La muerte de Mariano Ferreyra en manos de patotas sindicales ligadas a sindicalistas que responden a Hugo Moyano y al kirchnerismo, abrió un frente de enorme debilidad en la administración K. Por qué el desconcierto y el desorden reinan dentro de la plana mayor del gobierno, y el avance en la tercerización de la represión en Argentina.
El asesinato de Mariano Ferreyra, un chico de apenas 23 años militante del Partido Obrero, por parte de patotas sindicales vinculadas a la burocracia de la Unión Ferroviaria que dirige Oscar Pedraza, uno de los históricos “Gordos” con fuerte llegada a Hugo Moyano y al ex presidente Néstor Kirchner, ha puesto a la administración kirchnerista contra las cuerdas y poniendo en riesgo la estrategia pergeñada desde las más altas autoridades oficiales de continuar en el poder más allá del 2011.
El estado de crisis en el que se encuentra hoy en día el kirchnerismo, quedó de manifiesto en el tiempo que se tardó desde el gobierno en hablar luego del asesinato de Mariano, y en la campaña que se orquestó desde los medios amigos de querer involucrar en una forma burda al ex presidente Eduardo Duhalde en el entramado de un crimen que tiene que ver con las viejas prácticas de un sindicalismo burocrático que es protegido desde un Estado nacional que con sus leyes, apoya todo un aparato que tiende al unicato sindical en el país.
Es tan alto el grado de desconcierto que reina en lo más alto de la tropa K, que se están esperando en lo más bajo de la militancia con ansias prontas decisiones para saber cómo hay que reaccionar ante este grave traspié que sufrió la estrategia del gobierno de no reprimir la protesta social, y que ha terminado con la muerte de un joven militante de izquierda, y una mujer de 56 años, como lo es Elsa Rodríguez, en una estado de gravedad extrema y al borde al muerte.
La complicidad en el crimen de Mariano de allegados al kirchnerismo es innegable, y más allá de los intentos comunicacionales del gobierno para desligar al matrimonio presidencial del mismo, y lo que puede verse en el Ejecutivo es un caos que somete al oficialismo a una crisis terminal a menos de un año para las elecciones presidenciales, y que le hace perder el voto del principal electorado que ha sostenido históricamente al kirchnerismo, como es el de la clase media progresista.
A pesar del discurso que se viene dando desde el poder de que no se contesta con represión la protesta social, lo que se viene observando a partir de mayo del 2003, es una brutal criminalización y judicialización de la misma, como ya se ha visto con la lucha ambiental que lleva adelante la Asamblea Ciudadana de Gualeguaychú o el pueblo de Andalgalá en defensa de la vida y en contra de la minería a cielo abierto.
Pero lo que más llama la atención es el apoyo que se ha dado desde el gobierno a la virtual tercerización de la represión que se viene viviendo en el país, y que se cobró la vida de Ferreyra la semana pasada, y que por obra del destino no hizo que se llevara la vida de más inocentes en las luchas que llevaron adelante los empleados del Subte, del Hospital Frances, de Kraft o los empleados de choferes de micros de larga distancia que no responden a la Unión Tranviario Automotor (UTA).
Ya no quedan dudas para toda la clase dirigente, tanto oficialista como opositora, que las balas de las patotas que mataron a Mariano en la fatídica mañana de Barracas, no hacían más que defender el turbio negociado de la tercerización, que une a empresarios, a importantes funcionarios del gobierno y a los sindicalistas más poderosos del país, que se unieron todos en un negocio de cientos de miles de pesos mensuales, que son el reflejo de las privatizaciones menemistas que dejaron trabajadores cada vez más pobres, y empresarios y sindicalistas cada día más poderosos y millonarios.
La nueva moda dentro de la política nacional sería avanzar en un proceso de tercerización de la represión, “bancando” a patotas que amedrentan y amenazan a líderes opositores, tanto en los sindicatos como en cualquier otro aspecto de la vida diaria, que no hacen más que meter miedo y poner en prácticas las viejas técnicas aprendidas durante los años oscuros de la última dictadura militar, y que ya parecían olvidados para el pueblo argentino.
Mientras en el país se continúe atacando las consecuencias de años de decadencia, en vez de las causas de las mismas, la Argentina parece no tener un futuro cargado de certidumbre y confiabilidad. Si desde la Justicia y el poder político, se fomenta la impunidad para los que cometen delitos como el asesinato a mansalva de Mariano Ferreyra, la delincuencia seguirá creciendo, ya que ante la inmunidad que se les da desde el poder, los violentos ganan terreno y la sociedad vive sumergida en el miedo, la injusticia y la desesperanza.
La mayoría de estos casos tiene un denominador en común, que es la falta de respuestas que suelen tener los familiares de las víctimas de la Justicia y el poder político, que más allá de algunas declaraciones de paso ante los medios de comunicación, no hacen nada para cambiar de cuajo esta situación, sino que dejan hacer a sus fuerzas de seguridad, con el consabido resultado que hemos detallado.
Un tema lamentable que hace reflexionar a la sociedad entera sobre la necesidad imperiosa de que se produzcan cambios drásticos en el accionar de los sindicatos y partidos políticos del país, para que hechos como la muerte de Mariano no sigan existiendo, para que de esa manera la sociedad comience a transitar un camino de paz y armonía, que por estos días se encuentra totalmente ausentes.
Fuente: www.agenciacna.com