El Ejecutivo rechazó realizar el encuentro en Brasilia y propuso realizarlo en Foz de Iguazú. Además, exigió el fin de las restricciones.
Un nuevo giro tomó la crisis bilateral que envuelve a la Argentina y Brasil por la «guerra» de licencias no automáticas.
El conflicto estalló el jueves, cuando el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff anunció que implementaría este procedimiento en la importación de vehículos, entre ellos los de origen argentino (para conocer el conflicto en profundidad, haga clic aquí).
Esto provocó que más de 2.600 vehículos quedaran varados en la frontera con Brasil, lo que generó un profundo malestar entre los industriales y funcionarios locales, dado que este sector es clave y estratégico en la canasta exportadora argentina hacia ese país.
Acto seguido, la ministra de Industria, Débora Giorgi, envió una extensa carta al ministro de Desarrollo de Brasil, Fernando Pimentel.
En la misiva, la funcionaria le exigió al Gobierno de Rousseff dar marcha atrás con esta medida y rever las políticas comerciales bilaterales.
En uno de los pasajes, la ministra le explicó que «sólo una relación bilateral que genere una dinámica industrial equilibrada podrá ser sustentable. En esto, Señor Ministro, no se obtuvieron los resultados que Argentina esperaba».
La ministra hizo hincapié en «los variados problemas que tienen los productos argentinos para acceder al mercado de Brasil, algunos de ellos puntuales y otros de carácter estructural. Respecto a varios de estos problemas, Ud. personalmente se comprometió ante mí a abordarlos a la brevedad y, sin embargo, al día de la fecha en ninguno de ellos hemos encontrado solución a nuestros reclamos».
Frente a esta extensa misiva, Pimentel se limitó a enviarle una nota de sólo dos párrafos.
En la misma, el funcionario invitó a Giorgi a una reunión en Brasilia con fecha a acordar para analizar el conflicto.
La reacción oficial
Frente a esta situación, la ministra mantuvo una larga reunión con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Casa Rosada, donde analizaron los pasos a seguir.
Según confiaron fuentes oficiales a este medio, una vez concluido el encuentro, la ministra se comunicó con Pimentel para hacerle una contrapropuesta: en lugar de Brasilia, el lugar elegido sería más «neutral», Foz de Iguazú, un punto estratégico donde los presidentes de ambos países suelen reunirse para la firma de acuerdos bilaterales.
Sin embargo, el hecho más destacable es que Giorgi le exigió a Pimentel que sólo habría negociación si daban marcha atrás con las restricciones a los autos argentinos.
Frente a esto, el funcionario brasileño pidió 48 horas para responder.
Este es el segundo «ultimátum» que pone en vilo a Brasil y a la Argentina.
Cabe recordar que, horas antes de patear el tablero y frenar el ingreso de vehículos, el gobierno del país vecino le había exigido a su contraparte argentina que levantara todas las restricciones que frenaban a sus productos, dándole plazo hasta el fin de semana bajo amenaza de lanzar represalias.
El punto de inflexión
Tal como destacó este viernes iProfesional.com, el punto que más resaltan los expertos es que, finalmente, se volvió realidad aquella premisa que comenzó a rodar allá por 2010, cuando se rumoreaba que «Dilma no es Lula», en relación al difícil temperamento de la «dama de hierro» brasileña.
«Esto se veía venir. Rousseff no tiene la paciencia que tenía su antecesor y esto es algo que el Gobierno no puede dejar de considerar», alertó el analista y consultor Gustavo Segré.
En la misma línea, Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores (CIRA), aseguró a este medio que «la reacción de Brasil era totalmente esperable. Nosotros hace mucho tiempo que venimos alertando que, en algún momento, nuestros socios se podían cansar».
«Hasta ahora, siempre que hubo una crisis, se sentaron y acordaron. Realmente sería un error que esta vez no haya soluciones», alertó Segré.
Fuente: iprofesional.com