Los delincuentes que mataron a un estudiante universitario antes de asaltar un kiosco en la localidad bonaerense de Castelar lo atacaron porque creyeron que llamaba a la Policía en el momento en que estaba hablando por celular. Así lo indicó esta mañana el padre de Nicolás Alberto Arroyo, de 20 años, quien fue ultimado de un disparo en el homóplato cuando se encontraba al lado de su auto, mientras esperaba que un amigo comprara en un kiosco que fue robado por dos asaltantes armados.
«Mi hijo hablaba por celular cuando uno de los tipos entró al kiosco y el otro se abrió, pensó que llamaba a la Policía, y le disparó directamente», indicó el padre del muchacho, mientras negó que haya habido intercambio de palabras alguno entre el asesino y la víctima.
«Lo mataron por nada, porque no le robaron. Yo estaba al lado y no escuché nada», afirmó a su vez Guillermo, amigo de Arroyo y testigo directo del hecho, que en el momento del episodio se encontraba de espaldas a la víctima ya que se dirigía hacia el local.
El crimen, cuyas circunstancias se conocieron hoy, se produjo el viernes último por la noche en la intersección de las calles William Morris y Blas Parera, cerca del límite entre Castelar, en el partido de Morón, y el vecino distrito de Merlo, en la zona oeste del Gran Buenos Aires.
Arroyo regresaba junto a su amigo de cursar en la Universidad Nacional de La Matanza, donde estudiaba, a bordo de su Renault Clio, cuando decidieron detenerse en un kiosco.
Guillermo se bajó del auto y caminó hacia el local, en el momento en que se encontraba una pareja como clientes, mientras que Nicolás permaneció parado junto a su auto.
En ese momento, dos jóvenes se acercaron a Nicolás y en circunstancias aún no establecidas le efectuaron un disparo en el homóplato.
Una versión policial indica que entre los jóvenes hubo un intercambio de palabras, pero esa circunstancia fue negada por Guillermo.
«No escuché ningún grito, ni palabras. Solamente un disparo y me di vuelta y Nicolás estaba tirado. Me acerqué, le costaba respirar, lo abracé y murió», describió dolorido el joven al referirse a los últimos momentos de su vida.
Los delincuentes enseguida robaron en el kiosco, escaparon rápidamente y por el momento se mantenían en calidad de prófugos.
«Trabajaba, estudiaba y le gustaba pasear con sus amigos, en el auto. Era el mejor. Uno nunca se imagina que le puede pasar esto, pero cuando le pasa es el dolor más grande», expresó esta mañana la madre de Nicolás.
El hecho es investigado por la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) número 7 del Departamento Judicial de Morón, a cargo del fiscal Matías Rapazzo.
Fuente: Terra