El ejército fue disuelto a mediados de la década de 1990 debido a su papel en los golpes de estado y su historia de violaciones de los derechos del pueblo.
Desde entonces Haití ha confiado su seguridad en una fuerza de las Naciones Unidas (Minustah, por sus siglas en inglés) y una fuerza policial insuficiente.
La reconstrucción del ejército fue una de las promesas electorales del presidente Michel Martelly, quien sostiene que ayudará a lidiar con desastres naturales, así como a proteger el territorio haitiano.
Diplomáticos occidentales afirman que Haití no se puede dar el lujo de tener un ejército profesional.
Se esperaba que el presidente Martelly restaurara al ejército por decreto, pero en cambio estableció una comisión para estudiar el asunto.
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