Mientras la cotización del Dólar en Montevideo esta a $9, el gobierno blanquearia el dolar a $8, con un plan que incluiría una suerte de desagio… Ante un eventual «¿Rodrigazo?»
El viernes bajó el dólar blue 8 centavos, es decir a $ 7,92, después de tocar los 8 pesos. Pero esto no calmó los nervios del gobierno, que ve con temor cómo se ensancha la brecha cambiaria y se proyectan sus efectos negativos, como la disminución del crecimiento, la falta de liquidaciones de los productores agropecuarios y más subfacturaciones y sobrefacturaciones.
El clima de tensión en la Casa Rosada preanuncia la adopción de medidas más drásticas.
El viernes pasado, el Banco Finansur de Cristóbal López vendió 20 millones de dólares a $ 7,89 y sólo se logró entonces la pequeña baja comentada.
Es que el mercado paralelo ahora estaría moviendo 50 millones de dolares por día y no sería aconsejable meterse en una aspiradora de dólares sin estar seguro de conseguir el efecto querido. Así es que el Ministro de Agricultura Norberto Yahuar se reunió la semana pasada con productores sojeros y les dijo que el dólar oficial va estar a $ 6 en abril y no a fin de año como anunciara Guillermo Moreno. La finalidad de esto sería que las retenciones al agro sean más importantes en pesos y también convencer a los productores de que liquiden la cosecha gruesa a fines de marzo.
Se achicaría así la brecha cambiaria, ya que hoy en día los productores reciben el pago con un dólar de $ 3,22 mientras que, con una devaluación del 20%, recibirán a razón de 4 pesos por la divisa. Hay que tener en cuenta que este enero el BCRA no sólo no pudo comprar divisas sino que perdió por los retiros de depósitos en dólares y el pago de importaciones US$ 650 millones. Esto sin contar los dólares que se perdieron con el masivo turismo al exterior al cambio oficial.
El inconveniente de llevar el dólar oficial a 6 pesos es que Hugo Moyano y seguramente la CGT oficialista pedirían un aumento de sueldos mayor por la pérdida del valor en dólares de los sueldos. Esto podría convertir a las convenciones paritarias, que ya son difíciles, en una guerra sin cuartel.
¿Plan Austral II?
Mientras elabora estas medidas de emergencia, el gobierno piensa en decisiones mayores. Desde ya que rechaza de antemano cualquier plan antinflacionario que pase por bajar la emisión monetaria y el déficit fiscal, enfriando así la economía. Así las cosas, uno de los economistas ahora más consultados por Axel Kicillof y otros funcionarios es Roberto Frenkel, coautor del plan Austral que Raúl Alfonsín aplicó en 1985. Éste consistió en una fuerte devaluación, el cambio de moneda y el desagio. Ahora en Olivos pensarían en instaurar el Peso Federal con una devaluación de más del 60%, poniendo el dólar oficial en 8,50 pesos y entonces 1 Federal valdría 8,50 centavos de dólar, aplicándose además una tabla de desagio.
El obvio problema de este plan revolucionario sería la enorme pérdida del poder adquisitivo de los ingresos en pesos y en dólares y la segura escalada de reclamos salariales que sería imparable, pudiendo concretarse de este modo el temido rodrigazo del que tanto se habla.
Sus defensores remarcan que el Plan Austral tuvo éxito inicialmente y consiguió bajar la inflación del 30% mensual al 1%.
Se instrumentó entonces un fuerte control de precios y las tarifas de los servicios públicos (por entonces en manos del Estado) se congelaron. Se establecieron listas de precios máximos para los bienes de la canasta básica (que eran administrados por privados) y también se buscó limitar el aumento de los salarios del sector privado. Siempre según estas opiniones, el salario real tuvo un alza, en parte por la propia reducción de la inflación (no había más un retraso del salario respecto de los precios) y en parte por el impacto del desagio en las tarifas.
Claro está que la situación actual dista mucho de ser idéntica y que los resultados también pueden ser distintos. Pero no es menos cierto que el gobierno está encerrado. Este mes tampoco hay que esperar liquidaciones de los productores agropecuarios y la siembra tardía de la soja y el maíz no asegura la compra de dólares por el Central. A esto se le suman las inundaciones, que impidieron sembrar, y luego la sequía de enero. La lluvia del viernes pasado fue de sólo 30 mm y, como fue un enero muy caluroso, los cultivos, especialmente de maíz, que absorben 8 mm por día, no fueron compensados. Ahora se necesitan por lo menos 100 mm de precipitaciones, pero los pronósticos de esta semana no anuncian lluvias y está afectada la zona núcleo. Los expertos opinan que la cosecha de soja, que se esperaba de 55 millones de toneladas, se reduciría a entre 45 y 48 millones. Con relación a la cosecha de maíz, prevista para 25 millones toneladas, estaría con suerte en 21 millones. Y ya fracasó la cosecha fina de trigo, con menos de 10 millones.
El futuro luce oscuro para el gobierno y prueba de ello es que, bien medido, en enero se habría producido un retroceso del consumo en supermercados del orden del 6%.
Por su parte, la recaudación de enero no fue un récord como dijo Ricardo Echegaray, difundiendo cifras nominales que esconden la caída del consumo.
Los próximos números, referidos a enero, tendrán el impacto del verano gasolero en toda la costa, sin duda con la peor temporada turística desde el 2003. Acompañan este proceso los indicadores que marcan la caída de la construcción, de la inversión y del consumo, más el nudo del problema, que es el atraso cambiario ya analizado. Todo coincide en que estamos a las puertas de grandes decisiones y además de alto riesgo político, porque no se advierte que las mismas puedan fácilmente dilatarse hasta después de las elecciones.
Fuente Informador Público – Guillermo Cherashny