El secretario de Seguridad, Sergio Berni, había intervenido virtualmente el ministerio que todavía comanda Nilda Garré. Pero una serie de errores que enfurecieron a la Presidenta lo dejaron debilitado en la puja por el control de la cartera, que hoy se encuentra paralizada. Su opiniones sobre la deportación de inmigrantes y el fracaso en las negociaciones con Gendarmería.
Los vaivenes durante todo 2012, sin grandes definiciones sobre el rumbo que debe tomar el ministerio de Seguridad, dejaron a la cartera prácticamente paralizada. La virtual intervención al liderazgo de Nilda Garré, con la llegada del secretario de Seguridad Sergio Berni, parece hacer quedado congelada.
En un principio, los trabajos de Garré para imponer la denominada política de seguridad democrática, revalorizando el control político de las fuerzas de seguridad -visión que el periodista Horacio Verbitsky comparó incansablemente con la gestión de Ricardo Casal en la Provincia de Buenos Aires- parecieron quedar bloqueados con la llegada de un militar de buena relación con los mandos policiales.
La figura de Berni creció con rapidez: mediático, se mostró encabezando operativos, negociando en conflictos con diversos sectores -como ya lo hacía en Desarrollo Social- y, de a poco, corrió de escena a la ministra. No es una práctica nueva en el kirchnerismo: algo similar sucedió con Kicillof en Economía y Julián Álvarez en Justicia.
La depuración para la Policía Federal planteada por Garré también se congeló. Berni reclamó, desde su llegada, buen trato para las fuerzas de seguridad. Frente a ese panorama, la ministra habría presentado la renuncia en más de una oportunidad, pero no habría sido aceptada por la Casa Rosada.
Pero algunos tropiezos del secretario de Seguridad dejaron sin un liderazgo definido a la cartera. Sus palabras vinculando la inmigración con la delincuencia generaron furia en Presidencia. Dijo que los presos por tráfico de cocaína son peruanos y por comercializar marihuana, paraguayos.
«La ley de migraciones no nos permite deportar (a los extranjeros detenidos). Uno de los últimos extranjeros que detuvimos lo apresamos diez veces en el último año y medio. Este colombiano fue casi siempre apresado por cometer delitos de la misma modalidad. Por eso necesitamos que nos comprometamos un poco todos los distintos sectores», dijo.
El compromiso que pedía era una reforma legislativa para darle la «herramienta» de deportar a inmigrantes detenidos. Aunque luego se desdijo, sus palabras generaron una fuerte polémica. Y en la Rosada se lo hicieron saber. Por eso en las últimas horas, con la detención del jefe narco colombiano Henry de Jesús López Londoño, apodado «Mi Sangre», no volvió a referisme al tema.
Más tarde, su fracaso como negociador durante el conflicto de los Gendarmes lo volvió a dejar mal parado. Aunque fue el hermano de la ministra Raúl Garré fue quien pagó por la polémica aplicación del decreto 1307, Berni no logró desactivar el conflicto. Y peor, fue acusado de alimentar «la autonomía» de los altos mandos.
Desde entonces, el secretario de Seguridad bajó su exposición pública y prefirió preservarse. Ya no aparece a diario en los reiterados informes de C5N, encabezando operativos contra el narcotráfico o de control a las casa de cambio.
Esta mañana Garré designó como jefe de Gabinete de Asesores del Ministerio de Seguridad a Lorenzo Manuel Donohoe, en reemplazo de su hermano. Así vuelve a colocar a una persona de su confianza nuevamente a su lado, con rango de secretario.
Mientras tanto, con una puja inconclusa en el ministerio entre dos actores debilitados y con visiones opuestas, la cartera se encuentra prácticamente paralizada, sin grandes proyectos y sin un rumbo establecido.
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