1 DE CADA 3 EMPLEOS EN EL SECTOR PRIVADO NO ESTÁ REGISTRADO

El fuerte crecimiento de los empleos registrados en el sector privado se detuvo en el año 2008, al punto que el INDEC recientemente reportó 8 trimestres seguidos con la incidencia del empleo no registrado estabilizada en el entorno del 36%. Esto pone en evidencia que uno de los pilares en que se sustentó la generación de empleos “en blanco” fue la fuerte licuación de costos laborales que produjo la megadevaluación. En la medida que los salarios recuperaron el nivel que tenían antes de la crisis del año 2002, se explicita que para avanzar en la disminución de la informalidad es imprescindible reformas en materia laboral e impositiva.

La informalidad laboral es un fenómeno que se integra por una multiplicidad de modalidades. Incluye, por un lado, una gran cantidad de personas (aproximadamente el 25% del total de ocupados) que desarrolla actividades no asalariadas, como cuentapropistas, que en la mayoría de los casos lo hacen sin cumplir con las normas tributarias y de la seguridad social. Por otro lado, aparecen las contrataciones que realizan las empresas por fuera de la normativa laboral. Finalmente, la informalidad se integra por contrataciones irregulares en el sector público, servicio doméstico, planes de empleo y trabajadores sin salario.

Recientemente el INDEC ha publicado las bases de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondientes al 1º y 2º trimestres del 2010. Con esta fuente disponible se puede desagregar la información y concentrar la atención en las contrataciones irregulares que realizan las empresas privadas. Considerando el período para el cual se cuenta con información comparable, que proviene de la nueva EPH continua, aparecen las siguientes tendencias:

· En el año 2004, la tasa de empleo asalariado no registrado en empresas del sector privado superaba el 45% del empleo total.

· Entre los años 2004 y el 2008 la registración aumenta en casi 10 puntos porcentuales, llegando la incidencia el empleo no registrado a menos del 37% del empleo total.

· Entre el segundo trimestre del año 2008 y el segundo trimestre del año 2010 la tasa de empleo asalariado no registrado se mantuvo oscilante en el entorno del 36%.

Los datos oficiales muestran una acelerada mejora en la calidad de los empleos entre los años 2004 y 2008. Pero la misma fuente señala que este proceso está detenido desde hace 2 años. Si bien hay oscilaciones entre trimestres, la tendencia es claramente hacia una estabilización en la proporción de los empleos que se generan en las empresas privadas por fuera de la normativa vigente.

Para interpretar estas tendencias hay que considerar que la masiva generación de empleos “en blanco” a partir de la salida de la crisis del año 2002 se sustentó en la combinación de alto crecimiento en la producción con una fuerte licuación de costos laborales asociada a la megadevaluación. Resulta muy ilustrativo en tal sentido que el INDEC reporte una caída de los costos laborales del orden del 45% luego de la devaluación. En este contexto, la novedad en los últimos trimestres es que si bien la economía ha retomado la senda de la expansión, la recuperación de los salarios ha llevado los costos laborales a niveles parecidos a los que había antes de la devaluación. Sin costos laborales licuados, la incidencia del empleo no registrado ha tendido a estabilizarse en el entorno del 36%, aun cuando la economía muestra dinamismo. La buena noticia de que los salarios recuperaron el poder de compra, viene asociada con la explicitación de que la informalidad laboral tiene un carácter estructural.

Más de la mitad (55%) de la informalidad laboral en el sector privado es generada en emprendimientos con menos de 5 trabajadores. Otro 20% en empresas con entre 6 y 10 trabajadores y un 10% adicional en empresas con entre 11 y 25 trabajadores. Es decir, el 85% de los asalariados no registrados trabaja en empresas con menos de 25 trabadores. Sin negar que el fenómeno de la informalidad responde a una multiplicidad de factores, es muy sugerente la clara asociación entre niveles de incumplimiento de las normas y las restringidas capacidades financiera y administrativa de los pequeños empleadores.

La experiencia muestra que impulsar la generación de empleo en base a licuar salarios, como ocurrió hasta el año 2008, es un mecanismo no sostenible. Planteado en otros términos, se acumulan las evidencias de que sólo con cambios estructurales en el sistema impositivo y laboral se podrá aumentar y mejorar de manera sustentable el empleo.