El asesino tardó seis minutos en matar a las tres mujeres y a la nena

Así lo aseguró el fiscal del caso, quien tiene 15 días para reconstruir la mecánica del homicidio múltiple y conseguir pruebas para pedir la prisión preventiva del único detenido. Analizan una carta rota hallada en la casa del acusado.

El asesino tardó seis minutos en matar a las tres mujeres y a la nena de once años. Así lo afirmó ayer el fiscal del caso Álvaro Garganta, luego de inspeccionar el departamento 5 del PH de la calle 28 al 400. La medida la dispuso con el fin de que los peritos levantaran las últimas huellas que pudieron haber quedado en la escena del crimen y así reconstruir cómo ocurrió el cuádruple homicidio.
“Mi misión es recolectar pruebas sobre lo que uno va viendo, no tengo posición definitiva tomada, buscamos pruebas de manera objetiva para terminar de complementar la etapa investigatoria”, dijo Garganta. El fiscal tiene unos 15 días para solicitar el procesamiento con prisión preventiva del único acusado al juez de Garantías Guillermo Atencio. Por eso, en estas dos semanas deberá conseguir la mayor cantidad de pruebas posibles y establecer cómo fue la mecánica del crimen.
Por el momento se sabe que Bárbara Santos, Susana de Barttole, Micaela Galle Santos y Marisol Pereyra, fueron asesinadas alrededor de las 0:30 del domingo último. El asesino actuó por una “explosión de ira”, de manera secuencial y en no más de seis minutos. Una posibilidad es que las primeras víctimas fueron Pereyra y la mamá de Santos. Sus cuerpos aparecieron en la cocina del departamento. Luego, con una saña brutal, apuñaló a la nena de once años en su cuarto. Micaela intentó llamar desde un celular a su padre pero no pudo comunicarse. La última fue Bárbara Santos. La joven de 29 años se estaba duchando cuando el asesino apuñalaba y golpeaba a su madre, a su hija y a su amiga. A ella la sorprendió en el baño. Hubo un forcejeo pero el atacante la doblegó. Agonizando, la chica logró arrastrarse hasta el living donde finalmente murió.
Los investigadores revelaron que el asesino se lavó las manos, dejó la cuchilla y el palo de amazar que utilizó para masacrar a las mujeres y escapó, dejando huellas ensangrentadas en el pasillo que conecta al departamento con la calle.
La otra posibilidad es que haya matado a Barttole, Micaela y Bárbara, y que a Pereyra la asesinó última. En esa línea de investigación es clave el testimonio del remisero que llevó a la joven hasta la casa de su amiga (ver recuadro).
El único sospechoso es el novio de Bárbara, el karateca Osvaldo Martínez, detenido desde el domingo al mediodía. El acusado declaró el lunes ante el fiscal y negó los cargos en su contra. Dijo que esa noche se quedó solo en su casa viendo una película y que luego se durmió. Pero los testigos no le juegan a favor. Más allá de los dichos del remisero, sus vecinos dicen que esa noche salió y que volvió muy alterado a su casa cerca de las 2 de la madrugada. Mientras que vecinos de las víctimas contaron que vieron cerca del PH a la hora de la masacre un Fiat Uno blanco como el que conducía Martínez.
Unos rasguños y moretones en sus brazos también lo complican. El fiscal cree que esas marcas fueron provocadas por las víctimas cuando intentaron defenderse. Pero el imputado explicó que el moretón se lo hicieron cuando le sacaron sangre y los rasguños se los hizo su perro. Si bien Garganta ayer sostuvo que “no es fácil reducir y matar a cuatro personas de una vez sin que haya signos de mucha defensa”, la principal hipótesis es que Martínez actuó solo en un ataque de furia. Su contextura física y su experiencia como cinturón negro de karate hacen posible esa hipótesis.
Además de las pruebas e indicios en su contra, el fiscal también tiene un móvil: que mató a su novia por celos y a las otras tres para que no quedaran testigos. Allegados a la pareja dijeron que él era muy celoso, violento y muy controlador. Ante eso, Martínez respondió que amaba a Bárbara y que era celoso pero como cualquiera puede serlo.

LAS CARTAS. Los investigadores analizaban ayer una serie de cartas que fueron encontradas rotas en un cesto de la casa del acusado, en las cuales le escribió a su novia que no podía vivir sin ella.
El fiscal intenta determinar si Martínez rompió esas cartas luego de cometer la masacre. Según fuentes policiales, esos trozos de papel fueron secuestrados por los detectives de la DDI de La Plata el mismo domingo durante el allanamiento de urgencia en su casa de la calle 156, de Melchor Romero.

Informe: Enrique Quarleri y Federico Trofelli.

Fuente: Tiempo El Argentino