“El poder sin límites, es un frenesí que arruina su propia autoridad”
Fenelón (1651-1715)
Aumentar la falta de consensos y mitigar las voces de diálogo con las fuerzas opositoras, parece ser el camino elegido por el kirchnerismo para abordar el proceso de “cristinización” del gobierno nacional. Por qué la senda adoptada por el oficialismo puede llegar a encaminarse a un callejón sin salida, y las razones por las cuales el oficialismo hace oídos sordos a la demanda de la gente de cambiar el modo de hacer política en la Argentina.
Hay un dicho popular que dice que “por grande que sea el puesto, hay que mostrar que es mayor la persona”. El gobierno nacional tendría que escuchar las verdades populares y entender que aunque se tenga todo el poder, no se puede estar todo el tiempo en un estado de constante confrontación sin escuchar lo que dice y piensa el otro, porque sino se puede entrar en un período de división del país que no beneficia a nadie.
Tal cual es su costumbre desde su asunción allá por el 25 de mayo del año 2003, el oficialismo se ha embarcado en discusiones y peleas con todos aquellos que piensan diferente a ellos, rondando en muchas ocasiones en el rencor y el resentimiento.
Al rodearse de cortesanos que sólo dicen lo que el jefe quiere escuchar, el gobierno demuestra una profunda carencia de inteligencia de la forma en que hay que gobernar un país, así como también una terrible falta de respeto hacia el ciudadano común, que en su gran mayoría lo votó en las pasadas elecciones para que resuelva los problemas de la Argentina y no para que los niegue y los oculte.
A lo largo de la historia la mayoría de los líderes mundiales han tendido ha rodearse de gente que sólo hace y dice lo que quieren escuchar, y sólo aquellos que han sabido mantener esta distancia y abrazarse de personas capaces y preparadas, han sido los que se han convertido en estadistas y han pasado a la historia como los grandes personajes de sus países.
En su búsqueda por intentar conseguir grandeza, el gobierno cayó en la mayor parte de las ocasiones en la pedantería, la soberbia y la altanería de creerse que tenía la suma del poder y que no necesitaba delegar en otras personas lo que estaban seguros que podían realizar ellos mismos.
La muerte el año pasado del expresidente Néstor Kirchner parecía abrir un cambio en el manejo del gobierno, pero la necesidad de abarcar todo y no dejar nada a su paso que tiene el kirchnerismo más duro para los próximos pasos a seguir por parte de la administración nacional, la sumerge en un torbellino el cual lo puede llevar a chocarse otra vez contra la pared, tal como le sucedió con el conflicto con el sector agropecuario y las elecciones del 2009.
El verdadero líder y estadista, es aquel que tiene una visión de pensamiento y de la realidad abarcativo y que sabe escuchar al otro, que no impone sino que persuade a través de la palabra y la veracidad de sus argumentos. Si el kirchnerismo quiere pasar a la historia y no quedarse en el estado actual en que se encuentra en su relación con la sociedad, debe ampliar las dimensiones de su visión de la realidad y aceptar otras opiniones, porque sino nunca alcanzarán la grandeza de los grandes líderes de la historia universal, sino que pasarán sin pena ni gloria por la historia de nuestro país.
La sabiduría vulgar tiene sus frases que sirve claramente para graficar momentos y situaciones particulares de un país, y una frase que serviría para mostrar la realidad del kirchnerismo en estos momentos, sería que “la negación es el argumento favorito de la ignorancia”.
La falta de autocrítica esgrimida por el gobierno nacional no le hace bien al gobierno, que queda ante la sociedad como estar sumergido en un estado de profunda soberbia, de creerse los únicos dueños de la verdad y que son ellos los únicos capacitados para sacar al país delante de la situación en que se encuentra, y que los demás, los que critican, no saben nada y no tienen soluciones para los problemas diarios de los argentinos.
El kirchnerismo recompuso su relación con la sociedad, pero esa recomposición vino de parte de un “veranito económico” que ha servido para que la clase Media obtenga un mayor poder de compra, lo que ha llevado a que el sector más díscolo del pensamiento oficial vuelva al lugar del que se había ido luego del conflicto rural en 2008.
Pero lo que no ha hecho bajo ningún concepto el oficialismo, es una recomposición de la relación a través de una profunda autocrítica sobre su accionar a lo largo de estos últimos años, acción que aún hoy es nula. Mientras no se haga esta repensar interno y esta revisión imperiosa que el gobierno necesita puertas adentro, se le hará muy difícil mantener este vínculo actual en el futuro cercano, complicando sus chances de mantenerse muchos años más en el poder, tal como plantean sus mentes más entusiastas.
La Argentina merece dirigentes serios que encaren de verdad los hechos que suceden sin que se mida políticamente cada uno de estos actos, esa es la grandeza que hoy en día nuestro país necesita para salir adelante. Ojalá el oficialismo y toda la clase dirigente esté a la altura de las circunstancias, sólo así la Argentina podrá volver a tener el brillo que supo tener en otras épocas.
Fuente: www.agenciacna.com