En una semana, CFK multiplicó los focos de conflicto

Por Carlos Tórtora para el Informador Público

La reinstalación de CFK en el poder, que coincide con el inicio del año político, está marcada por la voluntad del gobierno de profundizar los conflictos existentes e incluso crear nuevos focos de discordia. Sobre esto último, la instalación mediática de la reforma constitucional es una decisión que agudiza la polarización de la sociedad entre cristinistas y anticristinistas. Atrás quedaron las moderadas afirmaciones de CFK durante la última campaña electoral, anticipando que éstos serían sus últimos cuatro años en el poder. Para el frente interno peronista, la frase de Diana Conti poniendo en un pie de igualdad a la presidente con Juan Domingo Perón estaría siendo receptada como un agravio.

Por otra parte, la forma en la cual el gobierno intenta llevar adelante la malvinización de su política exterior tiene el mismo signo. Si bien la designación de un embajador en Londres luego de cuatro años es una decisión lógica, el envío de una activista chavista como Alicia Castro anticipa que la intención verdadera no es buscar el diálogo sino montar un show mediático que sin duda fortalecerá a los halcones ingleses.
En el plano económico, Guillermo Moreno es ahora un verdadero zar de la economía. Pero su profundización del freno a las importaciones está teniendo efectos colaterales y amenaza con llevarse puesto a uno de los aliados más valiosos de la Casa Rosada, el presidente de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, Éste apostó a la racionalidad política suponiendo que el gobierno privilegiaría el respaldo de la UIA y postergaría la aplicación del nuevo régimen de autorización previa de importaciones. Se equivocó, porque al cristinismo no le interesan demasiado las alianzas y prefiere la subordinación incondicional. Lo cierto es que ahora De Mendiguren se desinfla bajo el fuego amigo de COPAL (Coordinadora de Productos Alimenticios) y ADEFA (Asociación de Fábrica de Automotores), que le recuerdan que su rol es la defensa de los intereses empresarios ante el gobierno y no al revés.

Hugo Moyano, por su parte, no quiere verse en el espejo del presidente de la UIA y así es que no muestra señales de conciliación. Al contrario, su última aparición pública es ya el prólogo de un plan de lucha contra el tope salarial que intenta el gobierno. El jefe de la CGT conoce como pocos al entorno presidencial y sabe que su única chance de no perder poder es hacer lo mismo que su adversario, o sea, no ceder un centímetro.
El caso Scioli

De este modo, se esfuman todas las especulaciones que se realizaron el año pasado en torno a un giro de CFK hacia la racionalidad económica y la moderación política. La única lógica política del oficialismo parece pasar por la concentración absoluta del poder, sin negociar siquiera con sus propios aliados, como lo muestra el ejemplo de la UIA. Durante febrero habrá también señales sobre otro frente de batalla que complace al cristinismo: el intento por erosionar sistemáticamente la autoridad de Daniel Scioli. En este punto otra vez la lógica de la política clásica colisionaría con el estilo K. Ante semejante tembladeral de conflictos socioeconómicos, sería razonable pensar que ningún gobierno abriría un frente de conflicto más, atacando al gobernador del primer estado argentino. Sin embargo, en este caso puede prevalecer el razonamiento inverso. Esto es, hay que golpear la imagen de Scioli cuanto antes para que no esté en condiciones de realizar nuevos gestos de autonomía, como el de días atrás opinando en contra del alejamiento de Moyano de la conducción del PJ nacional.

Por Carlos Tórtora