Paolo Gabriele dijo que que estuvo entre 15 y 20 días encerrado en condiciones denigrantes. El juicio investiga el robo de documentos secretos en el Vaticano
El ex mayordomo del Papa contó que pasó entre 15 y 20 días detenido en una celda minúscula –en la que no alcanzaba extender los brazos- y que tenía la luz permanentemente encendida. Eso le provocó, según dijo, daños psicológicos y problemas en la vista.
Gabriele, de 46 años, afirmó ser inocente del cargo de «robo agravado», pero afirma que sí se siente culpable de haber engañado a Joseph Ratzinger. «En lo que respecta al robo agravado, me declaro inocente. Me siento culpable de haber traicionado la confianza que me tuvo el Santo Padre, a quien quiero como [si fuera] su hijo», dijo.
Desde 1997, todos me conocían en el Vaticano, me tenían confianza», declaró. «No soy el único que ha brindado informaciones confidenciales a la prensa en estos años», contó. «Lo que realmente me horrorizaba era cuando me sentaba a almorzar con el Santo Padre y que, algunas veces, el Papa me preguntaba cosas sobre las que tenía que estar informado».
«En ese momento quedé firmemente convencido de que era fácil manipular a una persona con tan enormes poderes», añadió entonces. Entonces su abogada le preguntó si pensaba que el Papa estaba mal informado, y el acusado contestó afirmativamente, pero el juez desestimó la pregunta.
El magistrado también interrumpió a Gabriele en repetidas oportunidades, cuando el acusado procuraba brindar detalles de su red de contactos en el Vaticano. Durante la instrucción del caso, Gabriele había dicho querido combatir «el mal y la corrupción» en el Vaticano. No obstante, el juez Giuseppe Dalla Torre estimó sistemáticamente que las preguntas al respecto estaban «fuera de tema», ya que había que «limitarse al cargo de inculpación», o sea el «robo agravado».
Gabriele fue interrogado hoy en la segunda audiencia del juicio que se sigue contra él en el Vaticano, está acusado de robar centenares de documentos reservados del Papa que luego pasó al periodista Gianluigi Nuzzi, que los publicó en el libro Sua Santitá, un compendio de enfrentamientos e intrigas vaticanas.
Paolo Gabriele, de 46 años, se ha convertido así en el centro de una crisis en el pontificado. Es la primera vez que el ex mayordomo del Papa Benedicto XVI presta declaración en el juicio y es también la primera vez que habla públicamente desde que fue detenido en mayo.
Gabriele admite que fotocopió y pasó documentos de reuniones secretas, incluidas cartas al Papa. En una de ellas, por ejemplo, un alto cargo del Vaticano expresa su preocupación por la conducta indebida de la Santa Sede en sus relaciones comerciales.
Los documentos también revelaron que el Vaticano había encubierto al pederasta Marcial Maciel.
Las filtraciones fueron un golpe para el Vaticano, que ha mostrado ansioso por limpiar su imagen después de una serie de escándalos en los que se vio envuelto su banco. El autor de las cartas, el arzobispo Carlo Maria Vigano, fue más tarde apartado y enviado a Washington pese que él no estaba de acuerdo.
En este caso, apodado «Vatileaks», wl mayordomo terminó encarcelado en la comisaría de policía del Vaticano mientras los investigadores confiscaban 82 cajas de pruebas de un apartamento donde vivía con su mujer y sus tres hijos.
Amparado en un código penal del siglo XIX, el juicio comenzó con un revés para la defensa el sábado cuando los jueces rechazaron las pruebas procedentes de la propia Iglesia. El ex mayordomo de Benedicto XVI, Paolo Gabriele, acusado de robo con agravante, podría haber evitado el juicio de haber sido perdonado por el Papa.
La abogada de Gabriele, Cristiana Arru, quería justificar los motivos que tuvo su cliente para filtrar los documentos en base a una investigación de una comisión de cardenales que interrogó a empleados del Vaticano sobre las filtraciones. Según esa pesquisa, Gabriele actuó porque vio «el mal y la corrupción en todos los lugares de la iglesia» y sintió que el Papa no estaba lo suficientemente informado.
Pero el juez Giuseppe Dalla Torre dijo que la comisión de cardenales respondió sólo al Papa y que esa investigación «no tenía relevancia» para el código penal de la Ciudad del Vaticano.
Por lo tanto, sólo se permiten pruebas reunidas por el fiscal o por la policía del Vaticano.
Gabriele, el hombre que ayudó a vestirse al pontífice Joseph Ratzinger y que viajaba en el asiento delantero del Papamóvil, podría ahora enfrentarse a cuatro años de cárcel.
Otro hombre, el experto informático del Vaticano Claudio Sciarpelletti está siendo juzgado en un juicio separado por ayudar a Gabriele.
Fuente: Infobae