Por Fayçal Baatout (AFP)-DOHA — El ministro de Relaciones Exteriores sirio, Walid al Mualem, partió este lunes de Qatar sin dar una respuesta al plan de la Liga Árabe para detener la violencia en Siria, donde la OTAN descarta intervenir militarmente.
El plan árabe prevé el «cese inmediato» de la violencia y la «retirada de los tanques» para «transmitir un mensaje tranquilizador a la calle siria», explicó a la AFP el jefe de la organización, Nabil al Arabi.
Pero sobre el terreno, las fuerzas de seguridad sirias continuaron con su sangrienta represión, matando a siete civiles y a un desertor del ejército.
El plan árabe también estipula «el inicio en El Cairo de un diálogo nacional entre todos los componentes de la oposición y el régimen», aclaró Arabi, que partió de Qatar por la tarde, según un miembro de su delegación.
La delegación siria también se fue de Doha «sin proporcionar una respuesta» al plan árabe, según la cadena de televisión por satélite Al Jazeera radicada en Qatar.
En una declaración publicada por el diario The Daily Telegraph, Asad, confrontado desde hace más de siete meses a una revuelta, cuestionó la representatividad del Consejo Nacional Sirio, que congrega a buena parte de la oposición.
«No voy a perder mi tiempo hablando con ellos. No los conozco, más vale investigar para saber si representan realmente a los sirios», dijo.
El domingo ya había advertido que una intervención occidental en su país provocaría un «terremoto» en Oriente Medio.
El jefe de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, aseguró este lunes que una intervención militar de la Alianza en el país estaba «completamente descartada».
«No tenemos ninguna intención de intervenir en Siria», afirmó en el avión que lo transportaba a Libia, aunque condenó «firmemente» la represión contra los civiles.
Sobre el terreno murieron siete civiles, un día después del fallecimiento de otros tantos en la dispersión de manifestaciones que pedían a la Liga Árabe la suspensión de la adhesión de Siria.
Cinco murieron al ser alcanzados por balas en Homs (centro), uno de los focos de la contestación popular, uno en Harasta, cerca de Damasco, y otro, así como un soldado desertor, en la provincia de Hama (norte), según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), una ONG con sede en el Reino Unido.
Decenas de estudiantes desfilaron en la universidad de Qalamun, en la provincia de Damasco, para pedir la renuncia del presidente sirio, y en la de Deraa (sur), donde las fuerzas de seguridad dispararon con balas reales y efectuaron detenciones, según la misma fuente.
El régimen sirio, que atribuye la violencia a «bandas terroristas», reprime las protestas sin dar tregua. Más de 3.000 personas han muerto desde el 15 de marzo, según la ONU.
La insurrección popular intenta transformarse en conflicto armado con la multiplicación de enfrentamientos entre soldados, miembros de las fuerzas de seguridad y desertores, que causaron decenas de muertos durante los últimos días.
Entretanto, en Damasco, un comité nacional comenzó a «elaborar un proyecto de nueva Constitución para Siria», según la agencia oficial Sana,.
La elaboración de una nueva Constitución era una de las principales reivindicaciones de la oposición al comienzo de la revuelta el 15 de marzo, pero ahora exige la renuncia de Asad.