El gobernante asiste a ceremonia religiosa para agradecer la operación de rescate. El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, asistió a una misa oficiada ayer como parte de diversos actos organizados por las autoridades con motivo del primer aniversario de una sublevación policial contra su gobierno, quien asegura fue un fallido intento por derrocarlo.
Correa y varios de sus ministros asistieron a una misa en la catedral metropolitana, en medio de una fuerte custodia militar, para recordar a una decena de fallecidos el 30 de septiembre de 2010 durante la rebelión de agentes del principal cuartel policial en Quito.
Hace un año, los uniformados protestaban contra la eliminación de beneficios salariales cuando Correa irrumpió en el cuartel donde fue atrapado por los sublevados y se refugió en un cercano hospital de esa institución, donde quedó retenido por casi 11 horas.
Fue rescatado por un operativo militar en medio del cruce de fuego en el que murieron policías, civiles y militares.
El presidente reiteró ayer que en 2010 hubo un intento de golpe de Estado y dijo tener “indicios de que esto ya estaba preparado”.
Por su parte, el asambleísta Cléver Jiménez, del opositor Movimiento Pachakutik, dijo que ésta fecha es “otra página oscura en la historia nacional” y acusó como “principal responsable” a Correa, porque a su juicio no actuó “con responsabilidad, antes, en ese día y después de los hechos”.
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