier como garantía para los relevos y obstrucción a las pretensiones de Colón, y con Ortigoza como plataforma para los pases largos que dejaron a Niell y Blandi para la conversión. El Enano fue complemento perfecto, porque a su voluntad le agregó sabiduría para ubicarse en el sitio exacto. Si no le mete, la descarga para que otro la empuje al fondo del arco.

Colón se pareció más a la endeble formación del último tramo de la gestión de Mohamed que a la sólida del incipiente ciclo de Gamboa. Flojito, apenas si le tocó mirar el paso de un campeón que no se resigna a la despedida.

Fuente: Olé