La Iglesia pidió ayer que no haya «urgencias ni apresuramientos» en el tratamiento de la anunciada reforma del Código Civil y presentó un documento con «reflexiones y aportes» para sumar a la discusión y evitar una aprobación exprés de la iniciativa.
«Es necesario no apresurarse», dijo el presidente del Episcopado y arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, al reclamar «un debate amplio y sereno» del proyecto que impulsa el Gobierno.
Dicha propuesta consagra las figuras de la unión convencional, el divorcio exprés, el alquiler de vientres, las técnicas de fecundación artificial, la inseminación post mórtem y la eliminación del deber de fidelidad en el matrimonio, entre otras normas polémicas.
Los cambios en torno de la familia y del reconocimiento del origen de la persona es lo que más preocupa a los obispos, que dedicaron más de dos jornadas de la 103a. Asamblea Plenaria, que concluirá hoy en Pilar, a analizar el proyecto elaborado por la comisión que preside el titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti.
En una señal de buena disposición al diálogo, el Episcopado hizo llegar a la Presidenta el texto del documento antes de difundirlo a la prensa, a través del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli.
«El anteproyecto de reforma nos sorprendió. Nos llamaron mucho la atención las propuestas referidas a la familia, que tocan los valores y la cultura del país», señaló Arancedo.
El documento
«No todo lo que es técnica o científicamente posible es moralmente aceptable y digno de ser aprobado por la ley», advierten los obispos en el documento, de nueve carillas, en el que admiten aspectos positivos y negativos del anteproyecto.
Valoran, por ejemplo, el desarrollo creciente y la protección jurídica de los derechos humanos, el reconocimiento de derechos personalísimos, la preocupación por proteger la vivienda familiar y los derechos de las comunidades indígenas. Advierten, por el contrario, un excesivo «reglamentarismo», en relación con las asociaciones civiles, y una «ideología individualista» en materia de la persona humana y la familia.
Los obispos ratifican que la vida humana comienza desde el momento de la concepción y consideran, al respecto, que el anteproyecto introduce una «discriminación injusta» pues les niega la condición de persona a los seres humanos concebidos fuera del seno materno.
Cuestionan la «equiparación casi absoluta entre el matrimonio y la llamada «unión convencional»» y afirman, en contraposición con el anteproyecto, que los niños concebidos por técnicas de fecundación artificial «tienen derecho a la identidad y a conocer a sus padres».
También objetan el concepto de «voluntad procreacional» y sostienen que «no hay un reclamo social por la maternidad subrogada», un eufemismo que se usa para proponer la regulación del «alquiler de vientres». Dicha figura, afirma la Iglesia, «degrada a la mujer gestante».
El documento aprobado por los obispos fue redactado por el Equipo para la Vida, constituido para el tratamiento de estos temas y que reporta a la comisión ejecutiva del Episcopado. Lo integran Arancedo y los obispos Carlos Malfa (Chascomús) y Agustín Radrizzani (Mercedes-Luján), con el asesoramiento de abogados y especialistas que trabajan en comisiones episcopales, coordinados por el padre Andrés Tello.
Arancedo dijo que la Iglesia está dispuesta a hacer llegar sus aportes a los legisladores y sectores políticos que tratarán el proyecto, ofreciéndose a ir personalmente al Congreso o recibirlos en el Episcopado.
Apoyados en la experiencia de casos recientes, en los que el Gobierno logró un amplio respaldo y minimizó la riqueza del debate, existe entre los obispos el temor de que en el oficialismo pretendan impulsar un tratamiento acelerado de la reforma del Código Civil, con el argumento de que el tema habría sido ya debatido en la comisión.
Para evitar ese escenario, la Iglesia hizo llegar sus aportes y el reclamo de un intenso debate, frente a la llamativa quietud que exhiben instituciones del campo jurídico que aún no se han pronunciado..
Fuente: La Nación