No sabían si vivía, si estaba en el país y algunos hasta creían que podía haberse quitado la vida, como ocurrió con tantos otros. Sin embargo, el ex combatiente de Malvinas Francisco Fherenbacher estaba vivo. Desaparecido de todo registro, con ambos padres fallecidos, no cobraba pensión ni tenía la obra social de veterano. Casi como un ermitaño, habitaba en una vivienda familiar en medio del campo, sin agua potable, sin empleo, en malas condiciones de salud y con un tratamiento psiquiátrico ambulatorio. Lo encontraron los ex soldados del Centro de Veteranos de Guerra de Concordia, Entre Ríos, cuando fueron el 26 de mayo a una escuela de la localidad de La Criolla, para ponerle el nombre de un ex combatiente a un aula.
“Preguntamos si había un veterano en el pueblo y una vecina que trabaja en la escuela nos dijo que conocía a uno, pero buscábamos su nombre por Internet y no aparecía”, contó a Tiempo Argentino Guillermo Pérez, presidente del Centro. Cuatro días después, Pérez y los antiguos marinos del destructor ARA Comodoro Py se reencontraron su compañero.
Fherenbacher era cabo 1º. Se desempeñó como maquinista en el Py durante el conflicto de 1982.
Según se explicó desde la Armada, fue dado de baja en 1983 y se le perdió el rastro. Por esta razón, la Ley de Beneficios a ex Combatientes, sancionada al año siguiente, lo excluía de percibir pensión –lo que fue modificado recién en 2005–, y por lo tanto, no se presentó. Durante años, sus propios compañeros lo dieron por desaparecido o incluso muerto. Los hijos que tuvo tras la guerra se distanciaron y Fherenbacher se recluyó en la casaquinta hoy semiderruida de sus padres, ambos de origen alemán. La vecina más próxima vive a unos cinco kilómetros y fue quien condujo a los ex combatientes hasta el cabo perdido, que hoy tiene 57 años.
Fuente: El Argentino